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Las noches del Toisón

Las noches del Toisón

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El Toisón, según la canción, o el Toison, para otros, fue una de las discotecas más emblemáticas y con más historias e historia de la noche leonesa durante años. Ampliar imagen El Toisón, según la canción, o el Toison, para otros, fue una de las discotecas más emblemáticas y con más historias e historia de la noche leonesa durante años.
Carlos del Riego | 02/07/2020 A A
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Las noches del Toisón
Un verano en la discoteca Este verano nos vamos de discoteca, viajaremos a la memoria de los grandes nombres de aquellas históricas salas, y lo haremos de la mano del mejor de los cicerones posible, el gran Carlos del Riego, memoria viva e ingeniosa de aquellos tiempos . A bailar que son diez días
«No hay nada como las noches del Toisón», decían Los Cardiacos en aquella memorable canción con la que rindieron homenaje a uno de las discotecas más srecordadas de León. En pleno Barrio Húmedo, este local ya era discoteca antes de llamarse así, de modo que seguro que hay quien recuerda entrar en esta disco cuando era el Tavaris. Tras un largo pasillo con una larga barra que rara vez se ponía en marcha, aparecía la pista, redonda, amplia, con la cabina a un lado, la barra a otro y sillones a su oscuro alrededor.

También hablaba la canción de Los Cardiacos, que describe muy bien algunas de las características del Toisón (muchas veces se decía Toison, sin acento en la o) y de las chicas que lo frecuentaban. Y es cierto que no había nada como las chicas del Toisón. Por un lado estaban las más jóvenes, atraídas por la fama de ‘ambiente peligroso’ que había cobrado la sala; estas jovencitas solían estar arracimas, mirando con ojos enormes a los ‘tipos malos’ que por allí pululaban mientras susurraban…, pero también hacían ojitos a los más jovenzuelos. Y luego estaban otras chicas algo mayores y resabiadas que formaban parte de las diversas pandillas que cada noche ‘fichaban’ en el Toisón. Unas y otras eran ‘sus’ chicas, ingenuas o más expertas en asuntos nocturnos. Y es que este era uno de los factores que diferenciaban esta disco de otras: podía uno toparse con lo candoroso y con lo peligroso.

Verso inolvidable del mencionado tema ‘cardiaquil’ es: «Altec tronante, decibelio ataca, un resorte que te empuja hacia la pista». También es cien por cien cierto, pues los altavoces Altec Lansing bramaban como cíclopes furiosos. A veces se ponían la piel de cordero y de ellos manaban cancioncillas de moda, títulos de lista de éxitos (Bosé, Pino D´Angio y similar). Pero lo que realmente ponía en movimiento al personal, ese «resorte que te empuja hacia la pista» era el rock clásico (Stones, Doors, Led Zep), de modo que cuando los Altec se ponían duros y vomitaban las primeras notas de una de aquellos, muchos de los parroquianos se lanzaban enardecidos a la cancha tocando sus guitarras imaginarias…, saltaban, se retorcían y se sentían héroes del rock tocando ante sus fans entregados. Inolvidables estampas de fervor rockero en un entorno rebelde, inquietante. Claro que luego también sonaba techno pop, nueva ola y otros titulillos del momento.

No podía faltar, como dicen Cardiacos, «un poquito de sangre cada noche»; y en una de éstas se produjo «un tiro al aire», con lo que el local fue cerrado, o sea, le dieron «una pausa de seis meses». En realidad no había palos o pelea cada noche, aunque cuando los había, el suceso iba de boca en boca: ‘yo estaba allí y pasó esto y esto’, presumían algunos, pero cuando el oyente se convertía en informador contaba una versión agrandada, y luego más…, con lo que al final daba la impresión de que el Toisón era Troya todas las noches. Y no, la mayoría sólo había ‘marcha’, buen rollo, humo, música atronadora e incluso “inmoralidad”. Pero algunas veces sí que hubo gresca, sangre y tiro al aire; aquella noche se produjo un enfrentamiento entre unos facinerosos y un policía con pistola, forcejearon, él sacó la pipa y tiró al techo, pero los otros se lanzaron sobre él y consiguieron quitarle el arma..., el resto ya fue ajeno al Toisón. Tal vez por ello, y por la reputación de local problemático, gran parte del personal acudía confiando en que un misterio, un suceso único convirtiera esa noche en algo que quedara inmortalizado en el verso de una canción.

Pero el Toisón era más y dio para mucho más. En torno a su pista de baile se produjeron encendidos debates que enfrentaron el rock del pasado y las nuevas formas de la llamada new wave; ‘aquello son marchas militares’, decían unos, ‘lo de ahora son auténticas babosadas’, decían otros. No faltaban los descuideros que estaban pendientes de abrigos, bolsos o cualquier cosa sin vigilancia; ni los que entraban en conversación, se ganaban la confianza del ingenuo/a.y se las arreglaban para que les dejaran ‘ver’ ese anillo tan bonito, ese reloj tan chulo que, inevitablemente, caía al suelo y luego no había forma de encontrarlo; ni algún ‘aprovechao’ que, como si fuera el portero, se ponía al otro lado de los cortinones y les pedía la entrada a las chicas …, y las más ingenuas se la daban.

La mayoría de los fieles del Toisón iban simplemente a buscar amigas, a conocer chicos y, por supuesto, a bailar.
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