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"Matar guardias nunca figuró en los códigos del maquis"

"Matar guardias nunca figuró en los códigos del maquis"

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Histórica foto de la creación de la guerrilla galaico leonesa en los montes de Ferradilo en 1942. Ampliar imagen Histórica foto de la creación de la guerrilla galaico leonesa en los montes de Ferradilo en 1942.
Fulgencio Fernández | 27/07/2022 A A
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"Matar guardias nunca figuró en los códigos del maquis"
Historia y memoria Secundino Serrano imparte la única ponencia de la jornada del miércoles (en el MSM, a las 17.30 horas) ya que la mañana está dedicada a recorrer las fortificaciones y restos de la guerra civil en la montaña leonesa. La charla de Serrano estará dedicada al maquis
Es tradición en el curso de verano Historia y Memoria, que se celebra en Cistierna, que la mañana del miércoles esté destinada a recorrer los lugares de la memoria, por lo que el apartado teórico de las ponencias queda reducida a tan solo una, que se celebra a las 17.30 horas en las instalaciones del Museo de Siderurgia y la Minería de Sabero (MSM).

Esta ponencia será impartida por el historiador leonés Secundino Serrano, gran experto y referente nacional en todo lo relacionado con la guerrilla antifranquista, el maquis, al que dedica su exposición bajo el título ‘Represión y contrarrepresión en el franquismo: el maquis’, sobre la que pone en contexto Serrano al recordar que «La ‘Guerra Fría’ y la política de bloques favorecieron la continuidad de la dictadura franquista. Asegurado su régimen, Franco se impuso la tarea de erradicar a la única oposición que se mantenía activa: los maquis. Para aniquilarlos, en 1947 entró en vigor la Ley de 18 de abril sobre la represión de los delitos de bandidaje y terrorismo. Las secuelas de ese edicto fueron devastadoras: se aplicó de manera sistemática la ley de fugas y se impuso una política represiva contra familiares y colaboradores de la guerrilla. Fue un periodo denominado el ‘trienio del terror’ (1947-1949), aunque ya desde mediados de los 40 se habían multiplicado los consejos de guerra contra los partisanos. Unos sumarísimos arbitrarios en su mayoría, ajenos al derecho más elemental».

Se abrió así una lucha sin cuartel contra la resistencia armada, con bandos en los  que se prometía la libertad de quienes se habían echado al monte para librarse de una muerte segura, pero, asegura Serrano, «estas promesas  luego se incumplieron. Los sublevados tuvieron claro desde un primer momento el peligro que representaban para sus retaguardias los miembros del XIV Cuerpo de Ejército Guerrillero y los huidos a título individual. Para solventar ese problema, la contrainsurgencia llevó a cabo una política planificada y de una violencia radical. Los victimarios del bando rebelde tenían garantizada la impunidad: no había límites de ningún tipo para exterminar a los del monte. En determinadas fases del conflilcto, la doctrina que funcionaba era aquella que defendía no hacer prisioneros con el único objetivo de liquidar a quienes impugnaban el régimen con las armas».  

Recuerda Serrano que existe una repetida confusión con la respuesta del maquis a esta situación. «También los guerrilleros llevaron a cabo represalias contras los vencedores. Pero esta contrarrepresión partisana fue de baja intensidad como consecuencia de un conflicto armado asimétrico: un Estado y sus poderes (fuerzas de orden, Ejército, jueces, clero…) frente a guerrilleros aislados en sus montañas» y en contra de lo que se afirma a a veces «matar militares o guardias civiles no figuró en los códigos de los del monte; parece lógico pues el franquismo podía reemplazar sin problemas a los muertos e implementar al mismo tiempo medidas más violentas contra familiares y enlaces de los maquis».
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