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La psicología del voto

La psicología del voto

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Sofía Morán | 10/11/2019 A A
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La psicología del voto
A Debate Por Sofía Morán
El pasado lunes, 8,6 millones de espectadores vieron el debate electoral organizado por la Academia de la Televisión. La 1, fue sin duda la cadena favorita para seguir este debate, con un total de 3,4 millones de espectadores. Antena 3 congregó a 2,2 millones y 2,1 decidieron sintonizar la Sexta esa noche, mientras Telecinco le echaba «un par» al asunto y emitía, como cada lunes, Got Talent.

Al día siguiente ya saben, charletas en el bar, tertulias de radio y televisión, encuestas en todos los medios digitales, y opiniones para todos los gustos. Pero, ¿quién ganó finalmente el debate?

Para mí lo ganó sin duda Ana Blanco, esa mítica de RTVE que lleva presentando el telediario de La 1 desde tiempos inmemoriales. Siempre discreta e imperturbable. Pero que el pasado lunes, y a pesar de que el formato no invitaba precisamente a que los moderadores tuvieran ningún protagonismo, cuando llegó el momento de presentar el bloque de «política social e igualdad», se atrevió a decir lo evidente: «me van a permitir que haga referencia a la foto de este debate, con cinco candidatos y ninguna mujer presente, no hay ninguna candidata. Supongo que hablarán de la paridad, pero en este momento no es una foto de igualdad». Mini punto para Ana. Eché de menos que alguien pulsara el botón de aplausos enlatados.

Y supongo que, precisamente por eso, apenas se habló de conciliación, de políticas de igualdad, de violencia de género o de la brecha salarial.

Especialmente acertado estuvo también, quien decidió evitar esta vez la polémica foto de las limpiadoras pasando la mopa entre los candidatos, que tantas críticas cosechó en el debate del mes de abril. En esta ocasión también hubo foto, pero en ella se coló Francisco, y la estampa se hizo viral en pocos minutos. A Francisco le estaban haciendo entrevistas al día siguiente, no les digo más. Y es que, en este país, que un hombre coja una fregona sigue siendo noticia, amigos.

Y lo cierto es que la cosa no fue mucho más allá, un poco más de lo mismo, insuficiente para levantar pasiones o convencer indecisos, a pesar de que los expertos dicen que hasta un 7% de los votantes, toma la decisión definitiva gracias a estos debates. Ya lo dudo.

Se tiene la falsa creencia de que la decisión del voto es un proceso mental eminentemente racional, en el que analizamos y comparamos candidatos, ideas, propuestas, y reflexionamos con calma sobre ello, tomando nuestras decisiones en base a esto. Pero no, discúlpenme el jarro de agua fría, pero la mente no funciona así. Son muchas las situaciones en las que primero llega la creencia, y después la racionalización.

Cuando nos sentimos identificados con una posición política concreta, suele ser una herencia evidente de nuestros padres, nuestro entorno y la educación que hemos recibido, y no tanto el resultado de un proceso de pensamiento crítico y racional, como se suele creer.

Tenemos además una evidente tendencia a buscar siempre la información que confirma nuestras creencias, nuestras ideas y opiniones, mientras que rechazamos todo aquello que las desmiente. Somos víctimas del llamado «sesgo de confirmación», un proceso automático e inconsciente, que se ocupa de dejar fuera todo aquello que va contra nuestras convicciones.

Y es que, encontrar razones que apoyen nuestras ideas, por locas y absurdas que sean, es ahora más fácil que nunca, sólo hay que buscarlo en Google. Encuestas inventadas, fake news, fotos retocadas, información sesgada… Cualquier cosa es posible, todo al gusto del consumidor.

Sí, ya. Si yo ya sé lo que están pensando. Ahora mismo se agarran fuerte al «eso a mí no me pasa», pero lo cierto es que nos pasa a todos, en mayor o menor medida, y en muchos ámbitos de la vida, aunque la mayor parte de las veces ni siquiera seamos conscientes de ello.

Dicen que hoy es la fiesta de la democracia, aunque ya ni dios tiene ganas de celebrar. Pero agarren lo que tienen, sus ideas, sus contradicciones, y la poca ilusión que les quede, y vayan a votar, aunque tengan que taparse la nariz a medida que se acercan a la urna.

Sofía Morán de Paz (@SofiaMP80) es licenciada en Psicología y madre en apuros
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