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Libertad

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OPINIóN IR

16/01/2015 A A
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Libertad
¿Tienes ganas de enredar? Yo no. Estoy hasta la peineta de que todo dios ande, esta temporada, majareta. Todo el mundo se ha vuelto loco, pero loco de atar. ¿Qué porqué? No tenéis más que abrir un diario o ver cualquier parte en la tele para encontrar la respuesta. En este desquiciado mundo, se ha perdido la tolerancia, y sin motivo aparente, no creáis. Si no piensas como yo, si no actúas como yo, si no haces lo que yo, eres raro y, a los raros, ya se sabe de siempre, se les persigue y se les extermina.

A ver: ¿te obliga alguien a rezar?, ¿alguien te impone donde tienes que llevar a los niños al colegio?, ¿te dice alguien que tienes que comer?, ¿alguien te da una lista de los libros que puedes leer y otra de libros prohibidos?, ¿alguien dictó una fatua que ordena juntarte solamente con gordas para hacer ayuntamiento? ¡Pues entonces!

¿Te parece mal que las chicas vayan enseñando sus encantos por la calle? A mi no, sobre todo desde que leí aquello de Espronceda: «Me gustan las queridas tendidas en sus lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón...» ¿Te molesta que otras mujeres vayan tapadas hasta los ojos? A mi no, pero a las feministas les pone de los cohetes y eso me mola. ¿Te cabrea que tu madre vaya a misa?, ¿o que otros recen mirando al oriente?, ¿o que otros se dejen crecer las barbas y los pelos con tirabuzones y todo y que se den cabezazos contra un muro? A mi no.

¿Tienes algún problema porque exista gente, pobres, que no comen cerditos y no beben vino?, ¿o que otros nos pongamos como la chochona de estos santos manjares?, ¿o te importa mucho que algunos tengan por sagradas a las vacas o a las luciérnagas? Yo no.

¿Te molesta ir a los bancos a pedir un crédito? A mi, mucho; pero puedo hacerlo cuando no me queda más remedio. Pero sé a lo que voy, ¡eh!, y no me pongo como una fiera cuando no puedo pagarlo. Me jodo y lo intento arreglar.

Decía Huidobro, un poeta chileno, que «el rigor verdadero reside en la cabeza». Del rigor, de la cordura, sale la libertad. Nadie, excepto la puta crisis, me coacciona para escoger el periódico que leo, si tengo que ir a misa o no, si puedo viajar a aquel lugar o al otro. Soy libre para escoger y esta realidad no tiene precio. Nadie tiene derecho a hacerme comulgar con lo que él piensa. Soy libre. Salud y anarquía.
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