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Manolo Jular se funde a negro

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Protagonizó en 1961 la primera exposición abstracta, junto a Vargas, y es el autor del famoso cartel prohibido de San Froilán en 1971. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Protagonizó en 1961 la primera exposición abstracta, junto a Vargas, y es el autor del famoso cartel prohibido de San Froilán en 1971. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 29/01/2017 A A
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Manolo Jular se funde a negro
Cultura Fallece a los 77 años un histórico vanguardista del arte leonés. "Viví como pude y de lo mejor que sabía, pintar", decía él
La sonrisa franca, el comentario socarrón, la crítica ácida, la militancia eterna y fiel, el pincel cargado, de pintura o con el ratón del ordenador —los tiempos mandan—, los amigos con vino y conversación y ante cualquier pregunta una respuesta de autodefensa para volverla a pensar "¿Cuálo?"... Pintor, toda la vida. Imprescindible.
En color, en colores, Manolo Jular Santamarta, que este sábado se fundió a negro, 78 años después de nacer, en el mismo León de sus glorias y disgustos. Niño de los Maristas, aspirante a pintor con Monteserín, independiente y luchador como casi nunca se espera en una tranquila ciudad de provincias. "Monteserín era un viejo interesante, pero para mí la pintura era un hobby y como tal me lo tomaba, reinvindico mi autodidactismo, por reivindicar algo vamos". Siempre ponía una coletilla de socarrón este socarrón militante.

Y de Monteserín, por gusto; a la mili, "por cojones, y dos años, menos mal que fue en Mallorca"; y de ahí a Vargas, pues el nombre de Jular va unido al de Alejandro ante la exposición que siempre se ha considerado como la primera de arte abstracto que vio la ciudad de León. Jular, como siempre, casi se quita de en medio: "Yo venía de la mili, Vargas estaba más formado, había ido a la Escuela, había vivido y bebido de las fuentes de París, rodeado de arte abstracto. Éramos muy diferentes, él tiraba de mí".

En aquella primera exposición abstracta era Vargas quien tiraba de mí, yo venía de la mili él de vivir en FranciaE hicieron historia Vargas y Jular con aquella exposición de 1961. Antes, en esa Mallorca tan especial para él, había tenido su primer contratiempo «político», la otra cara de la misma moneda de Jular: "Tras una saga-fuga que me llevó a escoger ‘amnistía y llibertat’ en Mallorca, entré en la cárcel de Palma y quedé en manos del TOP (Tribunal de Orden Público), una especie de Audiencia Nacional, pero en plan hijoputa. Tras una petición de dos años, (convertida por el juez en una condena de 11 meses y al final en una multa por el Tribunal Supremo) gracias al apoyo inestimable de los abogados del PCE quedé libre y activo", escribía él mismo en una autobiografía en la que se le intuye esa sonrisa al biés de quién recuerda unos tiempos que le dejaron otra prengunta que empieza nuevamente por cuálo. "Ya hace tiempo que me lo pregunto, ¿cuálos son los nuestros?".

Tal vez los buscó en Madrid. Más allá de aquellos trabajos en la omnipresente Everest (¡qué tiempos!), para agencias de publicidad; de aquellas reuniones clandestinas en lugares "tal que La Candamia, el Monte San Isidro o los salones de La Chón en las riberas del Bernesga con unos cuantos alucinados", decidió irse a la capital. "Allí anduve dando tumbos con los conatos organizativos de las células de artistas, que comunistizaba (¡toma verbo!) con pasión Armando López Salinas. Buscando la pela solidaria tan necesaria para la lucha, expusimos varias veces, dos en Italia con el apoyo del PCI, que entonces era una gran referencia». Yal hablar de esta etapa siempre sacaba a colación su primera exposición en Madrid junto a otro leonés coetaneo, Kiko Argüello, "sí ése, el de los kikos y el que destrozó la Almudena con sus pinturas. Lo que sí puedo documentar es que hace milagros, cuando expusimos juntos teníamos la misma edad y en las biografías que veo por ahí ya le saco 5 años". El socarrón.

Regresó a León y aquí estaba en aquel año 1974 del famoso cartel de San Froilán y la no tan famosa medalla que los jerarcas de la época se negaron a entregarle (salvo Emilio Hurtado), en 1975. Y se va nuevamente a aquel Madrid de la Transición que él siempre decía la Transación. "Éramos clandestinos pero se nos veía. Con más o menos miedo (según cada quien) estábamos en todos los tejidos y aparecíamos en todas las pomadas. Finalmente la prehistoria terminó. Franco firmó sus últimos asesinatos y la diñó como un perro en manos de sus íntimos".

- Veintitantos años capitalinos dan para horas de parloteo, así que voy a hacer reducciones drásticas: "Viví como pude, de lo que mejor sabía. Pinté cuadros, murales, diseñé publicidad... Dibujé mi primera serie El Museo Imaginario en el vespertino Pueblo. Políticamente me arrastré con más tristeza que gloria por los comités del PCM. Era un camarada algo gafe, pero optimista . Tuve el honor de dibujar en el extinto Mundo Obrero que pronto se convirtió económicamente en insostenible y fue cerrado por el PCE". No hubo publicación ‘roja’ que no llamara a la puerta de Jular: Unidad Obrera, Calviva, revista del sindicato de ‘la constru’... "En 1990, conseguí un contrato indefinido de Director de arte con el grupo Punto y Seguido, que además de El Nuevo Lunes y El Siglo de Europa publicaba gran número de revistas para empresas como Renfe, Banesto, Trasmediterránea, Flex, etc. Este grupo pertenece a un sedicente sociata, José García Abad, más o menos impresentable que otros sociatas. Ahí aguanté estoicamente hasta la jubilación. Aquí me presentaron a una tal MacIntosh, máquina, que como mínimo me sirvió para empezar una ‘nueva carrera’: mi etapa digital". Etapa que volvió a desarrollar en León. Jubilado, disfrutando de la música, haciendo jugarretas, dando fuerte a los corruptos, lamentando un panorama cruel:"Despidos, recortes, represión, hambre... La era postdemocrática ha empezado tremendamente injusta para el pueblo de los trabajadores".

Ah. Y es uno de los fundadores del CCAN, otra broma muy suya.
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