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Locos por el swing

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Menil es un virtuoso cuarteto que se mueve en la tradición manouche y que recientemente ha publicado un nuevo disco. | L.N.C. Ampliar imagen Menil es un virtuoso cuarteto que se mueve en la tradición manouche y que recientemente ha publicado un nuevo disco. | L.N.C.
Emilio L. Castellanos | 09/09/2016 A A
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Locos por el swing
Jazz Villamañán acoge el fin de semana una nueva edición del Festival de Jazz, que incluye una docena de conciertos en diferentes enclaves
El Villamajazz siempre se ha evadido del tópico y liberado de las opresiones que proporcionan los corsés, de tal forma que, once años después de la celebración de su primera edición, disfruta de una personalidad propia y singular que ha acabado convirtiéndose en su principal aliciente. Porque de este festival de jazz, que hace de Villamañán, una localidad leonesa de apenas mil habitantes, uno de los grandes referentes del swing nacional, siempre se han ausentado las convenciones y ha hecho de la estrecha complicidad entre músico y público su principal seña de identidad. Así lo quiso Joaquín Tejedor cuando, apurando aún sus estudios de Derecho, decidió embarcarse en su organización, casi inconscientemente, para así conciliar sus dos grandes debilidades: su pueblo y el jazz manouche, ese estilo musical que auparon a la gloria eterna los gitanos europeos de principio del siglo pasado y del que el guitarrista belga Django Reinhardt es su mítico guía. El inicio del Villamajazz fue consecuencia de la ingenuidad de Tejedor, que jamás pudo prever el carácter monumental que ha acabado asumiendo. El buscaba compartir con sus paisanos la pasión que sentía por una música (swing, manouche, gypsy-jazz..., póngase el nombre que se quiera) que encuentra en el jazz el acomodo idóneo para desplegar su gigantesca voz.

El Festival de Jazz de Villamañán, cuyo ayuntamiento es uno de sus principales patrocinadores, convive de manera natural con el programa de festejos de la Virgen de la Zarza. No podía entenderse uno sin el otro. Y precisamente por enmarcarse en un contexto así, esencialmente festivo, ha acabado por dotarse de una entidad exclusiva y sólo entendible en Villamañán. No se esperen grandes escenarios. Estos se sitúan a pie de calle, evitando la distancia entre público y músico y fortaleciendo el contacto íntimo entre ambos. «El festival no es una simple suma de conciertos. Es algo mucho más abierto que guarda momentos inolvidables, como esas improvisadas jam que se prolongan hasta entrada la madrugada o la relación que se establece entre la gente del pueblo y los músicos participantes», comenta Tejedor cuando ya se vislumbra el inicio de la XI edición, prevista para este fin de semana y en la que, a lo largo de las tres jornadas que durará, quedarán depositadas doce actuaciones. El Villamajazz, cuyo símbolo iconográfico es una liebre, también se nutre financiariamente de la venta de camisetas (cada año se elige un color y en esta ocasión estas serán rosas) y chapas para así redondear un presupuesto en el que también suele colaborar la Diputación.

La nueva edición del Villamajazz volverá a estar presidida por la variedad. Es este un festival del que hay que aprovechar todo. Lo que está escrito en el programa y lo que no. Todo es paladeable. Desde luego, el programa debe ser del agrado de sus asistentes que, año tras año, multiplican su asistencia y dotan de color e intensidad a una muestra musical a la que le sobra energía. Y precisamente porque el Villamajazz va a su aire, su decimoprimera entrega reserva espacio también para un grupo de raíz sixtie instruido en la esencia pop-rock, como Los Platillos Volantes, ajeno a la estética swing, y otorga el privilegio de la inauguración (este viernes en la Plaza Mayor) a Smokey Blues, banda ponferradina entregada a la causa blues, soul y funky. Además, también, fiel a su esencia y a su propia tradición, abre nuevamente sus puertas a grupos tan carismáticos para el festival como los leoneses Tri Full Jazz (al que se le ha reservado su habitual hueco en la Plaza La Leña y que hará doblete, contando con Beatriz Larom para un concierto dedicado específicamente a los chavales) y Gatos Swing, que regresa al programa tras un año de ausencia. Rädio Lulú, ese proyecto del guitarrista Emilio Saiz y la cantante Leticia Robles que propicia el entendimiento entre el swing y otros paisajes sonoros, también estará en Villamañán, al igual que el trío liderado por Pablo Geijo.

El Villamajazz se cerrará a golpe de dixie gracias al concurso Lola Dixieland. Hasta entonces, el público habrá tenido la oportunidad de degustar mucho swing, el que le proporcionarán grupos como Gypsy Joe Hot Club o Elvis Gypsy Project, banda vallisoletana que trasladará el repertorio de Elvis Presley al universo maonouche. Dos proyectos de Raúl Márquez, sin duda alguna uno de los mejores violinistas españoles swing y de sobra conocido en Villamañán, levantan gran expectación tras anunciarse su presencia en tierras leonesas: Swing Machine Orchestra, una orquesta de cuerda formada por una docena de músicos, y Menil, virtuoso cuarteto que se mueve en la tradición manouche y que recientemente presentaba su nuevo disco.
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