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Las griferías, todo un arte

Las griferías, todo un arte

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Un histórico grifo hallado en la antigua ciudad romana de Pompeya…y a la derecha el inglés Thomas Gryll, inventor del grifo moderno en el año 1800. Ampliar imagen Un histórico grifo hallado en la antigua ciudad romana de Pompeya…y a la derecha el inglés Thomas Gryll, inventor del grifo moderno en el año 1800.
Toño Morala | 08/06/2020 A A
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Las griferías, todo un arte
Reportajes Las griferías artísticas tienen detrás de sus diseños a tan grandes artistas como olvidados; unas piezas que aparte de la función para la que han sido creadas también son en sí mismas verdaderas y trabajadas obras de arte
Qué olvidadas están algunas cosas y, además, verdaderas obras de arte, son tiradas o vendidas como chatarra cuando se derriban viejos edificios o casas. Y, también hay quién, siendo artista, solo ve las cuatro cosas que más llaman la atención; y fuera de ese círculo, no son obras de arte ni artistas quienes diseñan y realizan otras disciplinas que, a mi modesto modo de ver y entender, entran perfectamente en el arte y el ser artista. Oficios, hay muchos que están ahí entre la obra de arte y además cumplen una función específica; un alfarero por ejemplo, aparte de dar forma al barro y ornamentado con múltiples figuras o grabados, esto sirve para guardar el agua fresca y beber por el botijo, por ejemplo… y así con herreros, ebanistas, y un sinfín de oficios; pero cuando las cosas están tan a mano, son tan cotidianas que las usamos varias veces al día y le vamos quitando la secuencia anterior y el significado de creatividad y elaboración que tienen, y algo parecido ocurre con las griferías antiguas, las artísticas. Después de buscar y buscar, entretenerme con la curiosidad de estas reliquias, y poder admirar tanto los diseños impresionantes, así como la manera de elaborarlos, casi siempre artesanalmente, uno a uno, con fundición de bronce y otros materiales, y moldes realizados con arena, que tiene su tela, pues hay que dejar la pieza hueca para que corra el agua; si fuera un picaporte, ese sería más fácil, pero también es una obra de arte. Pero lo que más llama la atención de estas piezas de museo, es la gran calidad tanto de diseño como de fabricación. Y dentro de este gremio tan desconocido, existen grandes nombres que se han forjado a lo largo de los años, y han creado verdaderas bellezas en la grifería artística. Estos maestros artesanos, son capaces de hacer realidad sublimes colecciones con una exactitud y una perfección fuera de lo común, y además cumplen con algo tan, aparentemente sencillo, como es abrir un grifo; pero ahí radica la maestría, ahí radica la sabiduría de que el grifo no salpique el agua, o la misma salga a medio lavabo, o se escurra por la pared del mismo. Cuántos cálculos de grados, de idoneidad para ese lavabo en particular tiene que hacer el artesano, y que además le llame poderosamente la atención al cliente, son dos cosas diferentes, pero que tienen que ir unidas; un grifo muy bello, pero mal calculado, y que no cumpla con la norma establecida, no sirve para nada, y si lo puede hacer un grifo industrial, que ni salpica, ni escurre, y encima ahorra agua, bien, nada que objetar.

Si vamos a la mitología, la misma nos cuenta que un grifo era una criatura, cuya parte frontal es la de un águila gigante, con plumas doradas, afilado pico y poderosas garras. La parte posterior es la de un león, con pelaje amarillo, musculosas patas y cola. Hay variadas versiones sobre su poderío y su utilización, tanto por griegos como romanos y otras culturas. Pero al final, un cilindro de hierro los atravesaba. Los antiguos romanos, los nobles y patricios por supuesto, ya tenían cañerías en sus casas y un grifo rudimentario al final de las mismas. Los primeros grifos datan de esa época… Se necesitaba un aparato que regulara el caudal. Estos primeros grifos consistían en un cilindro perforado, que se insertaba transversalmente en la tubería y se usaron también durante la Edad Media. El inglés Thomas Gyll perfeccionó el invento en 1800 introduciendo el grifo de rosca, con el mismo mecanismo que los actuales. Al girarla, la rosca presionaba una arandela de goma sobre la base del grifo. Le dio a la cabeza el hombre, y consiguió abrir y cerrar el caudal del agua según la necesidad, y no sabíamos ni el nombre del que lo inventó… con saber abrir y cerrar el grifo nos vale; lo peor, es cuando el agua vaya escaseando aún más, y a ver cómo nos las apañamos, pero esa es otra historia. En sus inicios, en España se usaba el término “canilla” para referirse a la llave del agua. La palabra “grifo” se comenzó a usar cuando la boca de la fuente de agua se empezó a construir en esta forma de animal mitológico.

Más tarde se inventaron los grifos de retención y de desagüe, los grifos automáticos y los grifos de aforo. Pero la idea es lo único que cuenta, y la del grifo fue sin duda una de las más geniales y sencillas de la historia del ingenio. Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana (1611) escribe: “La espita que se pone a la cuba o tinaja para ir sacando por ella el vino llamamos canilla”. De hecho, canilla, espita y grifo remiten a objetos materiales parecidos, y son modos diferentes de denominar esa realidad. De las tres voces, la más antigua es “canilla”, utilizada ya a finales del siglo XIII, por ser una pequeña caña cortada a bisel lo que solía introducirse en la cuba para extraer de ella el líquido de manera mesurada. El nombre “grifo” es el más reciente para aludir a la llave, generalmente de bronce, que se coloca en la boca de las cañerías, calderas o cualquier depósito de líquidos a fin de facilitar su extracción ordenada.

Fabricar un grifo es un proceso complejo de diseño, fundición, mecanizado… El latón es una aleación de cobre y zinc muy utilizada para productos de decoración por su acabado brillante. Está presente en cerraduras, válvulas, artículos de fontanería o instrumentos musicales. El latón fundido se introduce en los moldes que se han elaborado previamente y se somete a frío para conseguir que las piezas se endurezcan. Las piezas que salen de los moldes pueden tener pequeñas imperfecciones o muescas, por lo que es imprescindible someterlas a un proceso de mecanizado. Durante esta fase los distintos tipos de máquinas (tornos, fresadoras, matrices…) perfilan la forma de la pieza hasta conseguir el aspecto definitivo. En este momento ya se pueden ensamblar las partes que componen el grifo por lo que se realiza el primer testeo de calidad. Se comprueba que el latón no tiene poros o imperfecciones mediante agua a presión. Y hay que comentar alguna curiosidad… Las huellas y nombres de muchos de estos diseñadores y artistas de grifería artística, se han borrado con el paso del tiempo, convirtiéndose en anónimos. Pero se dice que algunos de ellos, por ejemplo, el que realizó el perfecto y conocido cisne, se dedicaba al arte y se inspiró en el ballet de los años 50. Y como no podía ser de otra manera, el resultado de estas colecciones antiguas, es la expresión pura de una gran belleza, para abrir un grifo diferente. Todavía quedan algunas por las casas de los indianos, hoteles antiguos que han dejado la grifería sin tocar, y otras instalaciones antiguas con modernidades de aquellos años.
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