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Melodías de las nostalgias

Melodías de las nostalgias

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Toño Morala | 25/06/2019 A A
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Melodías de las nostalgias
Culturas Las cajas de música, ese magnífico y melódico invento, protagonizan la entrega de ‘los lunes de Toño Morala’, que curiosamente llega en martes por aquello de las fiestas de la capital, antes del merecido descanso vacacional
Confieso que jamás hemos tenido en casa en aquellos años una caja de música, si había para comer, ya era más que suficiente; pero no por ello, no tenemos por qué escribir y recordar de mayores, las famosas cajas musicales con distintas melodías, distintos tamaños, colores; unas tenían a cisnes dando vueltas o a una pareja bailando, otras, más simples, solo le dabas a la pequeña manivela, y sonaba una música tirando casi siempre a melancólica y pura nostalgia, a recuerdos de aquellos primeros amores, o simplemente era el regalo de tu madrina o padrino en la primera comunión, para que les recordaras siempre; algunas, también eran a la vez caja de música y joyero, o tenía algún resorte y se abría una especie de escondite para meter alguna pequeña carta, una flor seca, o simplemente, una hoja de sauce pequeña, que la habías recogido en el fugaz otoño de aquellos tiempos. Tengo también que confesar, que este pequeño recuerdo sobre estas cajitas de música, se lo debo a mi mujer, que tiene dos con una riqueza de memoria y nostalgia, que cada vez que las pone, llora más que las lágrimas; fueron regalos de cuando era niña de una tía suya ya fallecida y de un tío allegado. Una es un piano blanco que se abre la tapa y suena una melodía que dice ella, que de niña, estaba siempre escuchando en su habitación, y la otra, es un poco más alegre, y según suena la música, a la vez, dos cisnes dan vueltas sin parar hasta que se acaba la cuerda. Qué aparentemente fácil es escribir sobre estas cosinas que tanto llegaron al corazón, y que además, no sé el porqué, se asocian casi siempre a niñas de buenas familias, repipis, y algo arrogantes… pero también, se les regalaba a los niños, y no por ello, pasaba nada. Nosotros, los humanos, como también algunos animales, tenemos la música, -algunos dicen que incluso dentro del vientre de la madre- muy metida en el cerebro y en el corazón. Incluso está escrito que nuestros antepasados en la prehistoria, hacían una separación entre la vida y la muerte, y de esa manera en el llamado arte prehistórico, danza y canto se funden como ritos de la vida, mientras que la quietud y el silencio, se asocian a la muerte. Estos primitivos encontraban en la naturaleza y en su propia voz la música… más adelante, también aprendió a crear sonidos con objetos como conchas, troncos, cañas, huesos…

Pero volvamos a las cajitas de música, que antiguamente, y ahora, son quizás, uno de los mejores regalos que podemos hacer cuando queremos sorprender a alguien con algo que sea realmente especial y más, en estos tiempos donde las pantallas mandan, así de claro. Pero si a un niño le regalas una caja de música, seguro que se quedará fascinado tanto por la melodía como si tiene algún objeto o bailarines en movimiento hasta que se acaba la cuerda, y vuelta a empezar. Y si es para un adulto, generalmente mujeres, las hay con joyero, que según la abren para coger algún collar o anillo, suena un ‘Bésame mucho’ salido como arte de magia, y le vendrán recuerdos y nostalgias de días pasados de felicidad, y también alguno de tristeza; la vida es así, y así hay que tomarla, como venga. Y si uno es un manitas, puede hacer la caja de música uno mismo… no hace falta hacer planos ni ser ingeniero mecánico. Teniendo el mecanismo musical que puedes comprarlo, o bien por internet, o bien en bazares y jugueterías, el siguiente paso es conseguir una caja, vale la de zapatos, o de madera reciclada, algo de pintura y alguna cinta, así como le puedes añadir un lazo; por dentro te lo montas con alguna tela bonita pegada… haces un pequeño agujero para la cuerda o manivela, pegas el mecanismo musical, haces unas separaciones de cartón o madera para que sirva para meter cosas, y, aparte de ser un artista a los ojos de los demás, les asombrará lo peculiar del regalo.

Los mecanismos para las cajas de música los hay de varios tipos, pero los más vendidos son los de manivela, donde la música sonará siempre y cuando se gire la manivela en el sentido de las manecillas del reloj. En el momento que se detenga el giro, el mecanismo dejará de sonar. La duración máxima del fragmento de la melodía es de 20 segundos. Y el de cuerda, donde la música sonará una vez se haya accionado la cuerda del mecanismo y/o se abra la tapa de la caja. Funciona como la cuerda de un reloj: se gira una manivela aproximadamente 2 vueltas completas y se suelta, accionándose automáticamente el mecanismo y sonando hasta que se termina la cuerda o se cierra la tapa de la caja. En algunas, el mecanismo funciona con tiras de papel perforadas, las cuales hay que meter una y otra vez si quieres que la melodía suene continuamente. También se puede adquirir un mecanismo de cilindro que va girando para hacer vibrar a una especie de peine, que es el que hace la música y sale de la caja como por arte de magia, y las sonrisas salen solas. Y ya si uno quiere quedar como un elegante y un fuera de serie, puedes componer tú la canción con el nombre de la persona a la que vas a regalar la caja de música, la mandas, y el fabricante te manda la melodía que has inventado; aquí seguro que pillas por lo menos un beso y un abrazo.

Pero hay que escribir algo sobre quién inventó este artilugio musical; hablan las crónicas que ya existían incluso antes del siglo XVIII, pero fue un afamado relojero sueco, un tal Antoine Favre el impulsor de esta melódica y exquisita industria. Fue por allá, en 1815, cuando se asociaron Jérémie Recordon y Samuel Junod, e inauguraron la primera fábrica de este tipo de instrumentos; antes de esa fecha, las cajas eran más bien cajones grandes con artefactos autómatas dotados de cilindros enormes que sonaban, más o menos, como campanas poco sincronizadas. Luego llegó el genio de Edison, y va e inventa el fonógrafo; eso fue en 1877, y ya entonces la sofisticación de las cajas de música evolucionó hasta llegar a tener 50 notas, casi nada para la época. Y ya en el siglo pasado, por los años 20, aparecieron modelos de cajas musicales que reproducían pianos y violines y funcionaba con monedas; cómo van corriendo los acontecimientos monetarios de por medio. Imagino que la soledad y la gran nostalgia y recuerdos, popularizaron la venta de estas cajas de música en la Segunda Guerra Mundial, mucho más pequeñas; cabían en un bolsillo, y tenían menos de 20 notas, y fue tanto el éxito, que pareciera que a través de las cajas de música, las familias y algunos soldados se comunicaban a través de esa música en la distancia, donde la nostalgia y los recuerdos, les servían para llevar algo mejor aquella barbaridad… ¡Ay, las jodidas guerras!... También se llevaron muchas notas musicales de estas cajas de música; y para ir cerrando este viaje por la nostalgia, qué mejor que hacerlo que recordando a los amantes de estos artilugios y que inventaron múltiples maneras de melodías, armonías y mecanismos; enumeramos unos pocos. El ejemplo, quizás, más escuchado, ha sido el de tambor y campana que perfeccionaron Jérémie Recordon y Samuel Junod; su principal ventaja era que tenía la posibilidad de tener dos peines metálicos y dos cilindros. Esto le permitía que la melodía y el acompañamiento sonaran a la vez. Nicole Fréres fue el hombre que metió en un peine que estaba dividido en dos partes, el piano forte, teniendo la posibilidad de producir sonidos agudos y graves. Y qué me pueden contar del Harpe éolienne, parece ser que su nombre proviene de las arpas eólicas. Este prototipo estaba formado por finas cuerdas y cuando el aire atravesaba a través de ellas, producía una melodía digna de admirar. ¡Ah!, pero la mandolina… es el sonido por excelencia… la madre de todas las cajas musicales. Y terminamos con la caja orquesta. Este prototipo estaba formado por un tambor, campanas y castañuelas, y que permitía intercambiar los cilindros. Y hay que dejar de imaginárselo; el próximo regalo que tengan que hacer, qué mejor que el de una caja de música que convierta algo la vida, en ese patrimonio emocional, que tanto necesitamos.
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