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Marisa, la luchadora silenciosa

Marisa, la luchadora silenciosa

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Su hijo Edgar le entrega a Marisa un reconocimiento del Club en el corro de San Roque del año 2019. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen Su hijo Edgar le entrega a Marisa un reconocimiento del Club en el corro de San Roque del año 2019. | SAÚL ARÉN
Fulgencio Fernández | 30/01/2022 A A
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Marisa, la luchadora silenciosa
Obituario María Luisa Gómez falleció en Boñar con tan solo 50 años después de una larga batalla contra el cáncer en la que mostró su espíritu de luchadora en silencio, como hacía en el club de lucha, que tanto le debe
Muchas veces la bondad de las personas está escrita en los ojos de los demás. La de Marisa Gómez Rodríguez sobre todo. La había visto muchas veces, al llegar al corro de Boñar estaba vendiendo entradas, o repartía los bocadillos a los chavales... Sonreía. «Pasa, que vaya todo bien». Pero cuando ves cómo se derrumba, y llora, Pedro Llamas para decirte que ha fallecido, con solo 50 años, entiendes que esa bondad iba mucho más allá de su laboriosidad. «Para nuestro Club (el Montaña del Porma) Marisa era todo, llevaba las cuentas, hacía las fichas, vendía las rifas, acompañaba a los chavales en el autobús... lo que hiciera falta, lo sugerías y ya estaba con ello; desde el año 2006, cuando Edgar llegó  a la base y se ofreció a colaborar», explicaba El Polvorilla, monitor y tantas cosas de ese club con sede compartida entre Boñar y Lillo.

En el corro de San Roque de hace tres años su hijo Edgar volvió a luchar, para que le viera y para entregarle una placa de reconocimiento del club a su trabajo durante tantos. En el ambiente flotaba algo más, su brazo vendado hablaba de otra batalla, contra el bicho, aunque su entereza parecía desmentirlo. «De ahí en adelante fue una lucha constante. Empezó en los ganglios linfáticos y se le fue extendiendo a diversos órganos, tuvieron que hacerle un vaciado y lo aguantó a pie firme, hasta que se le instaló en las vértebras y ya no hubo solución» para esta «luchadora silenciosa», como la llama Pedro, para reivindicar su forma de estar en el grupo.

Marisa era natural de la cercana localidad de La Valcueva, en el Ayuntamiento de Matallana de Torío, miembro de una larguísima familia de 11 hermanos y en cuyo cementerio será inhumada esta tarde después del funeral (a las cuatro y media) en la iglesia del pueblo por el que tanto luchó, Boñar, en silencio.
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