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Máquinas de coser, un ingenio antiguo

Máquinas de coser, un ingenio antiguo

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Una mujer mayor ante su máquina de coser, en una imagen de otros tiempos. | L.N.C. Ampliar imagen Una mujer mayor ante su máquina de coser, en una imagen de otros tiempos. | L.N.C.
Toño Morala | 30/09/2019 A A
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Máquinas de coser, un ingenio antiguo
Otros tiempos Y un invento que tanto ayudó a costureras y modistas con un mecanismo en teoría sencillo
Me dice la mujer, que anda por aquí husmeando por si da alguna pista, algún recuerdo, en fin, ya saben… que diga lo de mi suegra, y ya le digo que la he nombrado por lo menos en cuatro o cinco ocasiones; era una de las modistas de la ribera; la mi Aurora, que me quería más a mí que al resto de la familia, y eso que éramos suegra y yerno. En fin, que la mujer cosió a máquina y a mano, lo que no está en ningún escrito… y nos dejó en heredad la máquina Singer ya eléctrica, pero en el pueblo aún está la otra de manilla y pedal con la correa de cuero redonda, que esa sí que llevó trabajo de narices, la de horas que metió la mujer para sacar adelante a los mozos. Y quién no recuerda a alguna vecina, o familiar, o la madre y abuela dándole a los pies y las manos sin parar para hacer todo tipo de arreglos, vestidos, pantalones, subir bajos… y si estaba bien la prenda y el paisano había engordado, pues se le sacaba algo de la costura, y luego, el hombre, andaba con los pantalones con la marca de la anterior costura… cosas del ahorro, la necesidad y, hasta alguno, que tenía perras, pero las guardaba en la viga, y lo de la ropa era secundario, muy secundario. Eso sí, los chavales, tanto niñas como niños, los domingos de misa y fiestas otras, de punta en blanco y sin moverse ni un milímetro de al lado de la madre, que, a la primera de cambio, ¡zas!, hacíamos una escapadina y armábamos la de San Quintín.

¡Vete a la mercería de Maruja y que te de uno igual…! Te daba la muestra, pues llevaban una referencia, que igual llegabas con un color que no era, y otro viaje. Lo de ensuciarse tenía arreglo, pero lo del tobogán de tabla y tornillo algo suelto, que te rajaba el pantalón y las piernas, ahí sí que no te salvaba ni la caridad. Regañina y coscorrón, y luego en casa, ni les cuento, porque todos ustedes también hicieron lo mismo, y ahora les quiero imaginar con una sonrisa en la cara con aquellos recuerdos; para eso escribe uno, para el recuerdo de no olvidar de dónde venimos muchos, dónde estamos, y dónde quisiéramos llegar. Aquí lo dejo, que si no alguno se alborota… vuelvo a la máquina de coser. Y cuando se acababa el hilo, y se acababa justo al finalizar la prenda… - ¡Vete a la mercería de Maruja y que te de uno igual…! Te daba la muestra, pues llevaban una referencia, que igual llegabas con un color que no era, y otro viaje.

Y la cadencia y el ruido… y de vez en cuando le echaban un poco de aceite a la maquinaria, pues con el resto de hilos, más lo que soltaban de pelusilla, se atascaba el invento, y no iba ni para atrás. Y hay que hacer siempre justicia a los inventores, a esas mujeres y hombres que dándole vueltas a las cosas, con una inteligencia natural algo más adelantada, y esa capacidad de observación que la acompañaba, eran y son los imprescindibles que hicieron que la vida se fuera poniendo algo más fácil para miles de personas; antes de estas máquinas de coser, todo se hacía con aguja e hilo, y no quiero imaginarme… además con poca luz, y pocos medios, la de remiendos y remendados que andaba el personal de aquellas vidas tan llenas de trabajo y sacrificio; pero llegó la ansiada máquina de coser a la par de la primera Revolución Industrial; es más, con en el textil, fue cuando realmente comenzó la misma.

Dice la vida, que la primera máquina de coser fue atribuida a Thomas Saint en Londres, en 1790; de ahí hasta nuestros días, el avance ha sido enorme, pero la esencia, salvo excepciones muy industriales, es la misma; una aguja que cose prendas a motor de garbanzos, hasta llegar la electricidad y los motores. La estructura de la máquina de coser se divide en dos partes fundamentales: la bancada y el tablero. Son los que sustentan la máquina. Dentro del cuerpo se encuentran los engranajes de movimiento de la aguja. Del cuerpo sale un brazo. El extremo opuesto del brazo termina con la cabeza que apoya la barra de la aguja, por fuera están las poleas que determinan la tensión del hilo; y cuidado con los dedos, que en más de una ocasión, quedaban cosidos… no quiero ni pensarlo. La cabeza y la cama son esenciales en la máquina, donde tiene lugar su función específica: el cosido. «La barra de la aguja es una sólida y resistente pieza que en el extremo inferior encaja la aguja de coser y en el superior se acopla a la biela de la rueda excéntrica, rueda que impulsa a la barra de aguja en su movimiento de vaivén vertical y continuo. La aguja es el elemento base de la máquina de coser, pero es, a la vez, una pieza especialmente delicada; se divide en las siguientes partes: talón, cono, tronco, ranuras, entrante, ojo y punta…». Si es que uno va aprendiendo estas cosinas, pero con la mente en el duro trabajo de los antepasados. Y seguimos con el prénsatelas… «Es el segundo mecanismo en importancia, dentro de la cabeza de la máquina de coser. El conjunto de este mecanismo tiene la misión de fijar el género que se cose (durante la puntada) sobre los dientes de arrastre y ayudar a que estos tiren del género en sentido contrario al de avance del cosido». Falta el tirahilos, el canillero, manivelas y bielas… «Los pies de máquinas de coser antiguas eran la base de la misma. Constaban de un pedal bastante ancho que tenía capacidad para colocar ambos pies. De este modo, el manejo de la máquina sería un tanto más sencillo. Además, al estar hecho de hierro y cubierto de madera, sabemos que estamos ante dos de los grandes materiales…» y un largo etcétera que daría para un par de páginas.

Me dan ganas de quitar el jarrón con flores secas, el tapete de ganchillo y darle la vuelta a la máquina de mi suegra, enchufarla, y a ver qué pasa… pero me dice la mujer, que ni hablar, que igual la estropeo... Me dan ganas de quitar el jarrón con flores secas, el tapete de ganchillo y darle la vuelta a la máquina de mi suegra, enchufarla, y a ver qué pasa… pero me dice la mujer, que ni hablar, que igual la estropeo, y la tiene un cariño enorme. Al igual que la Singer, las máquinas de coser antiguas Alfa también disponían del famoso pedal. Por lo que su puesta en funcionamiento era muy similar. Además, poco a poco se fueron introduciendo varios modelos. La Sigma, que al final se convirtió en una cooperativa.

Pero hubo otras grandes marcas que a continuación les recuerdo. La Juki; la oficina principal de Juki está en Tokio. En el año 1947 comenzó a formar parte de las máquinas de coser más famosas y caseras. Claro que después también dio el paso a las industriales. La que viene ahora fue la pionera en coser el cuero de los zapatos, Pfaff, si hablamos de una de las grandes firmas europeas, comenzó su actividad en el mundo de las máquinas de coser en el 1862, venían de Alemania. Elna, con sede en Ginebra, pero ya son más de 60 países los que pueden beneficiarse de sus productos. Las máquinas de coser Elna existen desde el 1940. La primera de ellas era más compacta y eléctrica. Además, su color verde, rompía un poco el molde al que se estaba acostumbrado. La Brother, seguro que a algunos les sonará. La empresa japonesa todavía hoy cuenta con numerosas máquinas de coser adaptadas a su tiempo. Se fundó en 1908 y en los años 50 comenzaría su gran expansión. Hay más marcas, pero terminamos con la Bernina, una empresa fundada en el año 1893 en Suiza. Y si tienen una antigua máquina de coser, no se deshagan de ella, la memoria, las raíces de los antepasados, los recuerdos… esos, siempre se llevan en el corazón, y si abren el cajoncillo del mueble de algunas, pueden encontrar todo un mundo de ilusiones y sueños de los nuestros.
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