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Los paisanos de 'Milio'

CULTURASIR

Emilio Gancedo lleva a su libreta las reflexiones del leonés de su libro, Maxi Arce, en  presencia de su mujer. | ISABEL RODRÍGUEZ Ampliar imagen Emilio Gancedo lleva a su libreta las reflexiones del leonés de su libro, Maxi Arce, en presencia de su mujer. | ISABEL RODRÍGUEZ
Fulgencio Fernández | 15/03/2015 A A
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Los paisanos de 'Milio'
LNC Domingo ‘Palabras mayores’ es el título del libro que acaba de publicar el periodista Emilio Gancedo, fruto de su vuelta a España en 23 personajes, 23 libros abiertos que ha encerrado en uno solo. Una joya
Si el periodismo fuera lo que hace Emilio Gancedo estaría justificada aquella frase hecha de que "es la profesión más bella del mundo". Si los paisanos de esta tierra la sintieran como ‘Milio’ habríamos hecho de ella otro lugar mucho "más prestoso", que diría él.

Fruto de esa forma de sentir el periodismo y de esa forma de ver a sus paisanos (y a los de todo el país) acaba de ver la luz un impagable libro del citado Gancedo, ‘Palabras mayores’, que también podría ser ‘palabras de mayores’, que muchas veces es palabras de sabios, de buenas gentes, de tipos de casta y raza, las verdades del barquero. Varios meses de trabajo por todo el país, rastreando palabras mayores.

"Hay veces que esta profesión también te llega a ahogar, parece que te falta oxígeno y ante esta situación yo sentí la necesidad de apartarme tres meses de la vida a cinco columnas para lanzarme a la carretera y plasmar un proyecto que hacía tiempo me rondaba la mollera".

Su experta mirada y haberlo vivido todo les hace poner la situación actual en su justo lugar ¿Yqué le iba a rondar en la mollera?, para quien le conoce o lee es fácil, el mundo rural, las gentes del mundo rural. "Creo que es una pasión que nace de haber compartido muchas cosas con los agüelos (los tuve de ribera y de montaña) y por haber escuchado mucho sus historias de caza, de guerra, de entrega de cartas en condiciones imposibles y de ir a recoger carbones a la vía cuando pasaba el tren (los del Esla) o, por ejemplo, la ausencia de rencor en los ojos de mi agüelo el montañés (de Lodares) aunque le hubieran sepultado el pueblo bajo muchos hectolitros de agua".

Y buscó personajes como ‘güelo’, el que hizo la casa con sus manos, tan sólida que tuvieron que dinamitarla desde dentro para tirarla. "Todo era casi mágico en él, tenía un perrín, Caifás, que lo dio a un paisano del valle de Reyero pero se le escapaba todo el rato para volver a Lodares y tuvieron que ahorcarlo. Eran vidas sencillas pero llenas de gestos, palabras, valores, vestidos, historias, anécdotas, comportamientos… muy alejados de nuestra experiencia cotidiana. Eran como portavoces de un mundo que se esfumaba rápido, como oráculos de otro tiempo".

Cogió el coche y no se paró en gasolina, le daba igual que en Izagre o Arbás se acabara la provincia, él siguió y encontró personajes parecidos por todo el país.

"Busqué lo que nosotros llamamos tipos auténticos. Mayores de 75 años, procedentes del medio rural (o marítimo) y cuya experiencia vital nos pudiese ayudar a aprender cosas valiosas y a poner en su justa medida la crisis actual, plagada de mensajes apocalípticos (y de la que el representante de Zaragoza decía: ‘Esta es una crisis preparada, orquestada, por los mismos poderes de siempre, no lo olvidemos’). Si estas gentes superaron guerra, posguerra, represión, hambre, carencias médicas y salubres, y labores agrarias con herramientas medievales que hoy nos dejarían baldados aunque sólo nos pusiéramos a ello media hora, ¡pues vamos a ver cómo lo hicieron! Quizá podamos aprender algo de su ejemplo". 

Y Emilio Gancedo nos regala esos ejemplos, esas palabras en su libro. Exprimió las horas y horas que pasaba hablando con ellos, nadie le cerró la puerta. "Son gente generosa, acostumbrada a dar;ése es su primer ejemplo, que aprendieron las virtudes de la cooperación porque esa era la única forma de supervivencia que se tenía antaño. Quizá la solución a nuestros problemas no la tengamos que buscar en Bruselas o Berlín sino aquí al lado, en los sistemas de cooperación y trueque que hicieron posible la vida social en los pueblos… Eso sí, España no se divide en norte y sur, o este y oeste: se divide entre quienes te sacan un chato de vino y algo de comer y quienes no".

Uno por Comunidad, donde era imposible apartar a uno, como en Aragón, dos;y dos de esta tierra, uno de León y otro de Castilla Norte. "El castellano es un gran tipo, el señor Exuperio de Llano de Olmedo, conviene escucharle cuando reflexiona: ‘A mí que no me vengan con esa camarilla de Bruselas, que no hay más que jefes, delegados, subdelegados, secretarios… ¿vais a venir vosotros a cuidar los animales y a aprovechar los pastos? Andar, andar por ahí que no tenéis perdón de Dios… herejes’)".

¿Yde León? Un maragato. Maxi Arce. "De Rabanal del Camino, niño que apacentó ovejas en parajes olvidados, semanas enteras con la única compañía de un mastín. Dice una frase lapidaria:‘Mis padres no pudieron darme estudios pero sí me dieron educación’".

Quizás la solución a nuestros problemas no esté en Bruselas sino en la colaboración Frases así de contundentes son uno de los regalos del libro, filósofos de la vida, palabras de la experiencia. Emilio Gancedo selecciona algunas de aquellas que cuando las escuchó pensó:"¡coño!".

- Lines Vejo, de Caloca, el pueblo más alto de Cantabria: "Hasta aquí llegué, dijo el sabio, y mañana iré, dijo el tonto".

Juanita Somalo, extraordinaria contadora de cuentos riojana: "Hay que llenar las cabezas antes que los bolsillos, señores…".

Francisca Consuegra, manchega de Camuñas: "¡Si no hace falta tener mucho! Con comer y vivir regular, ya está. ¡Lo demás para los tragones!".

Y no faltan, claro, una larga serie de dichos y refranes que se ajustan como la cacha al pastor con los hechos que estos personajes están comentado.

Le interesó a Emilio conocer su versión de la crisis, saber qué habían hecho ellos cuando se vieron en otras parecidas o, casi siempre, peores. Claro que encontró respuestas:"Paulino Córdona, de Priego (Cuenca), pedía a los políticos que se dieran una vuelta por estos pueblos a ver cómo está el panorama… Pero sin el coche oficial, ¿eh? Andando, andando. Para rematar:‘Lo único que quieren es que nos muramos del asco’. Pau Bosch, ganadero de vacuno en Mallorca, se muestra convencido de que ‘vivimos unos años en los que parece que todo lo pequeño tiene que desaparecer’;Crispín Arregui, desde su caserío perdido en el monte se preguntaba:‘¿Dónde está la gente con palabra, de aquellos que, con la palabra dada, ya bastaba? ¿Se han muerto todos? ¿Ni uno, ni uno solo quedará?’".

Y un apartado fundamental del libro de Gancedo es el de los hechos curiosos o inexplicables que en tantos años de vida como acumulan todos sus protagonistas han protagonizado o visto. Cree el autor que el realismo mágico vive en muchos de ellos. "Tal es el caso del gallego, ¡cómo no! José Fernández Canosa, ‘O ghaiteiriño do Piñeiro’, pontevedrés, que vio una vez una extraña ‘vaca fantasma’; el triple aullido de un perro le avisó de la muerte de su padre mientras trabajaba de albañil en Suiza y cuenta también con una cosmología propia y singular: ‘Nin Deus sempre é bo nin o Demo é sempre malo… por iso hai que crer nos dous".

Pero siente especial predilección por un matrimonio asturiano de Caleao, Arcadio Calvo y Lelia Aladro, que hablan en bable y cuentan historias mágicas. «Contaban la historia del Cazaorín de Casu, una especie de Guillermo Tell del siglo XVIII, o la de unos extravagantes ‘calzoncillos comunales’ que se tenían en el pueblo y que la gente debía ponerse (de aquella no se gastaba tal prenda) cuando tenían que ir a hacer alguna gestión a Oviedo. Se guardaban en un armarito de la iglesia y por eso muy pronto por la mañana solía oírse:
-¿Estu cómo se pon….?

Y alguien respondía:
-¡Lo cagáu pa’l culuuuu…!».

Y es que el humor es otra de las señas de identidad del libro y sus habitantes.
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