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Los personajes del tío Ful: Socorro Díez, de Horcadas

Los personajes del tío Ful: Socorro Díez, de Horcadas

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Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza | 26/01/2019 A A
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Los personajes del tío Ful: Socorro Díez, de Horcadas
Personajes Lleva 91 años en Horcadas, su pueblo, y no se quiere mover de allí por nada del mundo. Destila bondad, le sobra lucidez y solo lamenta "haber trabajado más de la cuenta"
Cada vez que atraviesas la puerta de la casa de Socorro, en Horcadas, percibes la bondad de esta mujer que ya supera los noventa y lo primero que hace es ir a buscar las roscas caseras que ella misma ha hecho.

- Me entretengo, se me dan bien los dulces, hago mazapán, roscas... ¿están buenas?
- Muy buenas.
- Tiempo tuve de aprender.

Tiene humor esta buena mujer de Horcadas de toda la vida. «Aquí nací y aquí me gustaría quedarme, me quieren llevar para León pero yo me encuentro bien aquí».

Y con su prodigiosa memoria va recorriendo casi un siglo de biografía que es casi un siglo de vida en aquella comarca, una centuria complicada por tantas cosas. «Sí me acuerdo, claro. Éramos diez hermanos y a mí casi me crió una tía que era viuda y que también tenía bastante para ella. Lo que más me enseñó fue a trabajar, más de la cuenta».

- Ya ha dicho un par de veces que trabajó más de la cuenta.
- Es que trabajé más de la cuenta, de toda la vida. Cuando era solo una niña ya iba con la vecera del ganado para ese puerto de montaña y nos quedábamos a dormir en el monte... Y de ahí en adelante pues ya te puedes imaginar.
- ¿Qué era lo más duro?
- Todo era trabajo, ir a la hierba, ordeñar... pero se hacía muy duro en invierno ir a lavar al río, muchas veces teníamos que romper el hielo para colocar la lavadera, imagínate cómo estaría el agua.
- ¿Cuántos hijos tuvo?
- Seis.
- Y ahí están, los sacó adelante.
- Por suerte sí.

Mira por la ventana, la nieve, hace frío y no puede salir a pasear pero le gusta su pueblo, su casa... Pregunta por su vecino Gonzalo, al que había que pitar en el cruce, «se habla de cuando iba a las fiestas, pero también trabajó lo suyo»...

- ¿Os vais? Comed otra pasta, que las hice yo.

¡Qué buena mujer!
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