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«Las palabras siguen teniendo un enorme poder»

CULTURASIR

Julio César Álvarez se abre al lector en su obra más personal. Ampliar imagen Julio César Álvarez se abre al lector en su obra más personal.
David Acosta | 20/12/2014 A A
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«Las palabras siguen teniendo un enorme poder»
Literatura El autor leonés publica ‘Diario de un escritor cobarde’, obra reflexiva e intimista en la que realidad y ficción se dan la mano
Agitador cultural incansable y escritor de merecido y creciente prestigio, Julio César Álvarez (León, 1978) vuelve a deleitarnos con su recién publicado ‘Diario de un escritor cobarde’ (Ediciones Lupercalia). Un libro en el que se descubren sentimientos y vivencias reales sazonadas, eso sí, con algo de ficción. Este psicólogo de profesión es ahora el que se acomoda en el diván. Su diario, un espejo en el que mirarse en estos tiempos de cambio e incertidumbre.  

El título de uno de sus libros recogía la frase ‘El tiempo nos va desnudando’. En esta ocasión parece que se ha querido usted adelantar a los acontecimientos porque nada es más íntimo que un diario…

– Exacto. El diario es el género íntimo por excelencia. Y los desnudos, entre más naturales, mejor. Aunque luego hay muchas trampas en estas nuevas páginas. Elegir qué se muestra y qué no es todo un arte.

– Sabemos de su admiración por determinados escritores que han publicado sus reflexiones más personales. ¿Por qué sumarse a esa línea en este momento de su obra? ¿La deformación profesional ha tenido algo que ver?

– Creo que en el diario se mide la calidad de un autor, su estilo y sus rasgos literarios. Algunos de los escritores que más admiro, en el fondo, nunca han dejado de hacer un continuo diario. Y pienso en Henry Miller, por ejemplo. Por otra parte, mucha de la literatura contemporánea es puramente psicológica. Casualmente soy psicólogo. Pero la literatura, como la psicología, son herramientas para conocerse. Esa es su única función.

– Realidad y ficción se dan la mano en ‘Diario de un escritor cobarde’. Difícil hablar de porcentajes en literatura pero, ¿quién gana el pulso en este libro? ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de invención?

– Creo que en esa deformación entre realidad y ficción está la sustancia de este libro. Al igual que Woody Allen, juego con mi personaje-ficción de escritor y con mi propia vida personal. Por supuesto hay algo de ambos. Aunque creo que al lector sólo le interesa reencontrarse consigo mismo en los libros. Es más, lo entiendo y lo estimulo.

– Conociéndole a usted como le conozco me cuesta imaginarle asustadizo. ¿Por qué lo de «escritor cobarde»?

– Creo que todos somos cobardes, en mayor o menor medida. Y un escritor no es una excepción. Permitimos que todo siga igual. De hecho, intentamos acostumbrarnos a la injusticia y las desigualdades. Incluso nos esforzamos en ello. Lo contrario, nos dicen, es ingenuo. Cuando lo cierto es que la vida se convierte en algo desagradable porque todos nosotros lo permitimos.

– Admito que últimamente tengo la sensación de necesitar un diván con urgencia. ¿Leer las experiencias de otro puede ayudarle a uno a conocerse mejor?

– Por supuesto, creo que en la vida de otros es donde mejor reflejamos la nuestra. Somos prácticamente ciegos a nuestros propios errores. Nos parecen naturales, inevitables. En los otros nos reencontramos a nosotros mismos. Sus errores son los nuestros. Y un diario es el terreno perfecto para experimentar eso.

– Oiga, su carrera literaria ya contiene libros para todos los gustos y géneros. ¿Le da repelús lo de repetirse?

– (Risas) Supongo que es un riesgo, claro. Aunque también creo en el instinto de escritor. En el modo de aventurarse en nuevos caminos y perspectivas. Aunque no hay que olvidar, como decía alguien, que uno siempre está escribiendo el mismo libro, una y otra vez. Mejorándolo, claro.

– ¿Qué ha cambiado en Julio César Álvarez durante la precrisis, la crisis y la postcrisis? ¿Se reconoce usted a sí mismo en el espejo?

– Creo que todos hemos cambiado. La etapa de bonanza económica fue un espejismo. Lo natural es estar en crisis. Absolutamente todos nos acomodamos, la literatura incluida. A los libros también les toca reflexionar sobre el presente y el futuro que deseamos. Las palabras siguen teniendo un enorme poder.

– ¿Y qué me dice de esta sociedad en la que vivimos? ¿Tan mal estamos como algunos dicen?

– Decía Bertolt Brecht que «la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer». En esas estamos. Creo que detrás de todo hay una crisis generacional. Nuestros padres no confían en nosotros para un relevo. Cuando lo cierto es que su modelo ya no funciona.

– ¿Hay esperanza hoy día para los contadores de historias, o los escritores comienzan a ser héroes olvidados?

– Creo que toda cultura necesita ser contada. Y la nuestra no es una excepción. Recientemente se ha dado un repunte de la poesía. Y no me parece casual. La gente necesita sentir su vida como algo épico, quizá para compensar el desgaste y la decepción. Lo que está claro es que necesitamos ser contados. Sobre todo para comprendernos y que nos comprendan. Y eso no lo consigue ninguna forma de arte como la literatura, en todas sus posibilidades.

– Lo de la música es mucho más que una droga para usted. Digo yo que en este libro no faltarán referencias o vivencias sonoras…

– Por supuesto, mi vida está hecha de música. Y un libro así tenía que reflejarlo. Hay mucho eclecticismo. Desde The Smiths que abren el libro, pasando por Black Rebel Motorcycle Club, Pulp, Spacemen 3, The Cure, Depeche Mode o Jeremy Jay. No entiendo una vida sin música.

– Si le pongo en la disyuntiva de elegir tres bandas o músicos favoritos y tres escritores idolatrados, ¿cuáles me diría?

– Siempre es difícil responder a eso. The Pastels, The Jesus and Mary Chain o The Smiths me parecen imprescindibles. Y en cuanto a autores de referencia, nunca he dejado de admirar a Norman Mailer, Bret Easton Ellis o Francisco Umbral.

– Siendo usted inquieto por naturaleza, me atrevería a aventurar que anda ya metido en algún nuevo proyecto. ¿Acierto?

– Así es. Aunque tengo varios proyectos en el cajón, todavía no tengo decidido por cuál decantarme. Ya digo, creo mucho en el instinto literario. Todo aparece a su tiempo.

– La última. ¿Qué vivencia o experiencia futura le gustaría escribir en su diario?

– Me gustaría escribir la experiencia del fin del mundo. Sería un honor ser el último escritor. Y hacer con ello algo de cierta calidad. Aunque nunca nadie lo fuera a leer.

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