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Luis Mateo Díez: "Soy un trabajador de la imaginación y de la palabra"

Luis Mateo Díez: "Soy un trabajador de la imaginación y de la palabra"

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El escritor lacianego Luis Mateo Díez. Ampliar imagen El escritor lacianego Luis Mateo Díez.
Fulgencio Fernández | 18/11/2019 A A
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Luis Mateo Díez: "Soy un trabajador de la imaginación y de la palabra"
Literatura El autor lacianiego acaba de publicar ‘Juventud de cristal’, una novela que está cosechando elogios en todos los ámbitos, una historia delirante a veces que nos lleva a uno de nuestros grandes creadores
Nadie duda de que Luis Mateo Díez (Villablino, 1942) es uno de los grandes de la literatura española actual;curiosamente sus colegas de profesión son quienes más le admiran y él sigue su camino, de la RAE al escritorio. Para quienes se preguntan cómo es posible que le sobre imaginación para tantas novelas como escribe tiene dos respuestas que se resumen en una idea: «Soy un trabajador de la imaginación y de la palabra». A lo de trabajador incluso le pone cifras: «Ya hace unos cuantos años que escribo todos los días, y digo todos pues también lo hago los festivos, y lo hago una media de tres horas diarias».

- ¿Desde siempre?

- No, digo ahora. Tuve un tiempo disoluto en el que estaba más pendiente de que me llamaran por teléfono, ahora ya me he asentado.

Y para los que se preguntan por su imaginación, su capacidad de crear personajes, imágenes como la de Mina, en su última novela cuando dice «Esto está lleno de suicidas, pero aquí no se suicida nadie, esto es un desastre»... es evidente que hay una capacidad fabuladora como pocos más, y... «tengo un mundo literario que evidentemente se nutre de mi imaginación, pero también de mi memoria, de la experiencia de mi vida, que ya es larga, y que está presenten las palabras con que lo construyo».

Y además de esas características que siempre se le atribuyen y valoran de lo simbólico y lo metafórico el lacianiego reconoce que junto a los temas universales de la literatura le interesa «la fragilidad del ser humano frente a la intensa vida que puede habitar en las cosas más diminutas y rutinarias».

Luis Mateo Díez acaba de regresar a las librerías con ‘Juventud de cristal’ que todo apunta a que no va a ser una novela más en este país en el que tanto se publica, aunque él no comparte esta visión. «No se publica ni mucho ni poco, se publica lo que se puede, unas veces libros inocuos y otras libros maravillosos. Pero te voy a decir una cosa que viene muy a cuento con los tiempos que corren, vivir entre libros es de lo mejor que te puede pasar a la vista del interés de otras muchas posibilidades. Es cuestión de elegir sabiendo que tantas veces el bosque no deja ver los árboles».

En esta ‘Juventud de cristal’ el creador de Celama se traslada «a otra ciudad situada en una provincia perdida en un tiempo que nunca sabemos si es pasado o presente». Su nombre es Armenta, que bien podría ser León. El lacianiego no niega que podría ser pues en esta novela reconoce paralelismos autobiográficos: «Es cierto que aunque no peco de nostálgico la edad me ha hecho algo melancólico, lo veo en la mirada a mis recuerdos de juventud, una etapa fantasiosa que es la que le he querido dar a la protagonista de mi novela, adornada de elementos bastante disparatados que podría asumir perfectamente como propios pues lo que más me atrae de mi juventud son los disparates y los sueños que no llegaron a ningún sitio».

Para ese viaje a la imaginación ofrece la crítica Ángeles López una perfecta definición: «Nos sumergimos en una historia delirante en la que los protagonistas deambulan por extraños enclaves como el Cine de Sustos, donde los seres de tinta buscan viejos fotogramas; y el Baile de Corales, un salón derruido en el que se reúnen para dejar recuerdos. Semejante escenografía, a punto de desmoronarse, predispone a todos ellos a experimentar cosas extraordinarias».

El hecho de que el fascinante personaje central de su novela, Mina, se una mujer le ha llevado a tener que explicar cómo lo construyó, a la vista del sorprendente resultado. «Mina es una chica a la que yo no conocí personalmente pero sí he conocido a otras que me ayudaron a crearla. Tengo la sensación de que no he encontrado grandes dificultades, es como uno de mis personajes habituales y, además, noto que al escribir desde su voz mi identificación con ella es absoluta».

Su condición de miembro de la Real Academia, a la que también dedica sus horas de trabajo como a la literatura, y su conocido distanciamiento de las redes sociales hace que reviva el tópico de los venerables académicos alejados de la realidad de los tiempos actuales. «Vaya por delante que me parecen un invento extraordinario, pero vivo al margen de ellas porque estoy enredado en mi propia vida, con muchos frentes en los que lidiar. Yel tiempo libre ya se lo he asignado a la lectura y a las películas pues soy un cinéfilo empedernido... No pasa nada, a todo no se puede estar».
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