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León vuelve por sus fueros

León vuelve por sus fueros

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Aspecto general del Claustro de la Catedral en el momento previo al acto de reivindicación y lectura del Fuero de León en su mil aniversario. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen Aspecto general del Claustro de la Catedral en el momento previo al acto de reivindicación y lectura del Fuero de León en su mil aniversario. | SAÚL ARÉN
Fulgencio Fernández | 02/08/2020 A A
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León vuelve por sus fueros
Historia 48 leoneses, desde el alcalde a dos niñas, leyeron en el Claustro de la la Catedral los 48 capítulos del Fuero de León, que en este 2020 cumple mil años desde que fuera promulgado. Una reivindicación del legado de lo que un día hizo a esta tierra Cuna del Parlamentarismo
Dice la RAE que ‘volver por sus fueros’ puede tener dos acepciones: «1: Defender a alguien que ha sido injustamente tratado y 2: Volver a demostrar su valía, sus cualidades». Este sábado muchos leoneses, convocados por la asociación Sofcaple, quisieron, a la sombra de la Catedral, «volver por sus fueros». No se sabe si por alguna de las dos acepciones o, más bien, «por las dos juntas», en virtud de lo que allí se vio, una tierra que se ha sentido injustamente tratada y una tierra que quería volver a mostrar su valía, justo mil años después de que se promulgara aquel Fuero de León que quería ser, que fue, la norma jurídica para «reconstruir y repoblar el reino de León, su capital y alfoz, dotando de derechos, beneficios y obligaciones a aquellos que quisieran habitarla».

Tal vez por las dos razones representantes de la sociedad leonesa se reunieron en el Claustro de la Catedral leonesa para reivindicar ese legado, esa historia y también el presente con una mirada de futuro. Tal vez por ello sonaron contundentes las palabras del alcalde, José Antonio Díez, cuando cerró su intervención diciendo:«Somos leoneses, sólo leoneses, siempre leoneses y orgullosos de ser de aquí».

La tarde se conjuró para arropar el acto y el sol de justicia que se temía se quedó a la sombra de la Catedral quedando el Claustro en una agradable temperatura. Bajo la dirección protocolaria de Sofcaple y la música de la Coral del Císter de Sandoval se reunieron en torno a sus fueros los leoneses. Tomaron la palabra el alcalde, el vicepresidente de la Diputación, Nicanor Sen y un representante de la Universidad de León, José Luis Chamosa, socio a su vez de la asociación organizadora.

Defendieron tanto el valor histórico de los fueros como su vigencia en muchos aspectos mil años después; reivindicaron que no se olvidara que nacieron en León: «Es el más antiguo y el más relevante», afirmó Díez para añadir que debemos sentirnos «orgullosos y conscientes de lo que hicieron nuestros antepasados»; Sen recordó que los Fueros de León son «el poso sobre el que se cimentaron nuestros derechos» y todos pidieron atención a los capítulos que se iban a leer.

Representantes de todos los estamentos de la sociedad leyeron siguiendo la estela del anfitrión, el deán de la Catedral, Manuel Pérez Recio. Hubo profesores —Maurilio Pérez, César García, Hermenegildo López, Arvizu, que leyó en latín, Rosa Rabadán o Ricardo Chao—; alcaldes y concejales como Sen, Pellitero, María Villagrasa (Santovenia), Alejandro Barrera (Villadangos), Paula Conde (Sahagún); leoneses que viven lejos, como Juan Pacho o la periodista Laura Garrido; Cascón, director del Coro; empresarios como Agustín Risueño, Miguel Pérez, Beatriz Alves, Maxi Díez o Chus el del Benito, a quien tocó leer preceptos de vinateros.

Artistas como Amancio o la pianista Begoña González, médicos (Rosario Castro), arquitectas (Cristina Izquierdo), policías (Miguel Ángel Llorente), el pendonero Ramón Ignacio, el dulzainero Tolo Cardeñoso, el maestro Antón Basagoiti, las entrañables alumnas Triana Borjas y Lucía Laia; la defensora de lo leonés Alicia Valmaseda, entre otros. Curiosamente solamente no acudió a la llamada preceptiva el notario, lo que despertó ciertas sonrisas por la profesión del ausente... tal vez si hubieran convocado a un agricultor, estos jamás faltan a su cita.

En fin, sólo era la anécdota de una tarde de sábado hace mil años.
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