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Magallanes y Elcano

Magallanes y Elcano

OPINIóN IR

10/05/2019 A A
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Magallanes y Elcano
Hoy se cierra la exposición que sobre la vuelta al mundo de Magallanes (y Elcano, o al revés), se ha aposentado del pabellón de exposiciones del Auditorio.

Reconozco la buena intención del Ministerio de Defensa montando los paneles que la componen, pero, ya me gustaría saber si una efemérides del tamaño e importancia que esta tiene, nada menos que la primera vuelta al mundo demostrando así que era ‘redondo’, merece una presentación tan discreta. Mejor dicho, pobretona.

A lo peor, que no a lo mejor, estamos en esta situación de no hacer ruido, de apocarnos porque Portugal se la ha hecho suya. Con nuestro dinero y contra ellos, que trataron siempre de boicotearlo. Y, encima, nosotros parece que nos agachamos como culpables de hazañas nunca repetidas.

Porque resulta que el descubrimiento de América lo hace un ¿genovés?, pero con nuestras arcas y decisión. Pero es que hasta Cataluña se apropia del nombre. No digamos Italia. Y además nos dicen genocidas por todo lo que por aquellas tierras ocurrió, mientras nadie levanta la voz por el verdadero genocidio que ingleses y colonos de la otra europa hicieron con los indios, que ya casi no queda ninguno.

O aparece un listo, por no decir caradura, exigiendo que hasta el rey pida perdón por la campaña de Hernán Cortés, que, con unos pocos cientos de hombre se cargó un imperio, cosa que no se cree nadie, salvo que fueran varios cientos de Supermanes, Batmans o cualquier otro superhéroe, cuando la realidad es que levantó el yugo que etnias enteras tenían encima por la tiranía mexica, antropófagos y harto crueles por más señas. Y formó la actual México. Eso merece un agradecimiento, no una disculpa.

Incomprensiblemente estamos acomplejados. O lo parece.

Y esta exposición viene a dar la razón. O lo parece.

Porque, sí, está bien explicada, sencilla y yendo a los elementos más llamativos, pero tan simple, que talmente parece no tener demasiada importancia, aparte de la machada que supuso la aventura.

Ni una maqueta de los barcos o del propio paso del Atlántico al Pacífico en 3D, las especias…, ni un muestrario de las artes de navegación, nada. Y que no me digan que no hay material didáctico para el caso en los fondos del Museo del Ejército.

Las penurias, el desastre de las naves, sí. También, muy de pasada, el descubrimiento de Filipinas, y la apertura de un camino a las islas de las especias, un producto que ríete del oro, porque volviendo solamente uno de los barcos, que además no era, ni con mucho, el más grande de los cinco que salieron, la carga de especias que llevó a Sevilla (que evidentemente no podía ser mucha) fue suficiente para cubrir los gastos de la expedición que se llevó por delante la vida de más de 200 hombres, y los cinco barcos, porque el último, la ‘Victoria’ que comandaba Elcano, estaba en completa ruina.

Una pena, una gran ocasión perdida de dar valor a una gesta única.

Es más, una exposición injusta, o, al menos, en absoluto reflejo de lo que realmente fue el evento. En cualquier caso, muy pobre.

Tampoco el marco es que ayude mucho, porque, sí, el Auditorio es una buena sala para la música, pero la parte destinada a exposiciones…

Es cierto que el edificio es Premio Nacional de Arquitectura 2003, pero la impresión que da es que los arquitectos, para obtener una imagen personalizada exterior, se permitieron una ‘licencia’ edificatoria en el cuerpo delantero en el que se ubica la sala de exposiciones, proyectando un juego de ventanas de dimensión variable que, en efecto, ha terminado siendo el símbolo público del edificio.

Porque la realidad es que la sala primera tiene una altura tal que, si colocas cuadros pequeños, el paredón se los come, y si son grandes, resulta que no tienes fondo para visualizarlo.

Además, para terminarlo de arreglar, las ventanas de la fachada están orientadas a poniente, y, cuando cae el sol, se convierten en focos luminosos concentrados sobre lo expuesto, que es la peor forma de iluminación posible. Menos mal que los cristales se han medio velado.

En fin, una pena. La hazaña merece mejor tratamiento y mejor marco.
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