Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad
Jueves, 21 de marzo de 2019 Logo
Buscar en la web
Mostrar menú Cerrar menú

Los personajes del tío Ful: Nano, histórico cantinero de Villademor

Los personajes del tío Ful: Nano, histórico cantinero de Villademor

CULTURAS IR

Imagen de vídeo
Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza | 19/01/2019 A A
Imprimir
Los personajes del tío Ful: Nano, histórico cantinero de Villademor
Personajes Todo el anecdotario de Villademor conduce a Nano. Y a su histórico bar y sus aventuras, a la forma de contarlas, a una rica vida comunal que siempre pasa por el bar
Con cinco años ponían un cajón para que llegara a la máquina de hacer cafés, en el bar de mi padre». Así recuerda Nano cómo comenzó su larga andadura como ‘cantinero’ en Villademor de la Vega, donde es una institución.

Yes que creció en un bar, el de su padre, y vivió en otro bar, el suyo, y todo en el mismo pueblo, Villademor de la Vega, donde sigue viviendo ya de jubilado, convertido el viejo bar en el salón de casa, y contestando a los wasap que suenan a cada instante. «Me he subido al carro de las nuevas tecnologías, son muy prácticas para atender a las novias», dice con gesto de pícaro y bromeando. O no.

Una vida en un bar, en un pueblo, te convierte en el centro de las conversaciones, en el protagonista de la mayoría de las anécdotas y hasta leyendas. Y si le añades picante al guiso, como hace Nano, pues ya resulta inevitable que ocurra lo que nos pasó en Villademor. Estaban las pandereteras ensayando, preguntamos quién nos contaría historias de la comarca y dijeron a coro: «Nano. Nano os cuenta lo que haga falta».

Y era verdad. Allí estaba Nano comiendo unas pipas y unos pistachos, viendo la tele, atento al teléfono... «Son muchos años y muchas vivencias, que yo atendía el bar y salía con los clientes... el ojo lo perdí en un accidente, volvíamos y se atravesó un tractor». Y le sale el humor: «Yo estuve muy mal, pero el tractor lo partí en dos».

Mil historias. Tantas como platos de su famoso pollo con bogavante comerían en su casa las gentes de este pueblo, que no pasa ninguno sin tener unas palabras con él, sin algún recuerdo. Se nota la cercanía y recuerda Teresa cómo cuando su salud se resintió todos estaban pendientes de Nano.

Y Nano lo sabe. Nos quiere contar más historias. «Te dejamos, que te suena un wasap».

- No me dejan en paz.
Volver arriba
Newsletter