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Las cosas de Palacio, van despacio

Las cosas de Palacio, van despacio

OPINIóN IR

08/11/2019 A A
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Las cosas de Palacio, van despacio
Pero van, que no es paja. Esto del soterramiento, la continuidad de la línea, la nueva estación provisional pero definitiva y la marquesina, siguen avanzando. Con años de retraso, pero va, no como la de Matallana, que, en su lento peregrinar, sigue yendo de ningún sitio a ninguna parte.

Y han colocado la marquesina. Aleluya.

Y como soy, más de una vez lo he escrito, un ferrocarrilero convencido, tengo que decir que siempre defendí, contra viento y marea y contra los incrédulos (que bastantes razones el paso del tiempo les habían dado), que la marquesina se había quitado para facilitar la ejecución de las obras, pues no tenía sentido ponerse a ejecutar los muros de contención y luego sacar escombros con toda esa estructura encima, máxime con el recuerdo del anterior intento de los años de Morano, fallido por todas las complicaciones de agua y terreno que se presentaron.

Más de uno comentó que la marquesina se iría para no volver. Yo no lo creí, y me alegro de haber acertado. Y eso que lo sabían de ‘buena tinta’. Tampoco voy a pontificar demasiado, porque seguro que a más de uno de los responsables de Adif se le pasó por la imaginación, aunque solo sea por el costo que suponía el desmontaje, restauración y posterior reposición. Bien es verdad que algún signo quedaba de que iba a volver: por ejemplo, al desmontar la marquesina, en el edificio quedaron abiertos los apoyos de las cerchas, y nadie los tocó ni reconstruyó, al contrario de lo que ha ocurrido en el Hostal, donde se han apresurado a colocar las ventanas de nuevas habitaciones en el lugar donde ha de continuarse la segunda fase (je, je).

El caso es que ahí está la marquesina, más bonita que un San Luis, limpia y mejor que nunca, entendiendo por ‘nunca’ desde que tengo uso de razón, lo que son bastantes años, aunque no tantos como los que aquella tiene, que uno, aunque mayor, no es Matusalén, ya que se inauguró en 1863.

Desde luego no se hubiera entendido que se eliminara esa singular parte de la estación mientras se hacen esfuerzos denodados por mantener las fachadas de la azucarera que tienen muchísimo menos valor.

Porque esa estructura es un ejemplo único en la provincia y de los poquitos que quedan en España (¡Cuantos mercados han caído, a lo largo y ancho del país, bajo la piqueta, municipal para más inri!). Una muestra de la evolución de las ciudades bajo el impulso de la revolución industrial, la que forzó la aparición de las profesiones técnicas, todas las ingenierías, con la arquitectura incluida, que fueron clave para la transformación de las ciudades, a pesar de sus luces y sus sombras.

Porque las ingenierías civiles no salieron de la nada. Fueron la respuesta a la demanda de la sociedad civil de técnicos capaces de afrontar las nuevas tecnologías que revolucionaron la ingeniería y la arquitectura. Los únicos ingenieros existentes hasta entonces eran los del ejército y así todo se generó a partir del Politécnico del Ejército, fundándose las hoy llamadas Escuelas Técnicas. Como dato anecdótico, todas esas carreras técnicas tienen, entre su protocolo, un uniforme militar asignado, incluso de gala.

El caso es que ahí está la tantas veces mencionada marquesina, proyectada por un Ingeniero de Caminos, un estupendo ejemplar, fruto de esa revolución industrial, sencillo y airoso, recuperado, al igual que el espacio de anden y vías como peatonal , incluyendo unos cuerpos de vidrio, no sé si lucernarios o miradores que reconozco que no lo entiendo, quizás porque nadie lo ha explicado. O no conozco la explicación.

No sé si son miradores, por aquello de que ver llegar los trenes siempre ha tenido un gran atractivo. Pero poco se puede mirar: las vías, los techos de los trenes y sus pantógrafos. Además, a través de cristales de color.

O quizás, lucernarios para iluminar el espacio inferior. De ser así, tampoco creo que dé demasiada luz, aunque sí que romperían la oscuridad del techo.

Por otro lado, la zona cubierta, precisamente la zona cubierta, siempre me la imaginé como una plataforma al aire libre pero protegida, de dimensiones considerables, apta para múltiples usos; un magnífico espacio expositivo, fijo o móvil, incluso para actividades varias, un punto de atracción para la zona, para el León oeste, concurrente o complementario con el Pabellón de Exposiciones. Ahora no sé si eso será posible.

Bien es cierto que todo esto son elucubraciones, pues, como ya comenté, no sé a ciencia cierta el objetivo de la reestructuración. Sin contar que solamente se puede apreciar de lejos y entre obras.

Y como eso es así, démosle un tiempo de espera, a ver si ya, de una vez, se terminan las obras, se completa el uso, rompemos el fondo de saco (para gran regocijo de los asturianos, que se lo merecen), y podemos disfrutar de todo ese nuevo espacio.

Y hasta entonces, como se decía antes, paciencia y salivita, que obras son amores y no buenas razones.
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