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La silenciada edad de plata

La silenciada edad de plata

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Marga Gil Roësset, Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Ernestina de Champourcín (arriba) Mª Zambrano, Concha Méndez, Mª Teresa León y M. Mallo… Las sin sombrero (abajo). Ampliar imagen Marga Gil Roësset, Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Ernestina de Champourcín (arriba) Mª Zambrano, Concha Méndez, Mª Teresa León y M. Mallo… Las sin sombrero (abajo).
Toño Morala | 01/05/2017 A A
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La silenciada edad de plata
Literatura La Generación del 27 es uno de los mitos de nuestra cultura, pero la generación ‘masculina’. Si tiene una sombra, que la tiene, es el olvido y el ninguneo al que se sometió a las mujeres de esta época; ejemplares, vanguardistas, valientes, artistas o políticas, pero olvidadas. Produce tristeza reconocerlo, pero...
Como escribía Luisa Carnés en 1934 en su novela Tea Rooms. Mujeres… «ya ha pasado el tiempo en que se consideraba ridículas y hombrunas a las mujeres que se preocupaban de la vida social, cultural y política del mundo. Antes creíamos que la mujer sólo servía para zurcir calcetines al marido y para rezar (…) Hoy sabemos que las mujeres valen más que para remendar ropa vieja, para la cama y para los golpes en el pecho; la mujer vale tanto como el hombre para la vida política, social, y cultural»….

Olvido apañado entre poderes y envidias, que casi siempre tiene tristeza añadida Comenzar escribiendo sobre el olvido con conciencia, o sea, olvido apañado entre poderes y envidias, casi siempre tiene esa tristeza añadida. Con el paso del tiempo a uno se le van cayendo los mitos; mitos, por otra parte, casi nunca fervientes en el bogar lento cultural de este país; pobres generaciones que tendrán que lidiar con el toro del olvido y de esos pozos tan profundos de desolación creativa y, además, agarrados al asidero de las nuevas tecnologías que hacen que el ser humano se deshumanice más aún, y se aísle… divide y vencerás, aislar desde el poder político y otros intereses para acallar las conciencias críticas siempre da un resultado mayor del esperado. Y en estas que uno se encuentra con injusticias terribles en el mundo cultural… que no serán las que no vengan de este abandono. Y como casi siempre, la historia a lo suyo… es más importante el letargo y el abandono, como también centrar parte de la historia “cultural “en histerias interesadas casi siempre en manos de un montón de poderes.

Cuántos intereses creados para acojonar al personal desde hace siglos y que no se pueda discernir, ir a contracorriente, o ser creativo sin dogmas, miedos, y círculos cerrados, amén de camarillas y otros añadidos. En conclusión, que nos hemos perdido parte de una creatividad y reparto cultural sin que saliera en los medios de comunicación, los recogieran las enciclopedias y libros de texto, y sin que casi nadie recordara a estas grandes mujeres de aquella otra generación del 27; en realidad no era otra generación, era la misma, paro ninguneada incluso por compañeros, maridos, novios… amigos, familiares… mujeres que jamás han dejado de ser libres, y que además muchas también fueron libertarias, muy libertarias. El tirón de orejas a muchos aclamados de aquella magnífica generación del 27, aquellos hombres que han dejado un legado artístico y literario tan importante, e incluso, dicen algunos, que es el más relevante en la historia cultural de nuestro país… pues bien; no todos, pero muchos se merecen ese tirón de orejas por dejar en el olvido a mujeres compañeras en el aperturismo cultural y, que además, está comprobado que muchas de ellas se quedaron a la sombra, siendo mejores artistas, en general, como escritoras, poetas, incluso alguna torera, que sus propios maridos, novios y amigos íntimos. Luego aclararemos algunos comportamientos con nombres y apellidos; pero ahora lo importante es escribir sobre ellas, las mujeres de la generación del 27, las grandes olvidadas de la cultura en este país, las grandes transgresoras que dejaron el sombrero y los guantes, y volaron libres como el viento, y muchas se tuvieron que exiliar.

Mujeres y hombres que tuvieron una relación muy estrecha tanto en revistas como en misiones pedagógicas en la Generación del 27, y en tiempos de la República. ¿Cómo, haciendo lo mismo, no aparecen en casi ningún sitio, ni sabemos tanto como de ellos? Sus miembros masculinos son ampliamente conocidos. Pero, ¿por qué en su extensa nómina no aparecen figuras femeninas? ¿Es que acaso las mujeres no podían ser artistas en aquella época? Nada más lejos de la realidad… Concha Méndez (poeta y editora). Ella y su marido, el poeta Manuel Altolaguirre, fueron grandes divulgadores culturales gracias a la imprenta que tenían. Méndez le dijo a Gerardo Diego cuando publicó las antologías excluyendo a mujeres: “Tú nos excluirás, pero yo debajo de esta falda llevo pantalones”. Y confesó que le caía mal porque “eso no se podía hacer”. En la primera antología de Gerardo Diego (1932) no hay mujeres; en la de 1934 las hay, pero había algunos poetas que se seguían oponiendo a que ellas salieran. Tela… y ahora nos llega una reflexión tremenda… si estos grandes hombres, con esa magnífica sensibilidad para escribir, pintar, hacer música, esculpir… esos hombres que fueron adelantados a su tiempo, muchos de izquierdas y libertarios, con aquel pensamiento aperturista y libre… ¿Cómo han consentido tamaña injusticia?

No era otra generación, era la misma, pero ninguneada, incluso por los suyos «No es sólo una reivindicación de género, que se da por hecho, sino también cultural porque no se nos está contando bien la Historia», «Hay que cambiar el relato. Ellas no aportan algo a la Generación del 27, ellas son parte de la Generación del 27. Ellas son artistas en igualdad de condiciones que ellos. Hay que reformular el relato de la Generación del 27 e incluirlas», reclama Tania Balló, que se ha empeñado en reescribir en “Las Sinsombrero”. Y pasamos a una breve referencia sobre testimonios de críticos y amigos de algunas de estas agrandes damas de la cultura olvidadas y silenciadas. Josefina de la Torre. «La gran desconocida. Era una mujer con diversas facetas artísticas. Tuvo más olvido porque se dedicó a muchas cosas”. Ernestina de Champourcin. «Ha sido el descubrimiento más fascinante, es la mujer más transgresora y a la que se le ha impuesto el olvido más cruel”. Zenobia Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez. “Prefirió ser la mano, lengua, pie, enfermera y chófer del gran poeta y gran neurótico Juan Ramón Jiménez antes que dar a conocer la extensión de su talento. Y el Nobel, que acaso ella merecía, fue para su marido”. Un hombre que, “no tuvo ni el detalle, tan ocupado como estaba en sus obsesiones y miedo a la muerte, de acompañarla a Nueva York cuando fue operada de cáncer”. Rosa Chacel. «La mayoría la conocemos, pero merece un redescubrimiento. Sólo publicó una obra antes de irse al exilio pero es la que mejor representa lo que significó ser mujer hace unos años».

María Teresa León. “Se la ha conocido por ser la mujer de Alberti pero se fue por el mundo luchando contra el fascismo. María Zambrano. «Refleja el pensamiento de una generación. Muchas de sus ideas son aplicables a la actualidad. Fue la última que se marchó en la Guerra Civil y la que más luchó por su pueblo». Ángeles Santos. «La pintora de la excelencia vanguardista, la que mejor retrata a la mujer que deja de ser objeto de deseo para desear. Maruja Mallo. «Es la única que consigue ser reconocida por su propia obra, más allá de su género. La primera que cumple con este sueño». Concha Méndez. «Es la libertad. La que mejor representa el quitarse el sombrero. El viajar, el identificarse como mujer libre sin fronteras. Marga Gil Roesset. «Cuando te fijas en su evolución te das cuenta de que vivía en un mundo idílico, en el que ella es puro arte». Margarita Manso. «La historia no contada, la única de la que no se sabía nada. Representa a aquellas mujeres que tuvieron que aceptar vivir una vida que no les pertenecía». Juana Cruz de la Casa. Juanita Cruz debutó en público en León, con tan sólo quince años, el 24 de junio de 1932. El reglamento taurino de la República prohibía a las mujeres intervenir en espectáculos taurinos y su actuación, anunciada como “una exhibición de toreo moderno”, fue un éxito, celebrado incluso por el gobernador de León, que presidía el festejo. Rosario del Olmo, periodista. Escribió en: Nuevo Mundo, El Heraldo de Madrid, La Esfera, La Libertad, La Luz, Mundo Obrero y El Mono Azul. Comunista de afiliación, firmó contra la pena de muerte junto a otros intelectuales. Cristina de Arteaga, monja, escritora, poeta e historiadora. Asistió a la Universidad y se tituló en Historia, obteniendo el premio extraordinario. En los años 20 ingresó en una abadía benedictina. Y coincidencias de la vida, Maruja Mallo murió el 6 de febrero de 1995 en el mismo geriátrico donde años atrás fallecía Mª Teresa León… «Hemos de ir cubriendo el vacío de la historia y de la injusticia con ellas» nos comenta la vida.
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