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La sorpresa del visitante

La sorpresa del visitante

OPINIóN IR

13/01/2019 A A
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La sorpresa del visitante
Nos quejamos de que León se vacía y de la huida masiva de nuestros paisanos a otras tierras en busca de trabajo, pero lo cierto es que cuando regresan para pasar las Navidades con sus familias, la ciudad se colapsa por completo. En estas últimas fiestas León ha sido un embotellamiento permanente, y quienes por vivir habitualmente en grandes ciudades padecen el drama del atasco cotidiano se sorprenden al constatar que los de León no son menores, o que incluso en las horas en las que el tráfico es escaso y fluido, uno puede verse retenido por cuatro o cinco semáforos en rojo en el corto trayecto que une la estación de tren con la plaza de Santo Domingo, como si se abrieran y se cerraran regidos por el más puro azar. Nuestros visitantes han visto, eso sí, unos hermosos escudos de León que el Ayuntamiento ha empotrado en el asfalto en el cruce de Ordoño con Santo Domingo, y uno les explica que es para que vean que allí ha habido una obra de ocho meses de duración y casi medio millón de euros de presupuesto. El visitante se asombra, porque cuando levanta la vista del escudo constata que, salvo por el asfaltado, Ordoño II está exactamente igual que al año anterior, y se pregunta en qué habrá consistido tan faraónica actuación. Se sorprenderá más aún si tiene la mala idea de meter el coche en el aparcamiento subterráneo y ver su indecente estado. La bajada al parking por las escaleras que se encuentran en el cruce con la calle Villafranca le sumergirán en una especie de cloaca de posguerra capaz de estropearle la digestión de los manjares de reyes que hemos utilizado como eslogan de la capitalidad gastronómica.

En el viaje de vuelta a Madrid, conduciendo a saltos por la desastrosa León Benavente, el visitante comprende que si acometer el asfaltado de los 500 metros que tiene Ordoño II cuesta medio millón y obliga a paralizar la avenida ocho meses, es casi mejor que dejen la autovía como está. Y como broche final de su estancia recibirá en su casa una o dos multas del fotorrojo trampa de Michaisa para endulzar el recuerdo. Mayo se acerca, amigos, y el Pepé, quién lo ha visto y quién lo ve, avanza a toda velocidad hacia el fotorrojo de las urnas sin que Pablo Casado sea capaz de frenar el impulso suicida del rajoyismo. Parafraseando a Churchill, renunciaron a sus principios para jugárselo todo a la carta de la gestión, y ahora nos gobierna un partido sin principios poblado de burócratas que carecen de toda capacidad de gestión.
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