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Mártires hay demasiados en la vida

Mártires hay demasiados en la vida

TRIBUNA DE OPINIóN IR

Mercedes Unzeta Gullón | 29/06/2021 A A
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Mártires hay demasiados en la vida
Felicito al señor Gavilanes por sus títulos académicos que expone con orgullo y los que nunca he puesto en cuestión porque no tengo el gusto de conocerle, yo también tengo los míos pero no viene al caso el «y yo más», aunque en cuanto a periodismo, como me da la impresión de que algo pone en cuestión a ese respecto, confieso que tengo el Master de Periodismo de UAM-El País en la primera promoción 1987/88. Cierto que la ironía y el humor están muy bien en los escritos de opinión pero el desacreditar no es ironía, el hacer bromas sobre unos fusilamientos yo entiendo que es más bien mal gusto que ironía. Pero si se trata de ironizar yo también sé poner ironía a mis escritos refiriéndome a las colaboraciones de Gavilanes. La ‘titulitis’ se puso de moda con Cristina Cifuentes y Casado. Estudié antropología como mi amiga y conozco su recorrido.

Jesús de la Serna era hijo de Víctor de la Serna y Espina, el famoso hijo falangista de Concha Espina, y muy cercano al nazismo. Fue mi maestro y amigo. Al señor Gavilanes parece que se la refanfinfla lo que el hijo me dijo de su padre, o el nieto de su abuela, en cuanto a la falsa creencia de que la escritora escribiera ‘Princesas del Martirio m’otivada por sacar de prisión a un hijo preso y menos a su padre. Además cuando se publicó el libro de Concha Espina sobre las Mártires en 1940, Víctor de la Serna ya llevaba más de dos años libre como el viento siendo vocero de Franco en la prensa que dirigía. Es un tanto absurdo el pensar que su madre publicó ese libro para sacarlo de una prisión cuando no existía tal situación. A parte de que como ya he expresado, la escritora utilizó información militar de interrogatorios a partir del octubre de 1937 y esa información no parece muy probable que fuera asequible a la escritora hasta tiempo más tarde. Gavilanes sigue con su biografía de Hedilla, bueno.

No, definitivamente el señor Gavilanes no parece que haya leído lo último escrito sobre el tema de las enfermeras cuando se aferra a los libros que menciona. Estos dan mucha información desde un contexto global de la memoria histórica en Asturias, pero el de Marchante, publicado en el 2006, es la primera aproximación al tema de las enfermeras, tema que después se ha investigado mucho más; Reguero (2011, 2019) tiene una investigación más exhaustiva sobre la represión franquista en la zona minera, Laciana, pero tampoco se centra en las tres enfermeras.

Además de mis investigaciones manejo las que me ha proporcionado y me va proporcionando el investigador Miguel García Bañales, persona muy acreditada en la investigación sobre temas relacionados con la guerra en León, como la Memoria de un exterminio en Valderas, sobre el maestro Gerardo Fernandez, o el general Cabrera a quien consiguió rehabilitar su memoria en el ejército, entre otros estudios.

El señor Gavilanes insinúa cierto descrédito de mi trabajo sobre las enfermeras mártires ahora beatas, porque Pilar era hermana de mi madre, Octavia prima de mi madre y Olga muy amiga, pero esta familiaridad, que como dice con razón me ha servido para acercarme con gran interés al tema, fue un impedimento durante mucho tiempo porque me daba aprensión indagar en una herida de guerra y familiar; y ahora esa familiaridad me ha servido para tener en mis manos los documentos y cartas de ellas de sus últimos días, donde dan cuentan de su vida en el hospitalillo de El Puerto de Somiedo ; y las cartas cruzadas de la intensa búsqueda hasta que se dieron por muertas cuatro meses después. Estos documentos familiares me han permitido ver la parte humana de aquel episodio de la historia de la guerra, pero nada más, como también he visto la parte humana de las milicianas, como expreso en mis escritos. La violencia de una guerra no es humana en absoluto así que es interesante atisbar la porción humana de los acontecimientos.

La cantidad de testigos que sustentan la versión que expongo es suficiente para tener en cuenta sus testimonios, Son testigos directos como ya le he comentado anteriormente pero por alguna razón incomprensible parece que el señor Gavilanes se aferra a sus informantes. Bueno.

Este rifirrafe entre el señor Gavilanes y yo es como aquello de «¿Cómo te llamas? Manzanas traigo». No es cuestión de que yo crea o no crea en el infierno o en el cielo, como apunta el señor Gavilanes, lo que no creo es en que las tres enfermeras hayan hecho algo mucho más especial que otras enfermeras u otras mujeres u otras personas en aquella guerra que nunca debió de existir. Pero la Iglesia, insisto, las quiere poner como modelo para sus fieles, bueno, ese es un tema que dejo a un lado. Me interesa los acontecimientos históricos y éstos han empezado a interesar porque la Iglesia ha movido su versión. Yo no hablo en ningún momento de la Iglesia ni sus motivaciones. No manipulo los hechos, los cuento.

Y cómo veo que el señor Gavilanes cuestiona lo de ‘mártires’ le recuerdo que mártir es aquel que muere por defender una causa, no es exclusivo de la Iglesia. Tan mártires son los que murieron defendiendo la República, como los que murieron creyendo que defendían España, o los que mueren defendiendo cualquier tipo de fe espiritual, o los que sufren acoso en la vida cotidiana… Mártires, seguro, hay muchísimos en la Historia y en la actualidad sin que lleguemos a conocerlos. Yo prefiero no ser mártir.
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