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Los personajes del tío Ful: Tomás, de Casares de Arbas

Los personajes del tío Ful: Tomás, de Casares de Arbas

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Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza | 16/01/2021 A A
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Los personajes del tío Ful: Tomás, de Casares de Arbas
Personajes El bar de Tomás, el González, fue el último refugio de la decena de habitantes que quedan en Casares en invierno y Tomás la referencia inevitable, la charla serena
Tomás está tranquilamente sentado en una mesa de su bar ya cerrado, delante de una fotografía de una impresionante nevada de los años 70, una de tantas, mientras en la televisión insisten en uno y mil detalles de la reciente nevada, entrevistan a cada uno que resbala, escupen culpas de una acera a la otra. Tomás mira como el que oye llover...

- ¿De nieve te van a hablar a ti que tienes la fábrica?

- Eso dicen, que los pueblo donde más nieva de la provincia son ese de Babia que es el más alto (La Cueta) y nosotros, Casares, que sí te puedo asegurar que sabemos bien lo que es la nieve.

Y explica Tomás que la fotografía que tiene en la pared «es de una nevada de los años 70 que estuvimos aquí sin poder salir más que lo imprescindible desde noviembre hasta marzo».

- ¿A por el pan?

- Qué va. El pan se hacía en las casas, se iba por el harina al molino de San Pedro de Luna y después el pan se hacía en casa; y los arcones estaban llenos con la matanza. Se salía con caballos por alguna enfermedad, a sacar la leche... en fin, lo que fuera.

- Pero eso de que había que hacer túneles en la nieve será una exageración.

- ¿Exageración? Que se lo pregunten a Eloy, que ahí está, si no hubo que hacer un túnel para que pudiera llegar a la iglesia y casarse.

Lo cuenta Tomás con tal tranquilidad que bien parece que no serían 20 centímetros y podría hablar de muchas más historias, de algunos que creyeron que podían con la nieve y tuvieron que regresar, recogerse en el bar y Tomás quedarse con ellos toda la noche.

Fue el bar de Tomás el último refugio de la decena de vecinos de Casares, allí encontraban dónde jugar la partida, charlar... «pero ya no puedo más. Cerré en la pandemia, abrí en verano para que hubiera algo en el pueblo y ahora vuelven con lo mismo y yo estoy recién operado... hasta aquí llegamos»; dice este paisano tranquilo y buena gente, camionero muchos años y ganadero después, aún tiene algunas yeguas... «esas sí que son duras, aguantan las nevadas, comen lo que sea».
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