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Matarife y tras la guerra... Juez de Paz

Matarife y tras la guerra... Juez de Paz

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Tista Díez cumplió este sábado un siglo de vida en su casa de Soto y Amío. Ampliar imagen Tista Díez cumplió este sábado un siglo de vida en su casa de Soto y Amío.
Fulgencio Fernández | 28/06/2020 A A
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Matarife y tras la guerra... Juez de Paz
Sociedad El entrañable Tista cumplió este sábado 100 años en su casa de Soto y Amío, de la que sólo salió para ir a la guerra, "claro que se alargó 100 años". Y después de la guerra... pues fue el Juez de Paz
El 27 de junio, a las 10 de la mañana, dice su partida de nacimiento que nació Tista el de Soto y Amío, Bautista Díez Arias, un buen hombre que a las diez de la mañana de un siglo después ya andaba en danza pues el día se presentaba intenso. Y lo fue, rodeado de su familia, homenajeado por su ayuntamiento, visitado por sus vecinos... «Si oyera mejor», lamentaba el centenario, cuyo único problema de salud es la sordera.

Dice su hermana Patro: "Marchó a la guerra siendo un niño y volvió con barba", y es que estuvo 6 años en ellaOcurre con Tista lo que tantas veces se repite con otros centenarios, que ahora no es infrecuente llegar a cien años, pero también se comprueba que las vidas de estas gentes bien merecen un recuerdo y un reconocimiento, ya sea porque cumplen 100 años o porque el Bernesga pasa por La Vid, lo merecen.

Tista nació en Soto y Amío y allí vivió toda su vida. «Bueno, tuvo que salir obligado por la guerra» y su hermana Patro explica que fue demasiado tiempo: «Marchó siendo un niño, en el último reemplazo, y volvió con barba». Y es que se fue con 18 años, regresó y cómo comenzaba a conocerse la presencia de maquis en los montes fue reclutado nuevamente. «Volvió con 24 años, se casó con 25 y no se movió de Soto y Amío», donde había crecido, en una familia de ganaderos que también fue su principal ocupación laboral, aunque no su único oficio».

Y es que Bautista fue un reconocido matarife, acudiendo a las matanzas de numerosos pueblos de la comarca. Recordaba este sábado algunas en casas de Villaceid, «donde se mataban ocho cerdos, eran familias muy grandes».

Y su reconocida bonhomía y buen juicio hicieron que ejerciera durante muchos años como juez de paz del municipio. «De lo que se trata de es llevarse bien y nada más».


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