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Los personajes del tío Ful: Venancio González, del Valle de las Casas

Los personajes del tío Ful: Venancio González, del Valle de las Casas

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Fulgencio Fernández | 24/07/2021 A A
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Los personajes del tío Ful: Venancio González, del Valle de las Casas
Personajes Venancio es de esos imprescindibles de nuestros pueblos, en su caso del Valle de las Casas. Enorme trabajador, mejor conversador, pozo de anécdotas, un fenómeno
Vaya por delante una cosa que no puede ni debe desvirtuar la distendida conversación, las bromas y el evidente buen humor que siempre muestra todo un personaje como es Venancio González Medina, del Valle de las Casas «de todas la vida»: Es, y ha sido, un enorme trabajador, uno de esos impagables vecinos que después de las faenas del ganado, del campo, la casa, siempre tiene un rato para la conversación y la broma y si es alrededor de un vaso de vino, mejor. «¿Cómo que mejor? Mucho mejor, a palo seco solo es buena la leña para la cocina».

- Cuando te digo que si eres del Valle de las Casas siempre añades que «de toda la vida».
- Pues eso, que aquí nací, que aquí sigo noventa para noventa y un años después y que  aquí me quedo, en esta misma casa donde estamos, que ya se dónde están todos los rincones y lo que hay en ellos.
- ¿Y las perras dónde las guardas?
- En el canto la memoria.

Es una gozada hablar con Venancio porque al margen de manejar la socarronería como nadie tiene una excelente memoria, recuerda todas las fechas y hechos, todos los parientes de cada cual. «Aquel famoso luchador de lucha libre que le llamaban El Gorila también apellidaba Merino pero mira, ése no es pariente mío; el que sí era primo de mi madre era aquel cura de Cebanico, Don Germán, que se compró el ataúd para cuando muriera y lo tenía allí en casa».

- Te puede hacer el árbol geneálogico de todo el pueblo sin levantarse de ese banco; dice su vecino Rafa, allí presente.

Venancio se ríe. Siempre muestra una sonrisa abierta y una confesión de soltero de noventa años. «¿Qué si me quise casar? Pues no te sé decir muy bien; dice que las mozas no bailaban conmigo porque me olía el aliento ¿Valen disculpas mí capitán? El caso es que así fue y ahora, la verdad, no estoy mal».

Y se ríe. Siempre se ríe.
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