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Los buenos, y los mejores

Los buenos, y los mejores

OPINIóN IR

18/04/2019 A A
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Los buenos, y los mejores
Después de muchos años como profesor universitario, sin permanecer ajeno al devenir cotidiano de los profesionales de todo pelaje a lo largo de estas décadas, uno acaba por darse cuenta de que no todo queda encerrado en una nota, en una calificación numérica. He cruzado mi camino con el de miles de jóvenes estudiantes. La gran mayoría han quedado perdidos en una nebulosa. Otras veces, más bien pocas, el recuerdo de alguno de ellos ha quedado anclado, imperecederamente, en mi memoria. Algunos eran buenos. Otros eran los mejores aunque no fueran de los buenos, simplemente eran los mejores porque tenían algo que los hacía diferentes. Pasados los años puede que de nuevo los encuentres de repente, vuelvan a cruzarse en tu camino y compruebas, con gran alegría, que en la mayoría de los casos han triunfado, si no lo han hecho profesionalmente, si que lo hicieron en su trayectoria personal. Viven de una forma parecida a aquella que soñaron. Lograron hacer coincidir su pasión y su trabajo. No escatimaron esfuerzos, aunque la contraprestación económica recibida a cambio no fuera en muchas ocasiones la debida. Aun así, no cejaron en su empeño, siguieron adelante, remontando la corriente, abandonando para siempre la huella de la manada, rompiendo moldes y desoyendo consejos de aquellos que todo lo fían a un salario estable, a un coche de gran potencia, a una casa con hipoteca perpetua, a unas vacaciones en un lugar en el que nunca debieran encontrarte. Ellos han preferido otros caminos. Cuando jóvenes eran inconformistas, solidarios, aventureros, transgresores, responsables, constantes, tenaces. Ahora, muchos de ellos ya en la treintena, la cuarentena o incluso la cincuentena, son tenaces, constantes, responsables, transgresores, aventureros, solidarios e inconformistas. Ellos, muchos de ellos, han hecho que la vida sea mejor para todos. Cuando los veo, cuando sé de su historia vital, no puedo negar que siento una punzada de orgullo en el estómago. Quizás no fueron buenos, pero lograron convertirse en los mejores.
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