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Maturranga de los enfoscados

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12/02/2017 A A
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Maturranga de los enfoscados
A la vista de un fin de semana atorrante de Congresos y sin especial preocupación por lo que realmente importa, el tiempo, en la ruralidad hemos decidido meternos en tema de verdadero calado, que nosotros decimos maturranga: ¿Es de Pepe Navarro el hijo de Pivonne Reyes? ¿Es necesaria la prueba de ADN?

Queremos aportar la metodología de la ruralidad, muy certera en este campo, alcanzando el 101% en casos como el que nos ocupa, resuelto por la «jurisprudencia de la puta casualidad», que no son ganas de hurgar en el pecado, es su nombre científico.

El caso que marcó Jurisprudencia en los años 40 cuando nació un pelirrojo y no había más ‘rosio’ en el pueblo que el señor párroco. Acudió el abuelo, por parte materna claro, ante el Juez de Paz local que sin duda sentenció:«Es del ‘rosio’, y aquí mando que deje prados y tierras para atender a la criatura».

Pero aconsejado por las fuerzas vivas (las demás no eran fuerzas y vivían a duras penas) acudió a estancias superiores en La Vecilla. Hubo jueces, testigos que temblaban más que Barcenas cuando se para el telesilla en lo alto de los Pirineos y Juez con toga que sentenció: «No queda acreditada la paternidad que se solicita». Y le quitó las tierras y prados que le había dado el Tío Quinto, Juez de Paz, presente en el acto para ver cómo funcionaba la gran justicia.

Sabedor el Juez de toga de la presencia de Quinto lo hizo llamar, para preguntarle por su sentencia primera, que le explicó con una pregunta:

– ¿Aquí, en La Vecilla, la puta casualidad vale?
– No, hombre, aquí sólo vale la Ley.
– Entonces tiene razón usted.

Quedó mosqueado el togado e insistió: «¿Me puede explicar lo de la puta casualidad, no lo entiendo?».

– Sí, hombre, que da la puta casualidad que cuando iba un día a ordeñar, tarde porque había tenido asuntos que resolver, encontré en el pajar enfoscados como jatos a la joven madre y al ‘rosio’. Y esto da la puta casualidad que fue nueve meses antes de que naciera el ‘roxín’.

Pues tengo para mí que en este caso alguien sabe en qué pajar andaban enfoscados como jatos. ¡Ay, si valiera!
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