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Los inolvidables: Titi, de la Movida al Húmedo

Los inolvidables: Titi, de la Movida al Húmedo

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Fulgencio Fernández | 24/05/2020 A A
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Los inolvidables: Titi, de la Movida al Húmedo
LNC Domingo Vicente Blázquez, para los habituales del Húmedo ‘El Titi’ o Fellini, falleció hace unos días a los 64 años. Madrileño y miembro activo de la famosa movida llegó a León hace unos años y era habitual encontrarlo con sus famosos pasquines de humor negro, recitando un poema o contando una anécdota de una biografía que más bien era una novela
Se dice muchas veces que la mejor novela de cualquier escritor es su propia vida, incluso lo dejó escrito el este año celebrado Benito Pérez Galdón (es su centenario): «Por doquiera el hombre va, lleva consigo su novela». No siempre será verdad, habrá novelistas de vida anodina pero hay quien nos deja con poca vida escrita y merecería la pena su novela. Un caso muy claro sería Vicente Blázquez Doménech, para los habituales del Húmedo Titi o Fellini, pues hablaba con frecuencia de una película (un corto de 20 minutos) en la que participó en el Madrid de final de siglo XX titulado ‘La gran tasca’, que si un aire tiene es evidentemente felliniano y que, como homenaje a este personajes que se nos ha ido, bien merece la pena ver los singulares personajes que desfilan por aquella tasca de vinos llamada Casa Donato.

En algún cajón, o vete a saber dónde, andará también otro guión en el que tanto tiempo trabajó, o al menos de él hablaba, con título algo apocalíptico, ‘Fin del mundo 2050’. También deja algún que otro vídeo grabado en algún tiempo en el que gozó de móvil y quiso hacer honor a su segundo apodo de Fellini (algunos le llamaba también Onetto por una melena de medio lado que lució en épocas).

Pero para la gran mayoría de los leoneses que le conocieron y para todos los habitantes del Húmedo fue Titi, protagonista anónimo de esta sucesión de noticias en tiempos confinados. «Un varón ha fallecido en una calle de Trabajo del Camino. Varios alertantes, previsiblemente vecinos de la zona, dieron al aviso al Servicio de Emergencias 112 de Castilla y León quien desplazó...». El hombre era Titi, Vicente Blázquez, y no parece que la causa haya sido el virus.

Al margen de su faceta felliniana la más conocida de él era su vida diaria, los pasquines artesanales de humor —humor negro, como la vida, según él— que repartía por el Húmedo, los poemas que te recitaba o escribía y, de vez en cuando, un dibujo, pues no en vano era hijo de un muralista, profesión que llevó a Titi por sus dos primeros destinos en la vida: Madrid, Baracaldo, regreso a Madrid y desembarco en León.

La vida de Titi fue una gran novela. O él la hizo novela. Sus anécdotas saltaban de Almodóvar (a quien echó de un bar por morrearse) a Mariscal Romero, habitual de Malasaña, monologuista, batería de Coz, acompañante de muchos grupos y ayudante de cámara con Alfonso Arteseros, en uno de cuyos documentales —Pepe Díaz (el rojo Andaluz)— contaba una anécdota que define a Fellini. «Teníamos que grabar en Moscú y le exigí que me comprara un uniforme de mayordomo con guantes blancos. Y de esa guisa grabamos en la capital soviética».

Y mil historias más de Titi, el hombre que fue una novela.
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