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Los personajes del tío Ful: El grande que siempre veían pequeño

Los personajes del tío Ful: El grande que siempre veían pequeño

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Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza | 04/11/2017 A A
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Los personajes del tío Ful: El grande que siempre veían pequeño
Personajes Juanín García, del Ademar, es un verdadero mito del balonmano pero nunca lo pensarías si te cruzas con él; es muy grande en lo suyo pero insiste en ser humildemente
La cara nunca engaña y la de Juanín menos. Siempre sonríe como los niños rizosos que se dejan algo de barba para parecer mozos. Es un mito del balonmano que si se lo dices lo rebaja a un «va, no creo» y agacha la cabeza. Si lo cruzas en la calle y no lo sabes no lo imaginarás pues, como él mismo recuerda, «¡cuántas veces me dijeron que si no era muy pequeño para jugar a balonmano!».

En él todo es cercano, natural. Se dedica a hacer normal lo extraordinario. No habla de gestas, cuenta que iba a buscar a su hermano mayor, que jugaba a balonmano, y mientras esperaba cogía un balón y jugaba. Y quería ser como los que entrenaban pero fue mucho mejor, batió todos los récords, aún los tiene, internacionales, fue el mejor jugador del mundo de campo pero él insiste en que el título lo ganó un portero, este mismo miércoles marcó 8 goles, a sus 40 años, que tampoco creerás su edad viendo esa cara de niño rizoso, que no engaña... Pero no cuento más logros que se pone nervioso.

Mejor marchar hasta uno de sus rincones favoritos, en esos ríos leoneses en los que es feliz pescando: la Poza de Canseco. Busca truchas con la mirada y, como no sabe lo que es la maldad, tiene que recurrir casi a la infancia para recordarse ‘burlando la ley’. «Era casi un niño y fui con mi hermano al Condado, en pocas horas cogimos el cupo y lo guardamos en el coche para seguir pescando. Vino la guardia civil, mi hermano negó que el coche fuera nuestro, no nos atrevíamos a cogerlo en todo el día... ¡Qué mal lo pasé!».

Le da igual que la pesca sea sin muerte, lo que quiere es pescar; le da igual que le llames grande, te querrá convencer de que el importante eres tú. No le busques las cosquillas, él sonríe.

Y la sonrisa no engaña.
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