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Memoria

Memoria

OPINIóN IR

22/05/2020 A A
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Memoria
Estoy convencido de que las mejores ideas son las que se olvidan y es por eso que esta columna semanal nunca brillará en exceso. Durante los días previos a tener que escribirla se me cruzan por la mente ideas que siempre creo que merecen la pena y que nunca apunto, consecuencia de encontrarme hoy ante un folio en blanco con la tinta cargada y la cabeza hueca.

Siento envidia por pocas cosas. Una de ellas es de cómo escriben algunos de mis escritores o periodistas preferidos. La otra es de la buena memoria, seguramente porque una va relacionada con la otra. Soy incapaz de retener en mi cabeza de forma nítida hechos que en su momento me marcaron y que ahora solo borrones bonitos. Mi abuela, con 88 años, podría recordar la ropa que llevaba puesta cada persona con la que se cruzó el día que nació cualquier persona de mi familia, por lo que cada vez estoy más convencido de que voy a escribir lo que ella me cuente, mucho más interesante y fidedigno que lo que yo tenga que contar.

Que me esnorto. Lo cierto es que no me preocupa en exceso esta falta de cabeza que me trae por el camino de la amargura, porque el caso es que la mala memoria tiene pinta de ser un mal endémico de este país, o al menos eso me da a entender lo que estamos viviendo estos últimos días. El país se nos está rajando por la mitad delante de nosotros con la complacencia de todos y la última vez que pasó eso la cosa no terminó demasiado bien. El contexto es el mismo, el de una crisis sin precedentes que además ha dado pie a cubrir las caras en la calle sin tener que dar ninguna explicación. Los actores se mantienen y los políticos les dan alas. ¿Dónde vamos a poner el límite?

Siempre viene bien echar un vistazo atrás y pensar si el camino recorrido tuvo las curvas suficientes como para no repetirlo.
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