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Los personajes del tío Ful: Concha, única vecina de La Veguellina

Los personajes del tío Ful: Concha, única vecina de La Veguellina

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Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza | 17/10/2020 A A
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Los personajes del tío Ful: Concha, única vecina de La Veguellina
Personajes Internet no existe, el agua corriente aún no ha llegado, el teléfono va a pedales, las calles sin asfaltar y Concha es su última vecina, vive feliz ¿Irme? jamás
Su forma de caminar delata las dos rodillas operadas —«de fregar suelos arrodillada, entonces no había otra cosa»— pero nada más, se mueve muy ágil esta mujer campechana y hasta dicharachera, que te espera con la puerta abierta, salvo excepciones —«los tontos y el viento, no entran dentro»— y se confiesa feliz en su pueblo, La Veguellina, donde es la última habitante desde que enviudó. «Ahora está la hija en casa, porque no está trabajando, pero si me quedo sola no pasa nada, siempre estoy entretenida en algo».

- Pero sola en el pueblo...
- Sola no, tengo alrededor de treinta gatos, mis gallinas, unos conejos, una ganadería surtida; pero ya se que tu lo decías por tener miedo, ¿a qué?, ¿a qué van a venir aquí? además tiro de escopeta, no me ando con bromas, unos que andaban ahí tonteando con una furgoneta ya lo saben, salieron que perdían el culo.

Es Concha, una mujer rural e irrepetible, valiente, animosa siempre y trabajadora desde niña. «Con catorce años marché del pueblo, Cabanillas, a trabajar, no me gustaba el ganado y me puse a fregar en León, que es donde me destrocé las rodillas, que estoy operada de las dos y no se de cuántas cosas más, pero no os voy a hablar de desgracias... mejor, probar este orujo que lo hago yo, es de frutas».

- No te gustaba el ganado pero acabaste en él.
- Te voy a decir la verdad, no tuve pretendientes que no fueran ganaderos y mi marido era bien bueno, lo conocía todo el mundo de las ferias, todavía pasan muchos amigos por aquí a echar una parrafada. Y, si no, pues marcho a dar un paseo, que me gusta y ando ligera.

Sí lamenta el olvido en el que tienen a su pueblo «quién sea». Y relata: «Las calles ya ves, sin asfaltar, que cuando llueve es un barrizal; no hay agua corriente, que es del pozo; la chicha cuando viene sin internet, el teléfono es de esos de track, que nada más que truena hay que desenchufarlo... ¿más? puedo seguir».
Yremata: «Pues vivo como Dios aquí, no marcho, no».
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