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"Lo que va a quedar son mis canciones, no mis conciertos"

"Lo que va a quedar son mis canciones, no mis conciertos"

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Luis Miguel Díez es un veterano músico leonés que militó en Fundición Odessa, Zumo y ahora en Tambor. | TXEMA RAMOS Ampliar imagen Luis Miguel Díez es un veterano músico leonés que militó en Fundición Odessa, Zumo y ahora en Tambor. | TXEMA RAMOS
Joaquín Revuelta | 20/05/2020 A A
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"Lo que va a quedar son mis canciones, no mis conciertos"
Música Luis Miguel Díez, integrante junto con el también leonés Heliodoro Villa del dúo Tambor, que acaba de publicar el disco ‘Royal Sigor’s’ como homenaje a las discotecas leonesas, habla del peculiar método de trabajo de la formación, que se sustenta en el uso de la tecnología
La hoja en blanco es el punto de partida en el proceso creativo de los dos integrantes del dúo leonés Tambor. «Comenzamos a tocar simplemente. Al tiempo que realizamos progresiones de acordes vamos poniendo en común algunas ideas y vamos construyendo la pieza y las canciones a medida que avanzamos en ese proceso», sostiene Luis Miguel Díez, para quien «se trabajan las canciones sin ideas previas, una cosa te va llevando a la otra y así vamos construyendo. Ademas, siempre lo hacemos conjuntamente, nunca por separado. La distancia física y el hecho de que solo nos podamos ver unas horas cada quince días hace que para cada disco necesitemos un mínimo de cinco años, como ha sucedido en el caso de ‘Royal Sigor’s’ con relación a nuestro anterior trabajo ‘Philips vs Sanyo’ que data del año 2015», asegura el compañero de aventura musical de Heliodoro Villa en Tambor.  
   
‘Royal Sigor’s’ reúne diez nuevos temas concebidos «desde la óptica del perdedor», señala Díez, al tiempo que nos invita a hacer un ejercicio de nostalgia de la mano de los títulos de sus canciones, con los que recorren parte de las míticas discotecas de León y provincia que en los años 80 se erigieron en auténticos templos del entretenimiento para toda una generación.

La ironía y el sentido del humor juegan un papel importante en los textos, por los que transitan los perdedores del día a día, siempre envueltos en un halo de resignación. «Las discotecas no son las protagonistas de las canciones sino que sirven de trasfondo para la historia, salvo en las dos de la cuenca del Bernesga en los pueblos de La Pola de Gordón (Royal Sigor’s) y Ciñera (Xina’s), que en este último caso funciona también como excusa para hacer un retrato rural de un tiempo que ya sólo queda en la memoria de los más mayores y en concreto de la generación que vivió la época de los lentos en las discotecas y los veraneos de tres meses en el pueblo de los padres», argumenta Díez, para quien la música no sigue un hilo conductor y plantea cada canción como una entidad singular que adquiere sentido colección al escuchar el disco completo. «‘Royal Sigor’s’ es un Lp, no una colección de canciones, un largo que comienza con sonido industrial y va descendiendo hasta desembocar en colores acústicos con espíritu analógico», sostiene el músico.

Luis Miguel Díez asegura que el planteamiento de Tambor respecto a la mayoría de las bandas es diferente. «Nosotros no guardamos canciones para ser utilizadas en futuras publicaciones. En realidad cuando disponemos de una media hora de música la publicamos directamente. En el futuro puede que ya no volvamos a hacer formato físico», adelanta el excomponente de Fundición Odessa, que también quiere hacer mención a un segundo trabajo situado entre medias de ‘Philips vs Sanyo’ y ‘Royal Sigor’s’ que con el título ‘Single’ (2019) reúne tres canciones que, a su juicio, son un poco como el punto de inflexión de lo que fue Zumo y lo que pasa a ser Tambor. «Esas canciones, igual que las del primer disco de Tambor, ya estaban concebidas con el otro grupo. Tanto Heliodoro como yo teníamos algunas cosas iniciadas, algunos textos escritos. Esas tres canciones son las que utilizamos en plan conejillos de indias, a las que el año pasado le dimos un nuevo baño de sonido y las publicamos para que no estuviesen perdidas. Digamos que son canciones proto-Tambor que marcan los orígenes de la formación».

La declaración del estado de alarma como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el Covid-19 ha desbaratado en cierto modo los planes de publicación del tercer disco del grupo, cuya grabación y registro de sonido ya estaban terminados en diciembre. «La intención era sacarlo en Navidad, pero a última hora decidimos cambiar todo el trabajo de imágenes del cartel, carátula y demás porque ya lo teníamos pensado cuando iniciamos el proyecto cuatro años atrás y nos parecía que estaba algo desfasado. Hablamos con una especie de quinto Beatle que tenemos, Txema Ramos, al que pedimos que empezase a trabajar en la nueva carátula, un proceso que duró algo más de un mes. Hubo que enviar todo a Madrid para que se hiciesen las copias en formato físico y fue alrededor del 8 de marzo que recibimos el anuncio de que en una semana lo tendríamos. El 14 de marzo se decretó el estado de alarma y el disco estuvo parado en Madrid cerca de un mes. Cuando se empezó a reactivar la economía y empezó a trabajar alguna industria nos los enviaron. Tuvimos dudas de si comenzar con la labor de promoción del disco, pero más allá de llamar a los medios y darlo a conocer, lo que vamos a hacer es seguir haciendo canciones en cuanto podamos volver a reunirnos».

El proceso de trabajo de Tambor, que califican de «muy lento y artesanal» y en el que se procuran colaboraciones de otros músicos y cantantes que lo hacen de forma desinteresada con el grupo, hace que no se planteen actuaciones en directo. «Llevar esto al directo exigiría que para una canción igual hay que disponer de un flautista, de un baterista... y nosotros no lo tenemos. Y es más, yo no me acuerdo de las canciones.Ahora mismo no sabría tocar ninguna de las canciones que están grabadas en los tres discos», reconoce Díez, que vuelve a remitir al sistema de trabajo que sigue la formación y que les lleva a registrar arreglos que posteriormente no memorizan por la ausencia de ensayos. «Montar algo para el directo exige hacerlo bien y nosotros tenemos ya 55 años. Ya no quiero salir como cuando debuté con 15 años en la semana del fallido golpe de Estado de Tejero. Lo que va a quedar son mis canciones no mis conciertos. Tengo una relación más agradable con las canciones porque me representan más», sostiene Díez, que sin llegar a renunciar a la fuerza del directo y al contacto con la gente asegura que «nosotros somos una consecuencia de las condiciones en las que podemos trabajar. De hecho las canciones del último disco son bastante diferentes entre sí. No responden a una misma idea, pues eso tiene que ver con nuestro sistema de trabajo, cuyo resultado está condicionado por el método utilizado. Por razones obvias quedan fuera de la ecuación los directos», confiesa el músico leonés, que tampoco se plantea componer para otras formaciones. «La verdad es que no. Yo compongo por intuición y no me puedo poner en la piel de otro, aunque en este disco he hecho algo muy cercano a eso, pues la primera canción se hizo pensando en la cantante que acabó interpretándola. Pero habitualmente no es el caso», reconoce Díez.

La nostalgia es un concepto que impregna en cierto modo el nuevo disco del grupo Tambor al servir de recordatorio y homenaje a las discotecas que marcaron una época en la historia de esta provincia. «Cada uno es nostálgico de sus propias experiencias. Cuando se recurre a esa frase hecha que dice ‘en mis tiempos’ lo que solemos es asociar ‘mis tiempos’ al momento de apertura de la vida. La adolescencia es la primera juventud, cuando se pierde la inocencia, cuando las experiencias son tan potentes que te marcan para siempre. Y además son tiempos que no se recuerdan con amargura, luego ya la memoria se encarga de sublimarlo todo y es como los que guardan buen recuerdo de la mili. Es cierto que nosotros rememoramos en el disco esos tiempos y que echamos de menos un tiempo en lo que todo tenía más lo que yo llamo escala humana. Porque recibías unos discos de Discoplay, ibas a Liverpool o Xidas a comprar un disco y citabas el sábado a tus amigos para escucharlo en casa. No veías un disco nuevo hasta dentro de dos meses y nos lo sabíamos de arriba a abajo, probábamos a tocarlo, aprendíamos los textos... El vinilo era un formato que se presta mucho a la recreación artística, representó un género en sí mismo y hay carpetas de discos que son míticas y han dado pie a exposiciones. Somos fanáticos del vinilo en ese sentido, pero sacar vinilos ahora es caro y para un grupo como el nuestro que carece de fans, de repercusión, que carece de una rutina porque tampoco está profesionalizado ni nos ocupamos mucho de ello, pues no procede, la verdad», asegura el músico leonés, que no cree que las condiciones en las que Tambor hace música sean únicas sino que estarán siendo replicadas en todo el planeta. «Dos amigos o una persona que trabaja en casa y cuelga sus canciones. Eso es lo que me gusta de Internet, que sabiendo rastrear puedes descubrir en Alabama, en Francia o en Albacete a quien hace cosas sin tener muchos medios ni repercusión, pero del que puedes llegas a escuchar su disco a través del bandcamp, por ejemplo, que ahí colgamos mucho todos y oyes música muy libre además porque no está pretendida para el éxito ni para la radifórmula».

Luis Miguel Díez reconoce haber disfrutado intensamente cada periodo de su largo periplo dentro de la música.  «Con Fundición Odessa los directos los disfrutaba a lo bestia. De hecho, hay alguno colgado en la red  y no me reconozco. Se ve a una persona cercana al paroxismo. Sin embargo, no había disfrutado nunca haciendo canciones como ahora, sacando de dentro mi música, porque además no la tengo que consensuar con otras cuatro personas. No sé si es el momento en el que más estoy disfrutando, pero probablemente  sí es cuando mejor lo estoy paladeando y sacando todo el jugo de lo que hago».
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