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La verdad, verdadera…

La verdad, verdadera…

OPINIóN IR

10/11/2020 A A
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La verdad, verdadera…
Mucho se está hablando en los últimos meses y, más aún en los últimos días, de iniciativas que parecen recrear el Ministerio de la Verdad, que George Orwell presagió en su novela ‘1984’, en la que el escritor inglés narraba la pesadilla que transcurría en el año del título de su obra. Hoy bien podríamos hablar de una segunda parte de esa sociedad orwelliana bajo el título 2020, y es que, este año la pesadilla va más allá de la cocina de Chicote, con una realidad que supera la ficción distópica de Orwell.

Quién iba a pensar hace unos años que estaríamos hablando en 2020 de estados de alarma, toques de queda y ahora, bajo la nueva ocurrencia de nuestros gobernantes, de un renombrado por la oposición, Ministerio de la Verdad que nada tiene que ver con el del Tiempo de la serie televisiva, aunque algo de tintes de otro tiempo tiene.

La alarma a la que parece, le hemos sacado el gusto desde el pasado 14 de marzo, nótese mi tono irónico…, ha vuelto a saltar la semana pasada con el anuncio y publicación en el BOE, del procedimiento de actuación contra la desinformación aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional. Un protocolo de actuación que desde el gobierno se defiende como mecanismo contra las ‘fake news’, que intentan «influir en la sociedad con fines interesados y espurios». De forma inmediata el proyecto ha sido bautizado en las redes como el Ministerio de la Verdad y, no han faltado voces contra un aparente plan de censura gubernamental.

Resulta obvio e incuestionable, que en la sociedad actual corren con demasiada ligereza todo tipo de bulos, rumores y falsedades, que se extienden como la pólvora a través de las redes sociales bajo el disfraz de supuestas noticias, y a las que es preciso poner freno. Pero no puede obviarse que los medios de comunicación han jugado y juegan un papel fundamental como vigilante de los abusos del poder y cualquier actuación que huela a injerencia en ellos, desprende algo más que un tufillo…, máxime cuando la Orden publicada el pasado 30 de octubre habla de supervisión de la desinformación, pero no recoge ni concreta el qué y cómo con claridad. Habla de monitorización y vigilancia, y yo me pregunto ¿monitorizar a quién?, alude igualmente al examen de la libertad y pluralismo de los medios de comunicación, en consonancia con las líneas impuestas en el European Democracy Action Plan, pero qué quieren que les diga, ante lo vago y difuso de la redacción de la Orden, no puedo por menos que dejar en cuarentena la cuestión y preguntarme, si ese control no nos llevará en realidad a una sociedad carente de libertad y pluralismo que se nos dice se pretende proteger y que en contra, se torne más desinformada aún, o con la información que más interese en cada momento.

Y es que, veo con cierta preocupación que el aprobado comité contra la desinformación, esté formado por órganos próximos al ejecutivo (ya sea el actual o el de turno que nos toque en un futuro) pues, una que es más de ponerse la venda antes que la herida, no puede por menos que ver con cierto recelo la neutralidad, imparcialidad e independencia con que puede llegar a actuar ese comité de la verdad verdadera…

Hasta ahora la determinación de la veracidad o no de una información, sus consecuencias y efectos, hasta donde una servidora llega y, será eso de la deformación profesional…, era y es una cuestión que puede depurarse a través de la vía judicial, a la que con sus más y sus menos, se le presupone esa imparcialidad e independencia en el control. Que desde el ejecutivo se implementen mecanismos para identificar riesgos sobre las ‘fake news’ y se informe a la ciudadanía de ello, es algo que se ha advertido como necesario desde la UE, cierto, pero la falta de concreción de la Orden, la ausencia de todo control al controlador y la falta de concreción de la desinformación a la que se alude en ella, hacen que no pueda por menos que recurrir a nuestro refranero y confiar en que «el remedio no sea peor que la enfermedad», de lo contrario, habrá que ir pensando que la verdad verdadera de nuestra democracia, muere en silencio…
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