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Las camelias de Corullón

Las camelias de Corullón

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Las camelias siguen decorando el paisaje villafranquino. Ampliar imagen Las camelias siguen decorando el paisaje villafranquino.
Ramón Cela | 14/04/2019 A A
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Las camelias de Corullón
Rincones Olvidados Era tiempo de camelias y los lugareños, del Ayuntamiento de Corullón rivalizaban con los de Villafranca, en presentar las más bellas flores
Las mujeres de Horta y Vilela, no se podían permitir el lujo de ver como las de la villa o Valverde ( como dicen que así se llamó Corullón) se afanaban en presentar a la primavera las más floridas camelias. Así, sacando tiempo que nunca sobraba para el agricultor, cuidaban y abonaban con esmero aquellos pequeños arbustos a los que nunca se les dejaba crecer demasiado. Al ser una planta original de China y prácticamente implantada en todo el mundo, algunos agricultores la utilizaban como tés y en infusiones que con el paso de los años fue cayendo en desuso, dando paso a otros tipos de plantas donde todo está ya demasiado comercializado.

Mientras todo esto sucedía, las señoras villafranquinas daban rienda suelta a su imaginación y preparaban con gran esmero los disfraces del carnaval, porque las camelias siempre gustaron de ser acompañadas por las correrías del buen humor y diversión de los jóvenes que ardiente la sangre, esperaban la llegada de los días de desenfrenos que se habían prometido y que al final, como cada año se quedaban en meros deseos y fiebre de juventud.

Se dice que por aquellos tiempos las mujeres villafranquinas se disfrazaban de arbustos de camelias, rosas, rojas, amarillas y de más colores, mientras que los hombres avispados ellos, las robaban de unos trajes, para entregarlas a otras máscaras, que adivinaban más que acertaban, que se trataba de mujeres, razón por la cual, aquellos arbustos iban perdiendo flores por el camino, a la vez que las más altas jugueteaban buscando aquella máscara mucho más corpulenta en la que se adivinaba un hombre joven que en ocasiones, podía ser un marido hermano o el teniente de La Guardia Civil.

Los chiquillos ya merodeaban por el río y buscaban con denuedo aquellos pozos que las riadas invernales habían dejado, al tiempo que las flores de las camelias bajaban de vez en cuando corriente abajo en busca de un remanso, donde acabar su corta, pero maravillosa vida, que ellas saben que es la razón por la cual el Creador las puso ahí como anuncio de la primavera.

Por esta razón, las mujeres de Corullón, Villafranca, Horta o Vilela, las de China o Madagascar, admiran esta estación, por que son sabedoras de que con ellas…llega la vida, llega la esperanza, el color y todas aquellas cosas que durante el largo invierno han soñado, como sueñan aquellos adolescentes a la hora de pensar en ser mayor, para que, llegado este momento y cercano a la vejez, vuelvan a añorar, aquellos tiempos de camelias.

Las abnegadas mujeres de estos pueblos nunca tuvieron tiempo de admirar el descenso de las camelias río abajo. Arrodilladas en su tabla de lavar o lavadero de madera, se afanaban en enjabonar y lavar concienzudamente aquellas ropas que, en ocasiones, se deshilachaban en sus manos por tanto uso, mientras que estas manos, a las que nunca daremos su valor justo, enrojecidas por el frío, se adentraban una y otra vez en busca del agua limpia que quitara la espuma de jabón casero con que frotaban las prendas. Ya sonaban las seis de la tarde en los relojes de Corullón o Villafranca y sin ninguna nostalgia por la falta de luz diurna de los meses pasados, las sufridas señoras pensaban que a primera hora del día siguiente, debería regar las plantas de las camelias con el fin de alargarles la vida, mientras que por las noches, deberían cubrir con palos y sacos los arbustos que tanto alegraban sus vidas, sus humildes viviendas o aquel pequeño y humilde jardín, más regado con sacrificios que con el agua.

Quizás esta es la razón por la cual la mayoría de las flores siempre tienen nombre femenino o simplemente por su belleza singular y ser parte de nuestra vida y existencia. Era tiempo de camelias...
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