Matías y la UPL

Matías y la UPL

OPINIóN IR

01/05/2022 A A
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Matías y la UPL
Una china en el zapato y un orzuelo en el ojo. Eso es lo que le ha salido a la UPL con la actuación y últimas declaraciones de Matías Llorente, el ‘viceamo’ y muñidor del Palacio de los Guzmanes, quien, en interpretación libre, está dispuesto a pasarse por la bragueta –se lo ha pasado siempre– lo que acuerde la organización leonesista en cuanto al pacto con el PSOE en la Diputación.

La muchachada de Luis Mariano Santos ya está en antecedentes de manera oficial. Llorente y su compi Morán, el ‘presi’ de la institución, seguirán «hasta el final con su acuerdo de gobierno». Y cartucho en el cañón. Y a tomar por el saco. Y es que –según cuentan ellos mismos– se tienen un afecto personal tan acusado, tan puro y casto, que bordea el romance más encendido. ¡Cuánta felicidad! Pero, coño, ¿quién firmó la alianza con los socialistas en presencia del exministro Ábalos –que en paz descanse–, Llorente o el propio Santos? Al del agro se la bufa. A él, que no se ha bajado del caballo en más de treinta años, le van a venir con órdenes y pamplinas los del consejo general unionista. Se la trae al pairo. Y que inciensen con los cataplines.

Allá, por junio de 2019, el águila de Matías se comprometía a acatar las líneas de la UPL –lo manifestaba en público– si era elegido diputado provincial. Sería obediente. Un remanso de paz en el seno de la organización. En enero del año siguiente, seis meses más tarde, ya dejaba ver la patita por debajo de la puerta. Renunciaba a apoyar a la Región Leonesa, explicándolo con una frase muy del sector agrícola y muy de él: «no hay tempero», señalaba. Ni moción leonesista, ni leches en vinagre. Y se quitaba de en medio para disgusto de los ardientes cachorros carmesí, tan confiados en la larga experiencia de Llorente en el salón de plenos de la Diputación. El dato, que poco se valoró, es que había estado veintiocho años apoyando al PSOE en el edificio renacentista de la plaza de San Marcelo, con el que rompió porque le relegaron de la vice portavocía del grupo, en tiempos de Tino Rodríguez como secretario provincial.

¿Y qué hizo Llorente por aquel entonces? Pues tronchar el pacto con los socialistas porque, entendía, la decisión de apartarle de su responsabilidad no se ajustaba a lo convenido. Ahí no le tembló el pulso. A la mierda, señoritos, que es la una. Sin embargo, ahora no le interesa el pedido y está dispuesto a todo. Continuará, por lo tanto, como vicepresidente y se ciscará en lo que le diga la dirección leonesista. No obstante la avería se veía venir tiempo atrás, con tanta mandanga y buenismo de Luis Mariano Santos y sus acólitos más próximos. Aún no han aprendido que en política, como en la selva, hay que morder, no besar.
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