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La vendimia amanece al sur de León

La vendimia amanece al sur de León

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Vendimia de uva Prieto Picudo este miércoles de madrugada en Gordoncillo. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Vendimia de uva Prieto Picudo este miércoles de madrugada en Gordoncillo. | MAURICIO PEÑA
T. Giganto | 12/09/2019 A A
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La vendimia amanece al sur de León
Campo La DO León inició este miércoles la campaña de recogida de la uva que prevén que llegue a los cuatro millones de kilos aunque el tiempo todavía es clave
Geometría en la tierra e indefinición en el cielo. Viñedos perfectamente alineados, con la misma distancia entre cada cepa, configuran un esquema perfecto en la leve pendiente que baja hacia Gordoncillo, en dirección al río Cea. El cielo comienza a clarear en el horizonte, al oeste, con una paleta de azules que cada vez son más fuertes y entre los que se deja ver un amanecer de fuego. Una paleta de rojos y naranjas despunta dejando intuir a la vista el ‘sky line’ de un pueblo que empieza a amanecer con la calma que acompaña al inicio de cada día. Antes de llegar a sus calles, la vista va a dar con unas luces amarillas que se mueven entre las vides. Allí trabajan a destajo desde las cuatro de la madrugada los más madrugadores. Amanece también la campaña de vendimia al sur de León.

Tres máquinas van pasando por encima de cada línea de vides sacudiendo las plantas en un movimiento imperceptible que desnuda sus racimos. Ni una uva se escapa a la tecnología que ha dado paso a una vendimia mecanizada en la que la cuadrilla la conforman unos pocos que no están pendientes de los cestos ni de las tijeras. Toca estar al tanto de que las correas funcionen, de coger la velocidad adecuada para recolectar el fruto. Aun con las facilidades de estos tiempos en la campaña de recolección, son días de mucho trabajo. Para quienes viven con pasión el oficio de bodeguero también son días «de mucha ilusión».

Lo reconoce José Manuel Fernández, de Bodegas Gordonzello, en la cabecera de una plantación de la variedad autóctona de uva Prieto Picudo, la primera que será calificada por la DO León en esta campaña. Cuenta que ellos ya han cogido el ritmo a la vendimia a las cuatro de la mañana «puntuales, como relojes». Mientras relata con entusiasmo cómo es una de estas jornadas «frenéticas», el cielo sigue incendiándose y los focos de las máquinas recolectoras van perdiendo intensidad en medio del espectáculo de luces del amanecer. «Estás deseando que llegue la hora porque es el fruto del trabajo de todo un año, del esfuerzo mucha gente, de diferentes circunstancias y de muchos momentos de alegría y también de sinsabores que te llevas a lo largo del año. Se concentra todo en estos días y son sensaciones que se juntan cuando empezamos», explica José Manuel.

Desde las cuatro de la noche que arrancan y hasta las once de la mañana que paran las máquinas de vendimia, recolectan el fruto de unas 35 hectáreas de viñedos por día. Queda tajo por delante durante las próximas jornadas con un total de 205 hectáreas que tiene esta bodega.

La vendimia nocturna, evitando las horas de más calor del día, tiene especial relevancia en el caso de la recogida de uva tinta para la elaboración de rosados. «El punto de color es importante para este tipo de vinos por eso procuramos llevar la uva a la bodega en el menor tiempo posible de modo que el periodo de maceración esté controlado», señala Fernández.

El trasiego de tractores por el camino que lleva a la bodega es constante y mientras un remolque se va a descargar, ya hay otro listo para llenar. El equipo de recolección, formado por tres máquinas y dos transportistas, es el primer eslabón de la cadena de trabajo de la vendimia. Un segundo se encarga de la recepción de la uva, que pasa allí sus primeras horas en un depósito refrigerado hasta que el enólogo considera que tiene el punto de color necesario. Es entonces cuando entra en juego el tercer equipo encargado del procesado. Este empieza con el sangrado del depósito, sigue por la prensa y continúa hasta conseguir un mosto limpio preparado para fermentar.

El pedrisco no pasó de largo

Las tareas se suceden al tiempo que los viñedos van comenzando a hacer sombra sobre el pedregal en el que están enraizados. Paseando entre ellos José Manuel señala algunas plantas: tienen algún que otro agujero en las hojas y los racimos están un tanto dañados. «El pedrisco nos hizo daño este verano», lamenta. Es lo que tiene el trabajo en el campo, que no solo depende de quien lo trabaja, sino que también de ese cielo que se sigue despejando.

«Hemos tenido que hacer un esfuerzo importante porque el granizo en esta zona dejó marcada la uva lo cual nos ha llevado a tener que aplicar tratamientos para prevenir las enfermedades fúngicas y para intentar cicatrizar esas heridas», explica Fernández. Pero a pesar de ese capricho meteorológico tan propio del verano reconoce que las condiciones actuales de la uva «son buenas». En su caso, que no es el mismo que el del resto de bodegas de la DO León, han empezado pronto la vendimia «para aprovechar el potencial de la uva al 100%». Pero la sequía también ha marcado la evolución de este año y entre esta y el granizo Fernández calcula que en su caso la cantidad de la producción sea «entre el 25 y el 30 por ciento menor a la del año pasado».

Año tres después de la helada

En el recuerdo de los bodegueros y en la madera de la cepa sigue presente la helada de finales de abril de 2017. Esta es la tercera vendimia después de un episodio de bajas temperaturas a destiempo que dejó muy tocadas las plantas y que supuso una lección de viticultura para todos los productores del sur de León por lo inédito de lo sucedido. Siguen recuperándose de aquella. «La experiencia de aquella helada ha marcado nuestra historia», dice José Manuel quien recuerda que han tenido que recomponer la estructura productiva de la planta que «ya casi está recuperada pero no al 100%». «Tiene que tener ocho pulgares de producción en cada brazo y todavía estamos entre seis y siete», explica.

"El tiempo sigue siendo clave"

Ha amanecido ya por completo en Gordoncillo sin que por ello cambie el ritmo de quienes empezaron a trabajar a las cuatro de la mañana, una hora cada más lejana en el reloj conforme se despeja totalmente el cielo. Hacia él mira José Manuel para explicar que «el tiempo sigue siendo la clave de la vendimia». Lo mismo apunta Alejandro González, director técnico de la DO León, que explica que la de este año está condicionada por las lluvias y granizadas de julio, especialmente en municipios como Valderas y Gordoncillo. «A raíz de eso el verano ha venido con un trabajo muy intenso de cuidados fitosanitarios porque generó daños a una uva que se ha tenido que proteger al máximo con una media de cuatro o cinco tratamientos. Esto quiere decir que la uva está protegida y sana pero si caen de manera brusca las temperaturas y llegan lluvias, no va a aguantar tanto y vamos a tener carreras y prisas para recogerla», cuenta González.

En cuanto a la cantidad, la Denominación de Origen León, que el año pasado llegó a los 3,7 millones de kilos de uva recogida, este año prevé llegar a los cuatro millones. «Llegar a esa cifra sería maravilloso», comenta el director técnico de la Denominación, aunque reconoce que «no hay tanta uva como se pensaba», en parte por esas heladas de 2017 que siguen latiendo en el interior de las plantas.

El ciclo de maduración de la uva de la variedad autóctona Prieto Picudo lleva un ritmo diferente en cada zona de la DO León. Madura antes al sur en zonas como Gordoncillo donde la vendimia ya ha amanecido. Estas tareas irán progresivamente inciándose en otras zonas como toda Tierra de Campos y hasta llegar a los Oteros para dar comienzo después en municipios como Valdevimbre o Villamañán. La otra variedad autóctona de este Consejo Regulador es la Albarín, una uva que por el contrario sí madura a un ritmo más uniforme en todo el territorio de producción del sur de la provincia.

Por eso estos días son para estar pendientes de los tiempos, el de la maduración de la uva y el que marca la meteorología. También el de la maceración en bodega. Empezó la cuenta atrás para degustar una nueva añada y lo ha hecho con el incendio de un cielo que es durante todo el año la preocupación de los viticultores pero también el que les regala madrugadas de vendimia como la de este miércoles.
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