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Los que endulzan la Navidad

Los que endulzan la Navidad

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Toño Morala | 17/12/2018 A A
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Los que endulzan la Navidad
Tradiciones Los turroneros... Que se acerque la Navidad y no hablar del oficio tradicional más vinculado a estas fiestas sería una falta muy grave que no vamos a cometer y recordamos el oficio más dulce que existe... pero oficio a fin de cuentas
Hay conejo empanado por mil partes traspasado, con saetas de tocino blanco en pan, aloque el vino… y hay turrón alicantino”, (Miguel de Cervantes). No hay manera más sublime que comenzar esta andadura de largo y dulce paladar, con una línea gastronómica simple y humilde, del gran literato. Las cosas sencillas, en lo referente a algunos tipos de dulces, suelen ser las más sabrosas, como colofón a una fiesta tan entrañable para la gran mayoría como son las Navidades, aunque los hay que comen y disfrutan del turrón todo el año; algunos son muy lambiones; buenas gentes que les gusta el dulce tradicional, y que de vez en cuando, van a la alacena o al mueble bar, y le meten mano a un trocín de turrón del que ya nadie va comiendo, de esa manera, se acaba y… a esperar a unas nuevas fiestas… y que vayan pasando los años con tranquilidad, si es posible, buena salud, y sonriendo cada mañana al horizonte cada vez más lejano. De niños, cómo nos prestaba el esperar el final de la cena de Nochebuena para meterle mano a la bandeja con algunas cosinas en las casas que se lo podían permitir… peladillas, higos pasos, uvas pasas, pan de higo, figuras de mazapán, polvorones, algunas frutas aragonesas bañadas en chocolate (estas pasados los años 70, y no en todas las casas) y el turrón, -entre otras cosinas- el inmenso turrón de cantidad de variedades y sabores… y mientras, la abuela o madre decía que había que comer con mesura, no fuera a hacernos daño (qué inocentes, el daño era que no había casi perras para comprar tanto dulce). Qué tiempos de una cena un poco más atrevida de lo normal… quizás un pollo, un conejo, cordero poco, que en las ciudades andaba muy caro en esas fechas… una sopina que llamaban de marisco, pero había más sémola o sopa de lluvia que “marisco”, pero estaba buenísima; en aquellos años, las madres y abuelas con pocas cosas hacían verdaderas maravillas en las cocinas. Y se apañaba todo, no quedaba nada ni para la lata del perro, que el pobre se alimentaba de cuatro huesines, dos trozos de pan si sobraba y la calle, que siempre había algo que llevarse a la boca entre la basura y demás. Pero era una alegría pensar que llegaban aquellas fechas para juntarse la familia; los paisanos iban a los chigres a tomar un vinín antes de la cena, mientras los chavales trasteábamos por los corrales o portalones oliendo los guisos tan ricos de aquellos días de asueto y poco que hacer en el campo; y en las ciudades, pues se cogían unos días de vacaciones para ir al pueblo a pasar las señaladas fiestas; y eran ellos, los emigrantes de interior, quienes llevaban los turrones y añadidos. Qué recuerdos, nostalgia, y alguna lágrima por los que iban faltando a lo largo de la vida natural.

También hay que recordar, que en muchas casas, no había para turrones y dulces, y se suplían con pastas de manteca de cerdo y rosquillas de palo o anís, y no pasaba nada, pero quedaba en la memoria aquella primera vez que se probaba el turrón, los polvorones, las peladillas, las figuras de mazapán… las conversaciones y risas, y los villancicos de por medio, y la abuela bailando a todo trapo al son de la pandereta, aquellas viejas canciones de tradición oral que se pasaban de generación en generación, y que se iban poniendo cada vez más picantonas, con sorna, y alguna que otra frasecilla mirando al pobre hombre, que ya no se ponía ni colorado. A misa de gallo por Nochebuena, y a la vuelta, antes de ir para la cama, nos subíamos encima de una banqueta y le metíamos mano a la bandeja de los dulces, que sabiamente alguien la ponía en alto… de poco le servía… Llena la panza, un vaso de leche y a dormir, que mañana era Navidad. Resueltos los ritos eclesiásticos y demás, otra vez a mesa puesta con parte de las sobras de la Nochebuena, y una sopina tiesa… y después, otra vez, si había, la bandeja de dulces; no quedaban ni las migajas en la solitaria bandeja.

Pero hay que escribir unas palabras a los verdaderos protagonistas de este tinglado turronero, y qué mejor que comenzar con una breve reseña del invento en cuestión. Parece ser que fue en la época griega donde se comenzó a preparar una pasta compuesta por frutos secos – principalmente almendra- y mieles, que daba vigor y fuerza a los competidores en las primeras olimpiadas, aquellos Juegos Olímpicos organizados en la antigua Grecia. Otra versión histórica, es la que asegura que el turrón ya existía en la villa de Sexona (actual Jijona) en el siglo XVI, y que fueron los árabes quienes lo introdujeron… Otras fuentes afirman que el turrón surgió tras un concurso propuesto por los árabes en el que se trataba de buscar un alimento nutritivo que se conservara en buenas condiciones durante una larga estancia y que fuera transportado fácilmente por sus ejércitos sin peligro de intoxicación. Y otros, no obstante, afirman que el turrón surgió gracias a la elaboración por parte de un artesano de Barcelona, apellidado Turró, “el cual realizó un alimento con materias primas abundantes de la región que sería un recurso indispensable en épocas de escasez y hambrunas”, comentan, entre otras cosas, desde el Consejo Regulador Protegido del Turrón de Jijona y Alicante. En Jijona, existe incluso una leyenda que nos narra, a modo de cuento, cómo se originó el turrón: “Por aquellos tiempos, el Rey contrajo matrimonio con una princesa escandinava, por lo cual ésta tuvo que venir a estas tierras dejando atrás su frío país de origen. La princesa se sintió muy triste al no poder disfrutar de los bellos paisajes de su país llenos de nieves perpetuas. El rey, desesperado por ver a la nueva reina decaída, para evitar su tristeza, tuvo la idea de plantar por todos sus territorios, alrededor del castillo, miles de almendros. De este modo, cuando los almendros florecieron, sembraron el paisaje de tonalidades blancas, de tal modo que todo parecía nevado, y la princesa volvió a recuperar su felicidad. Los habitantes de Jijona, a partir de ese momento, aprendieron a recoger los frutos de los almendros y a tratarlos, elaborando así las primeras muestras de turrón y derivados. ” Aquí queda…

Y para ir cerrando, hay que comentar que en La Alberca, Salamanca, existe desde décadas antiquísimas, el oficio tradicional de turroneras que todo el año fabrican y venden en los puestos y tiendas del pueblo, a la vez que también vendían y venden el turrón en los soportales de San Antonio de Salamanca y provincia, e incluso fuera de ella, y no solo en Navidades. Cuentan las crónicas, de estas buenas maestras turroneras, que no había ni hay ningún secreto en la elaboración del rico turrón y otros dulces; solo buenos ingredientes y la mano y el tiempo necesario para conseguir un buen producto artesano y tradicional, y a la par de la fabricación y venta de turrones, principalmente, de almendras y avellanas, siempre llevan otros dulces y manjares como todo tipo de frutos secos, nueces, avellanas, castañas, higos, también las tradicionales y exitosas almendras garrapiñadas. Tampoco faltan los dulces navideños, como las cremosas almendras rellenas o el pan de higos y las riquísimas mieles de la sierra salmantina. León también cuenta con una rica y amplia tradición turronera, y aparte de los turrones tradicionales, los maestros confiteros y turroneros de nuestra provincia, saben muy bien los gustos de sus clientes y también fabrican cosas novedosas como turrón de castañas, el guirlache, turrón de té, naranja, vino tinto o sidra, de frambuesas o mango… y otros que inventarán, seguro, para estas próximas Navidades. Y tengo que terminar con unos versos de Juani, maestra turronera de La Alberca, que escribió de niña, y que dicen así… “Turronera, turronera, la Navidad llega/ Saca ya pues tu caldero y ponte a trabajar para que tu turrón llegue a toda la humanidad/ y lo puedan disfrutar con paz y felicidad”. Les deseo salud y unas buenas fiestas, y si llenan mucho la barriga estas navidades, cuando terminen… menos plato, y más zapato…
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