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Los enigmas de 'El Bueno'

Los enigmas de 'El Bueno'

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José María Fernández Chimeno | 18/03/2019 A A
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Los enigmas de 'El Bueno'
Cultura Esta fue la primera escultura monumental de León y Fernández Chimeno la analiza coincidiendo con el 725 aniversario de la hazaña de Alfonso Pérez de Guzmán
En el año que se conmemora el 725 aniversario de la hazaña de Alfonso Pérez de Guzmán (el Bueno), el Ayuntamiento de León prepara un congreso de este personaje histórico, coincidiendo a su vez con el aniversario de su muerte –se cree que falleció el 19 de septiembre de 1309-. Este artículo pretende ser un sentido homenaje a la figura del prócer héroe leonés que fue elegido, entre otros muchos, para representar en una escultura monumental el carácter de un pueblo indomable y legendario.

Por su impronta institucional la «escultura conmemorativa» alcanzó un desarrollo considerable en la España decimonónica de finales del siglo XIX. La elevada consideración de que gozaba por parte de la sociedad isabelina se constata en que pronto se convirtieron en símbolos de las ciudades, elementos icónicos de su urbanismo y recordatorios de las gestas heroicas realizadas por sus antepasados. Hay que recordar que no solo tenían connotaciones de deleite sensorial, sino que también servían como vehículo de difusión de la identidad nacional que se quería inculcar al pueblo; las imágenes religiosas se fueron sustituyendo paulatinamente por «estatuas de honor» de aquellos personajes que habían traspasado la puerta de la inmortalidad para convertirse en héroes, igualmente susceptibles de culto.

El “célebre hijo” que aglutinaría todos los valores y virtudes reseñados, tendría que sobresalir de entre aquellos varones ilustres leoneses propuestos por D. Policarpo Mingote y Tarazona (1848-1918). Quien fuera director del Instituto provincial de León, así como concejal y teniente de alcalde de León, era el autor de Varones ilustres de la Provincia de León (1880) entre otras obras de valor. El héroe inmortal, a quien León iba a destinar un lugar preferente en su ensanche, no se correspondía con la grandeza de reyes por todos conocidos, como Alfonso V (el del Fuero de León de 1017), Alfonso VII (el Emperador) o Alfonso IX (el de los Decreta de 1188), sino con el ideal de sacrificio, de dignidad en la derrota y de saber plantar cara al enemigo ante la adversidad; rasgos que representan todos los valores consustanciales al carácter leonés.

La erección de la estatua de Alonso Pérez de Guzmán (El Bueno) no estuvo exenta de polémica desde el mismo día en que el flamante diputado a Cortes por la circunscripción de La Bañeza, Gabriel Fernández Cadórniga, se le ocurrió la idea de conmemorar el VI Centenario de la gesta que el caballero leonés había llevado a cabo en Tarifa, allá por el septiembre de 1294. La querencia hacia la tierra leonesa que demostró siempre el jefe del Gobierno, Práxedes Mateo Sagasta, al tener aquí casada a su única hija, Esperanza, con el joven político Fernando Merino, pudo ser una de las causas por la que en la Gaceta de Madrid Nº 199, del 18 de julio de 1894, la reina regente firmaba en San Sebastián un Real decreto, presentado por el propio Presidente del Consejo de Ministros, donde se ordenaba erigir una estatua a la figura de Guzmán (El Bueno).

En virtud del cumplimiento de la ley del 18 de julio, a los tres meses de publicada se debía de anunciar por la Diputación quedar abiertos los concursos entre Escultores y Arquitectos españoles. El viernes 27 de julio de 1894, se recogían en el Boletín Oficial de la Provincia de León (Nº 12) las cinco condiciones en que se ha de llevar a cabo el Real decreto; y el 8 de agosto del año en curso se presentó el dictamen para su aprobación en Sesión ordinaria:

«Los Diputados que suscriben, Vocales de las Comisiones de Hacienda y Fomento, encargados de emitir dictamen para dar cumplimiento á la ley del 18 de julio último en que se manda erigir un monumento que recuerde el hecho heroico llevado a efecto por el insigne Caballero leonés Don Alonso Pérez de Guzmán, titulado el Bueno, en la defensa de la plaza de Tarifa, se han enterado de los preceptos que dicha ley contiene y, animados del mismo entusiasmo que inspiró para iniciar y defender el proyecto a nuestro ilustre paisano el Senador por la Provincia Excmo. Sr. Don Gabriel Fernández de Cadórniga, tienen el alto honor de manifestar y proponer […] consultar á la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la forma en que dicho concurso debe abrirse y premio en metálico que ha de asignarse al autor cuyo trabajo acepte dicha ilustrada Corporación, con la advertencia de que la situación económica de la provincia no es muy próspera.

Al mismo tiempo y también para llenar una de las formalidades del citado acuerdo, se optó por dirigir atentas cartas a los Ayuntamientos de Gijón y Salamanca, rogándoles se dignen remitir á esta Diputación una copia de las bases por las que salieron a concurso las estatuas erigidas en dichas poblaciones o forma en que se tuvo, con los demás detalles que crean necesarios facilitar y que sean convenientes al objeto que se propone esta Corporación». [ADPL. Caja 20104-8 (Doc. 6)]
La tan traída y llevada penuria económica tenía un origen real. Algunos de los Vocales se dirigen por carta a la Diputación, el 7 de agosto de 1894, protestando en los siguientes términos:

«Los que suscriben, Vocales de la Comisión de Hacienda identificados por completo con el espíritu que informó la ley de 18 de julio próximo pasado, disponiendo la erección en esta Capital de una estatua que representa la figura de Alonso Pérez de Guzmán (El Bueno) merecedor por sus heroicos actos del reconocimiento perpetuo de la Nación Española, no pueden menos, aunque con el mayor sentimiento, de disentir en lo sucesivo de mis compañeros.
La circunstancia de no existir en el presupuesto provincial crédito con que atender al gasto que se le agrega, y la imposibilidad que ven de recargar a los pueblos con mayores derramas, dadas las circunstancias verdaderamente críticas por qué la provincia atraviesa agobiada por la plaga filoxera que destruye su principal elemento de riqueza, y por la langosta que en la comarca del Bierzo se presenta en terribles proporciones, obligan a los firmantes a procurar no se agobien más los abatidos pueblos». [ADPL. Caja 20104-8] (Doc. 7)

En consecuencia, los diputados provinciales proponen que se supriman los premios en metálico y que se señale como premio para los autores de los proyectos de modelo declararles “hijos predilectos y beneméritos” de la provincia, constando sus nombres en Actas de la Diputación y en el pedestal de la estatua. La propuesta se sometió a votación en la citada Sesión del 8 de agosto del vigente año y fue desechada por diez votos contra tres.

De tal decisión se congratuló el Gobernador Civil D. Saturnino Vargas Machuca, quien se dirige por carta, de 27 de octubre de 1894, al Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, D. Pedro de Madrazo y Kuntz, solicitando informarse de la forma en que había de anunciarse el concurso. Mientras que del requerimiento de colaboración a las alcaldías de Gijón y Salamanca, tan solo se tiene constancia de la contestación que el 4 de octubre de 1884 realiza el alcalde salamantino D. Ricardo Torroja y Madero, quien en carta dirigida al Vicepresidente de la Comisión provincial le advierte: «Si no estoy mal informado la Comisión que en el año 1868 se constituyó para erigir una estatua al Maestro Fray Luis de León, fue constituida por individuos del Claustro Universitario y bajo la Presidencia del Señor Rector, por lo tanto los antecedentes de este asunto deben existir en el Archivo de la universidad».

Con la entrada del nuevo año, el Gobernador Civil de León dirige un oficio a la Comisión provincial instándole a que en virtud de las facultades que compiten al citado organismo, por el artículo 61 de la Ley orgánica, se incluya en la convocatoria extraordinaria del mes de febrero de 1895, presentar la resolución del asunto referente a la erección en esta Capital de una estatua al insigne leonés (Guzmán el Bueno). La Comisión provincial, en un oficio de 13 de enero de 1895 «acordó en sesión del 12 del corriente anunciar en la Gaceta de Madrid el concurso público entre escultores y arquitectos españoles para la erección en esta capital de una estatua que represente la figura…». En respuesta a la solicitud de la Comisión provincial (11 de julio de 1895) para que el Ayuntamiento de León nombre el sitio más oportuno donde emplazar la estatua del insigne leonés, la Alcaldía Constitucional de León en la persona de su corregidor, D. Lucio García Lomas expone en un oficio con fecha 30 de julio del año en curso, lo siguiente: (Fig. 2)

«En Sesión del 18 de julio del que rige aprobó por unanimidad el insigne Ayuntamiento el dictamen emitido por la Comisión de Policía y por el Arquitecto municipal que á letra dice: “Designados los que suscriben por el Ayuntamiento para acudir a la invitación de la Excma. Diputación provincial, a fin de intermediar de común acuerdo el lugar más apropósito para su emplazamiento del proyectado monumento a la memoria de Alonso Pérez de Guzmán (el Bueno); y habiendo resultado por unanimidad elegir el punto donde se cruzan la calle de Ordoño 2º en su prolongación hasta el puente, y el paseo de Guzmán el Bueno, que en forma de tal ha de extenderse hasta San Marcos, en todo proyecto de ensanche que se formule, fueron encargados los Sres. Arquitectos provincial y municipal, en unión del presidente de la Comisión de Policía y obras, de estudiar sobre el terreno, si el emplazamiento reúne las condiciones necesarias y consultar la opinión del Sr. Ingeniero Jefe de la provincia por tratarse de una carretera del Estado”». [ADPL. Caja 20104-8] (Doc. 22)

A la espera de quedar resuelto el lugar de emplazamiento de la estatua conmemorativa, el siguiente paso a dar sería presupuestar el pedestal. Para ello, «en Sesión del 14 de febrero último acordó la Diputación, contestando a la Real Academia de San Fernando que asigna la cantidad de 35.000 pesetas para todos los gastos de construcción del pedestal, modelo en yeso de la estatua y premio a los concurrentes al certamen, dejando la…». (Doc. 21)

El miércoles 22 de enero de 1886, se publicaban en la Gaceta de Madrid (Año CCXXXV -Nº 22) las bases del concurso: Primera.- Los artistas que deseen tomar parte en este concurso presentarán en la Secretaría de la Diputación provincial de León […] un boceto en yeso de la estatua y del pedestal ó un anteproyecto de éste, ambos á la octava parte del tamaño de ejecución, que será para aquella el fijado por la expresada ley de 3 metros y 50 centímetros, incluso el plinto, y para el pedestal, la que juzgue el artista más en proporción con la altura de la estatua. La realización del pedestal no podrá exceder en ningún caso de la cantidad de 25.000 pesetas, incluidos los honorarios del Arquitecto, y el premio para el escultor de la estatua elegida consistiría en 12.000 pesetas, incluyendo en esta suma la remuneración por el modelo en yeso de su tamaño definitivo (3.50 m.) y «todos los gastos que puedan ocasionarle al artista hasta dejar entregada su estatua en la fábrica de cañones de Sevilla en donde se ha de fundir por cuenta del Estado».

Una vez recibidos los modelos y anteproyectos en la Diputación de León, el 4 de marzo de 1896 la Comisión Provincial acordó ordenar al arquitecto provincial Francisco Blanch y Pons que bajo su inspección se procediera al embalaje de los seis proyectos presentados y que se facturasen en doble pequeña velocidad en la Estación de Ferro-Carril a nombre del Secretario general de la Real Academia de San Fernando, D. Simeón Ávalos. 3 meses después, tras arduas deliberaciones, la Real Academia envía dos comunicados con fecha 9 de Junio.

«Esta Real Academia ha examinado los bocetos presentados a concurso abierto por la Diputación de León para erigir un monumento en aquella capital a su heroico hijo D. Alonso Pérez de Guzman (El Bueno). Seis son los presentados al certamen en conformidad con la base tercera del Programa publicado en la Gaceta el 23 de Enero último y sus autores por el orden de presentación los siguientes: D. Inocencio Redondo de León, D. Mateo Ynurria, D. Aniceto Marinas y D. José Alcoverro, los tres de Madrid; D. Francisco Requena de Cartagena y D. Pedro Carbonell de Barcelona […]. De ellos, tres son los que más se aproximan al concepto ó ideal que todos formamos de aquella ejemplarísima hazaña y son los de los tres D. Mateo Ynurria, D. Aniceto Marinas y D. José Alcoverro. El primero representa al héroe en estado de concentración, de lucha de afectos precursora de aquella heroica resolución que nos trasmite la historia y los segundos con diferente actitud en el momento de arrojar el puñal...» [ADPL. Caja 20104-8] (Doc. 33)

El segundo comunicado marra que una vez «examinado los bocetos o ante-proyectos de pedestal presentados a concurso abierto […] hay dos que con algunas modificaciones pudieran resultar aceptables, presentados por el Arquitecto D. Arsenio Alonso y por D. Gabriel Abreu». Al final la Academia se decide por el que firma D. Gabriel Abreu que se inspiró en la arquitectura egipcia (debiendo modificar los florones de bronce y hacerlos en piedra). Sobre la escultura, los tres concursantes seleccionados tuvieron que ampliar su obra al cuarto del tamaño definitivo, y tras valorar sus cualidades artísticas, la Real Academia dirigió una carta el 6 de noviembre de 1896 a la Comisión provincial, donde analiza las obras y emite su veredicto en favor del escultor Aniceto Marinas; quien, «al adaptar su boceto y desviarlo del movimiento y expresión que en un inicio tenía, logró, a ojos del Cuerpo artístico ser merecedor de la adjudicación del premio».

Fernández Chimeno es Doctor en Historia (historiador de arquitectura) y escritor.
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