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La senda de los elefantes

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10/12/2016 A A
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La senda de los elefantes
Esta semana que para muchos de los que trabajamos tiene tres lunes y a la vez tres viernes, me dispongo a escribirles sobre un tema que me acarreará sin duda más de un traje a medida en alguna de las redes sociales.

Un síntoma claro de que la economía empieza a recuperarse, son los famosos vinos españoles o cenas de empresa. Volvemos a celebrar todo en torno a una mesa, da igual si es una comida, unos vinos o una chocolatada, con amigos, compañeros de trabajo, el equipo de natación, del colegio, facultad, sociedad deportiva… y la novedad: las fiestas que se organizan gracias a tus hijos.

Me cuentan muchos padres que ahora tienen grupos de whatsapp donde comentan las malas artes de los malvados profesores, revisan deberes, intercambian disfraces y comentan si sus niños han analizado bien las oraciones relativas.

Padres que buscan la disculpa de un partido de fútbol o de un trabajo en grupo para invitar a otros padres y abrir una caja de Mahou, pedir unas pizzas o sacar unas medias lunas de jamón york y paté la Piara, han existido toda la vida. Un buen amigo mío, amante del 5J, me decía que siempre guardaba un jamón de la Alpujarra para hacer el cambio cuando llegaban las visitas de los padres intensos y sobre todo la familia de su mujer.

Ahora el modus operandi es el siguiente: las fiestas infantiles de todo tipo y parentesco se amplían también a los papás, que celebran con enorme efusividad y bebidas espirituosas cualquier evento de sus hijos.

Los identificarán por ese ansia por salir y tomar copas. Cualquier disculpa es buena para pintarse el ojo o probar si funciona el último desodorante AXE, dándose a la noche como si fuera la última, y rezando para que pongan una canción de Los Secretos o de los Hombres G, y así lanzarse al centro de la pista y simular un punteo de guitarra. Porque estoy convencido que mucha gente no ha salido nunca, cuando tocaba, y descubren en torno a la cuarentena un nuevo concepto de la noche y de los gintonics con pepino.

Decía El Regle, un buen amigo granadino, que «en la noche no se puede ceder nunca el sitio, porque en el momento en que no estés, alguien se apoderará de él, y recuperarlo es algo muy difícil». Y les puedo asegurar que es cierto. El otro día visité la ‘Senda de los Elefantes’ y puedo asegurarles que vi a los mismos, en el mismo lugar y con la misma copa, eso sí, han dejado atrás el vaso de tubo y ahora degustan en copa de balón.
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