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Ludopatía

Ludopatía

OPINIóN IR

15/05/2022 A A
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Ludopatía
Malos tiempos para los ‘cripto-bros’. Bajo esta denominación se agrupan quienes iban hasta hace nada fardando de haber hecho no sé cuántos miles de euros invirtiendo en el mercado de las criptomonedas. Gentecilla muy ufana de amasar ‘panoja’ sin mover un dedo, tan sólo siendo más espabilados que el resto de los mortales. Tan valientes, ellos, y tan cobardes, los demás.

Ahora que se desploman unos mercados que «siempre van a subir» llegan los lloros. ‘Notas’ que toman sin pudor ninguno ‘El lobo de Wall Street’ para usarlo de sobrenombre, acaso sin saber el triste final de todos aquellos que van de listillos y surfean durante un tiempo la ola de la vida, se meten ahora debajo de una mesa. Ayer te decían que había que ‘holdear’ (mantener la inversión, no retirar los fondos) «con cojones» y hoy defienden directamente esquemas ‘Ponzi’ de estafas piramidales: hace falta liar a nuevos incautos para que ‘palmen’ su dinero y ‘salven’ a los que ya están con la mierda al cuello.

No deja de ser otro capítulo más en la espiral de ludopatía de esta época nuestra. Un amigo que sufría esta enfermedad y que tuvo que poner tierra de por medio después de tangar a la gente que más quería, lo explicaba: las asociaciones de ludópatas reclamaban en su momento cuestiones tan sencillas como que no hubiese cajeros automáticos en los casinos. Que el hecho de tener que ir al guardarropa para ponerte el abrigo, salir y coger el taxi suponía parar y ponerte a pensar: «¿Qué estoy haciendo?».

Hoy las cosas son mucho peores. No es ya sólo que se meta mano a un mundo de una manera que sería como poner puertas al campo, ya que si las teocracias islámicas están entre los países con mayor consumo de porno no se puede pretender ‘capar’ los servicios de poker ‘online’. Es que todo el sistema apoya todo el tiempo esta forma de arriesgar el capital, más allá de los deditos levantados porque te han cerrado el bar debajo de casa y han puesto un Codere en su lugar. Por cada equipo de fútbol patrocinado por una casa de apuestas deportivas hay 50 empresas que publicitan en el transporte público sus aplicaciones de inversión en bolsa «de forma fácil y segura».

Pasará el tiempo y seguirán viniendo los lloros. Dentro de siete años se cumplirá un siglo del ‘crack’ bursátil de 1929. Ya de aquellas se oía lo mismo («esto no va a bajar nunca») y se liaba a agricultores para que metieran sus ahorros en acciones. Entonces se tiró la gente por las ventanas. Hoy la reacción es de vergüenza y silencio entre quienes iban con los pechos hinchados y se reían de ti por doblar el lomo para ganarte el sustento.
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