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Los personajes del tío Ful: Miguel Pérez 'Trébol', coleccionista de máquinas de cine

Los personajes del tío Ful: Miguel Pérez 'Trébol', coleccionista de máquinas de cine

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Fulgencio Fernández | 23/04/2022 A A
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Los personajes del tío Ful: Miguel Pérez 'Trébol', coleccionista de máquinas de cine
Personajes Salta de una máquina a otra, se entusiasma con todas, la de 1912 o en la que proyecta el NoDo, repite "aquí todas funcionan" y es verdad. ‘Trébol’ es su mejor película
Sonríe cuando le digo que no hará falta que le pregunte si ‘Cinema Paradiso’ es su película favorita: «No es que sea mi película favorita, es que Cinema Paradiso soy yo».

No le falta razón a Miguel Pérez. Rodeado de todas aquellas máquinas de cine que ha ido coleccionando a lo largo de su vida –«bueno, tengo bastantes más, pero ya no caben aquí, las tengo en casa»–, escuchando cómo explica cada una de ellas, viendo cómo se sigue emocionando cuando al dar a la manivela en las pantallas van apareciendo las viejas imágenes, observando su gesto cómplice con la máquina cuando la película se rompe por algún empalme, al compartir su entusiasmo al avisarte de que en unos segundos «verás qué sonido» o notando el cariño que siente cuando acaricia su Pathé Baby de 1912... sabes que ‘Trébol’ es su propia película, su mejor película, que Totó anda suelto entre sus máquinas.

«Todas funcionan», insiste, pero el 95% de ellas no funcionaban cuando las compró en rastros, a anticuarios, por Internet... Y para que funcionen esas máquinas estropeadas, algunas casi inservibles, es fundamental la mano de Miguel, que fabrica las piezas en el torno que tiene en casa, que aprovecha otras de todo tipo de aparatos, desde un viejo fax a lo que puedas imaginar y, sobre todo, su paciencia y conocimientos, para lo que le viene muy bien sus años en un taller electromecánico, antes de otros muchos en la Azucarera de La Bañeza, hasta su jubilación.

- Y esta pasión, ¿cómo nace?
- Pues el día que pude entrar a la Cabina del Cine Gordón de Benavides, que me dejó pasar Fines. Fue emocionante para mí, después iba a ayudar, sin cobrar claro, por ver las películas y, sobre todo, por ver funcionar a las máquinas.
- Sin cobrar, dices; ¿pero cuánto te costó esta pasión, cuánto has gastado?
- No lo sé y ¿sabes por qué no lo sé? Porque no lo quiero saber.

Hace bien. ¿Es que tiene precio ver cómo dejó con la boca abierta al claustro de la Universidad Rey Juan Carlos hace unos días?
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