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Manuel Olveira: "Lo verdaderamente decisivo del arte escapa a los ojos del sistema y del éxito"

CULTURASIR

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Joaquín Revuelta | 03/03/2015 A A
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Manuel Olveira: "Lo verdaderamente decisivo del arte escapa a los ojos del sistema y del éxito"
Entrevista Manuel Olveira, director del Musac, presenta su primera novela, ‘Todo el tiempo del mundo’, en la librería Artemis 
La librería Artemis será hoy escenario de la presentación, a partir de las 20:15 horas, de ‘Todo el tiempo del mundo’, primera incursión en la narrativa de ficción de Manuel Olveira, director del Musac, quien estará acompañado por el poeta Jorge Pascual. En palabras del autor se trata de una novela que adopta el modelo de ‘bildungsroman’ o novela de formación que apareció con ‘Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister’, de Goethe, y que desde el punto de vista formal se trata de una obra ‘de construcción’.

– Manuel Olveira es el director del Musac. No sé si en esta ocasión el cargo tiene reflejo en la obra literaria que esta tarde presenta en la librería Artemis o nos encontramos en realidad ante un Manuel Olveira que nos revela una personalidad, la de novelista primerizo, que hasta ahora resultaba desconocida.
– Teniendo en cuenta que me ha costado diez años hacer la novela, no me considero un autor tan primerizo. En la novela está todo. Lo dice el título, ‘Todo el tiempo del mundo’. Está absolutamente todo. La parte relacionada con el arte, la parte relacionada con la filosofía, la historia, la literatura y obviamente la vida. Es inevitable que esté todo.

Es una novela en apariencia sencilla, pero si uno quiere leerla de una forma compleja también puede hacerlo – ¿No peca ese planteamiento de demasiado ambicioso viniendo de una persona que hasta ahora ha demostrado humildad y discreción en su actividad al frente del Musac?
– No soy ambicioso en cuanto a poder, dinero, cargos, publicidad, fama... En ese sentido no tengo ningún tipo de ambición. Sí tengo ambición en la autoexigencia a la hora de intentar hacer las cosas no solo lo mejor posible sino lo más arriesgadas, porque el compromiso con lo contemporáneo precisamente nos debe incitar a lo innovador, a lo dinámico, a lo nuevo, a lo transformador. Esa es la exigencia que tengo conmigo y esa es la gran ambición que he tenido a la hora de hacer una novela en la que hay múltiples capas de sentido, de significado. Es una novela aparentemente sencilla pero si uno quiere leerla de forma muy compleja también va a encontrar muchas referencias para poder hacerlo de esa manera.

– Comenta que ha invertido diez años de su vida en la creación de ‘Todo el tiempo del mundo’. Coincide ese tiempo con los años de la crisis económica. ¿La novela responde a un determinado estado de ánimo, a la sensación de pérdida que todos estamos experimentando? ¿La novela tiene un fuerte componente social, como muchas de las exposiciones que bajo su dirección se han presentado en el Musac?
– Bueno, es una novela que la empecé en el año 2005 y que me ha acompañado en mi trayectoria profesional. Yo estaba en Hangar en Barcelona, luego pasé al CGAC en Santiago de Compostela, más tarde a Ágora en Coruña, estuve dos años viviendo en Berlín y la acabé de corregir aquí en León, con lo cual me ha acompañado en mi periplo. Efectivamente en el año 2005 España estaba inmersa en el boom inmobiliario, económico, en una burbuja de éxito y la novela precisamente lo que quería era reclamar la atención hacia los fracasados, los desheredados, hacia los restos, hacia las cosas de la sociedad o de la economía que parecía que no tenían importancia. Luego vino la crisis y todas esas personas que parecía que estábamos fuera de foco, que son los restos, los despojos, los desheredados, somos los que hemos conseguido estar en la realidad. Porque la realidad es esta vida que nos ha tocado vivir a todos sin un guión preconcebido, con el cual cada uno tiene que ir generando ese dibujo que solo al final, cuando ya no puedes cambiarlo, se hace visible ante nuestros ojos y ese dibujo final es lo que ha demostrado la historia que son precisamente los despojos, los desheredados, los fracasados, son los que realmente había que atender en ese momento, en el año 2005.

Hablo de mí y de personas que no tienen un encaje en cierta sociedad como la que hemos estado viviendo – Normalmente en una primera novela, en una primera película, el literato, el cineasta, habla siempre de sí mismo. A menudo suele incorporar mucho componente autobiográfico. ¿Que hay de Manuel Olveira en el protagonista de ‘Todo el tiempo del mundo’ o ha preferido marcar una cierta distancia?
– Es inevitable que hable de lo que conozco. Habrá otras personas que lo hagan de otra manera. Dicho esto, la novela no es autobiográfica. No habla de los hechos de mi vida pero sí lo hace de todo aquello que he sentido. Intento escribir con la verdad por delante y la única verdad que conozco es la que se manifiesta desde mi perspectiva, lo cual no quiere decir que hable de mí, de mi circunstancia vital o de mi ombligo. Hablo de mí y de las personas que son como yo, de las personas que a lo mejor no tienen un encaje en cierta sociedad como la que hemos estado viviendo.Hablo de la independencia, hablo de la búsqueda del conocimiento, hablo de la búsqueda de la plenitud, hablo de las ganas de arriesgarse para vivir la vida con la mayor intensidad posible... Hablo de mí porque es lo que conozco y es lo que defiendo, pero obviamente hablo también de forma mucho más coral y plural.

– Y el arte, la cultura, ¿qué papel juega en ese mundo de los desheredados de la fortuna que usted plasma en su obra?
– Como digo, la novela tiene varias capas de lectura. Si uno tiene referencias de filosofía verá las preguntas filosóficas en la novela. Si uno tiene referencias de cultura general o de historia las verá también y si uno tiene referencias de arte comprobará que el arte también está presente. En este sentido es una novela de construcción, hecha de fragmentos que uno puede reconocer o no de la cultura y esos trozos lo que hacen es configurar una determinada interpretación sobre el arte. El arte contemporáneo no sirve para tranquilizarnos sino para aguijonear las preguntas, las inquietudes, las ganas de ir hacia delante, la búsqueda... Todo eso que ciertamente es en parte muy incómodo. Lo verdaderamente decisivo del arte contemporáneo normalmente escapa a los ojos del sistema y a los ojos del éxito. Entonces la novela trata precisamente de girar la atención hacia esas zonas oscuras, indeterminadas de la creación precisamente, para poner en valor que el arte generalmente, que el arte de verdad y el arte decisivo no encajan en el sistema.

La novela es absolutamente femenina, entre otras cosas por las referencias a autoras como Pizarnik o Lispector – Tengo entendido que el agua tiene en su novela un significado muy especial. ¿Como gallego de qué manera sus raíces se manifiestan en este relato?
– No solo tiene importancia el agua, tiene mucha importancia la naturaleza y los cambios cíclicos. Si te fijas la novela es el suceder de las estaciones. Se pasa del verano, otoño, invierno, primavera. Aparecen los grandes ciclos de la naturaleza, los cambios de estado de las orugas que se convierten en mariposas, o el agua, que pasa por diferentes estados, llueve, se evapora, cae la nieve. Todos esos cambios de estados son muy importantes porque en el fondo son siempre diferentes pero son siempre los mismos. Cuando hablamos de ‘Todo el tiempo del mundo’ no hablamos del tiempo histórico, no hablamos del tiempo lineal que empieza aquí y llega hasta nosotros. Hablamos de un tiempo mítico, de un tiempo cíclico, y de ahí que la presencia de los elementos naturales y del agua estén empapando completamente la vida del protagonista y la presencia en la novela. Además, todas estas referencias al agua y a la naturaleza son muy importantes porque en la novela solo hay hombres. El protagonista es un hombre y habla de su vida a través de su vida o de lo que conoce a través de otros hombres. Sin embargo, es una novela absolutamente femenina. Por un lado por la presencia del agua y de todos los elementos de la naturaleza, por la presencia constante también de los sentimientos y también porque las grandes referencias literarias que contiene ‘Todo el tiempo del mundo’ son de escritoras como Alejandra Pizarnik, Jean Rhys, Clarise Lispector...

– La figura del padre también está presente en ‘Todo el tiempo del mundo’. ¿Qué papel juega aquí la familia?
– La novela está construida con estereotipos. Los famosos arquetipos de Jung. Esos arquetipos o estereotipos nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Mi padre es la típica figura del padre que todos tenemos y que psicológicamente todos cargamos con él a lo largo de nuestra vida, más todas aquellas figuras ‘paternas’ que uno se va encontrando en la vida y que en la novela se ejemplifican en el padre. Luego está el mensajero, que es un poco el arquetipo de la persona o las personas que vienen a ayudarnos en la vida. Está el vaquero, que es la razón; el indio, que es lo salvaje, el descubrimiento de los instintos, y por último está el héroe, que es la madurez. Esos arquetipos me permiten hablar de las personas que todos nos encontramos en la vida y también de los arquetipos que todos de alguna manera somos. Nosotros nos encontramos con padres, vaqueros, indios o héroes a lo largo de nuestra vida y todos en nuestro interior también somos padres, vaqueros, indios o héroes. Es una novela que habla de afuera y de adentro y uno no termina nunca de ver la diferencia o la frontera entre el adentro y el afuera. Son personas diferentes al protagonista pero al mismo tiempo son estadios de la evolución del propio protagonista que va desde la niñez hasta la madurez.

   La novela está construida con estereotipos que nos acompañan a lo largo de nuestra vida – Comentaba que ‘Todo el tiempo del mundo’ es una novela de construcción. No sé si una novela acabada o inacabada. ¿El resultado final obedece a sus expectativas o uno nunca está conforme?
– Todos los proyectos importantes tanto artísticos como vitales uno siempre quisiera mejorarlos. Pero hay un momento en que el proyecto da de sí todo lo que tenía que dar de sí a nivel de investigación y hay que concretarlo bien en una exposición o en una novela como esta. Este es el punto al cual he llegado y no sé lo que ocurrirá dentro de dos años, pero la novela está acabada con sus imperfecciones, que seguramente las tiene. Lo que sí puedo decir es que cuando la retomé tras dejarla reposar seis meses y la leí no para trabajar en ella ni corregirla sino como un simple lector me di cuenta que me gustaba. Y entonces es cuando pensé que tenía que editarla. No porque me gustara sino porque entiendo que hay muchos lectores como yo que podían disfrutarla.
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