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Los personajes del tío Ful: Isolina

Los personajes del tío Ful: Isolina

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Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza | 04/08/2018 A A
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Los personajes del tío Ful: Isolina
Personajes Camina por La Robla sin ninguna ayuda, habla con los vecinos sin la tradicional sordera de los centenarios, lleva en su alma la historia de un siglo y la cuenta
Caminaba por las calles de La Robla y a su paso se repite el comentario, «mira Isolina que tiesa va... pues ya cumplió los cien años». En febrero fue el aniversario y estos días, en las fiestas de Celada, recibirá ese homenaje que agradecen pero... «¿por hacer años?». Y tiene razón en la pregunta pues el mérito no radica en llegar a esa edad sino en la ejemplar vida que llevaron hasta ella, en ser mujeres de esa generación que en silencio dieron lo indecible a esta tierra.

Si no entiende muy bien lo del homenaje, una entrevista aún le cuesta más trabajo:
- ¿Y qué voy a contar yo? Penalidades, que es lo que nos tocó pasar.
- Pero ya las pasó, ahora está como una rosa.
- No me quejo, aunque desde la enfermedad el hijo no me deja estar sola...

Porque Isolina hasta no hace mucho vivía sola en su casa, se arreglaba con la comida y las faenas diarias, paseaba... pero una neumonía la llevó al hospital y ya no la quieren dejar «tan libre», que es lo que le gustaría.

- ¿Y hasta la enfermedad había tomado algún medicamento?
- No, ni falta que me hacen, ahora tampoco, que tomo la pastilla esa (Sintrom) y se acabó.
Tan fuerte como no aparenta su menudo cuerpo Isolina viaja sin problemas de memoria aquel 1918 de su nacimiento en Puente de Alba. «En casa había ganado, como en todas, y desde bien pequeñas pues ya trabajábamos, que era lo que había».

Y a trabajar se fue después a Llanos de Alba, donde conoció a un asturiano «que vino con los Bada a la fábrica de la cerámica... y nos casamos».

Muchos años en aquella fábrica hasta que la muerte en un accidente de uno de los dueños abocó al cierre, su marido trabajó después en la Escuela de FP, conocieron allí a Vela Zanetti —«era un artista, el día que estaba inspirado sólo pensaba en pintar, pero si no estaba inspirado tenía un genio de los demonios», recuerda su hijo— a Isolina dice: «Preguntadle a él».
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