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Liderazgo democrático

Liderazgo democrático

OPINIóN IR

12/01/2021 A A
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Liderazgo democrático
El aldabonazo del suceso lamentable y esperpéntico del Capitolio norteamericano supone un momento de inflexión grave para el orgullo de la primera potencia como un aviso importante para los populismos de un signo y de otro que asolan las tierras europeas, por no mentar las actitudes totalitarias que ya están asentadas en Centroamérica y Sudamérica, no digamos en tierras asiáticas.

Tanto va el cántaro a la fuente que termina rompiéndose en mil pedazos y eso, precisamente, es lo que se manifiesta en lugares donde el orgullo no les deja ver más allá de las antiparras y del postureo tan de moda entre nuestras democracias occidentales que se pasan largos períodos en reuniones maratonianas, discutiendo problemas urgentes y graves para obtener débiles acuerdos, con díscolos socios que no cumplen y señales evidentes de tics autocráticos permitiendo que se use el trampolín democrático para acceder al poder y debilitarlo.

La partida de ajedrez mundial está planteada de forma descarada y alimentada por una minoría millonaria que está realizando pingües negocios con el tráfico de datos y redes sociales, deslocalización de empresas, abusos sociales sin cuento, apoyo a movimientos migratorios con el fin de desestabilizar países en lugar de fomentar el desarrollo de los que necesitan un mejor modo de vida y promoviendo la incertidumbre en aquellos que disponen de modos de vida estables. EE.UU y Europa, así como sus socios, son un bocado exquisito para aquellos que desean invadir su mercado, aunque sus formas políticas obedezcan a sistemas autoritarios populistas liberticidas. Por supuesto España siempre ha gozado de una posición privilegiada para los populismos de cualquier origen, y ahora no se salva de la quema.

Y como una cuestión lleva a la otra, diremos que el asalto al Capitolio no nos ha extrañado en absoluto porque la clase política dormita y cuida de su parcela de poder sin solucionar los problemas de las gentes que ven cómo se esfuman sus puestos de trabajo, se deteriora su modo de vida, peligra su jubilación y su salud corre un grave riesgo porque disminuyen sus prestaciones, mientras ven cómo sus dirigentes están envueltos en escándalos de todo tipo. Paulatinamente el despropósito se desarrolla y las gentes radicales en un principio, y otras después, cansadas de tanta injusticia, se apuntan al estropicio. Vamos, que no descubrimos nada. Unos a las barricadas, a rodear el Congreso, asaltar la Generalitat, por ejemplo, acosar el Parlamento de Andalucía, protestar delante de las sedes de partidos democráticos, y todo porque no les han dado la razón en las urnas, aunque después pisen la moqueta y legislen en tiempo de pandemia sin que funcionen los mecanismos democráticos del control del pueblo y se aproveche el momento para elaborar leyes importantes que de otro modo no saldrían de acuerdo con las apetencias de los populistas de uno u otro signo.

Y esa es la clave, sencillamente como caldo de cultivo del cansancio del pueblo que tiene que lidiar con un virus asesino, sus salarios en ertes y en el paro, su sistema sanitario amenazado, un postureo mentiroso de los organizadores políticos y un porvenir incierto.

Los refranes son una fuente de sabiduría muy popular y hay uno que lo dice todo, sobre todo en nuestro solar hispano: «cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar». Lo que sucede en el caso español es que hay demasiados indicios y hechos de que no deben sorprendernos, ya que nuestro mal está en que hemos tenido advertencias importantes en demasiadas ocasiones y la pasividad de nuestra sociedad cuando se deja el sillón a personajes insólitos y esperpénticos demuestra que nunca se ha puesto pie en pared para resolver las vías de agua que padece nuestro sistema de convivencia que evitaría a los personajes sin escrúpulos y aviesos sentarse en la sede el parlamento nacional.

Por cierto, aquellos que han promovido estas propuestas de rodear congresos y sedes ahora se rasgan las vestiduras ante el espectáculo lamentable del asalto a la sede de la democracia americana.

La democracia está en peligro, desde luego, y en lugar de emitir mensajes de plañideras deberían todos trabajar para cerrar filas y ofrecer soluciones que convenzan a los votantes, porque con tanta mentira y distanciamiento la credibilidad en las instituciones se relaja y los ciudadanos se llenan de incertidumbre y desconfianza, aspectos éstos que son un caldo de cultivo nefasto para el futuro político de cualquier país.

Así que ya saben lo que deben hacer sin pérdida de tiempo: cursos acelerados de trabajo comunitario y responsabilidad ciudadana, porque el escaño se lo deben al pueblo y está demostrando más interés, responsabilidad y cultura cívica que muchos de los que se sientan a aplaudir y aprobar leyes sin saber la repercusión que tienen para el futuro de la nación.
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