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La prohibición del ser

La prohibición del ser

OPINIóN IR

22/08/2021 A A
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La prohibición del ser
No es una lucha feminista, es la violación continua y sistemática de los derechos humanos. He perdido la cuenta de las veces que he leído o escuchado en los últimos días «¿dónde están las feministas ahora?» en relación con lo sucedido en Afganistán. Somos feministas, señor, no ‘Los Vengadores’. Y, aun así, estamos ahí. A diferencia de quienes cuestionan nuestro papel, nosotras sí callamos para que las mujeres afganas sean quienes lideren y cuenten sus experiencias. Si no conseguimos que se entienda que los ‘piropos’ callejeros son acoso, que aún hay desigualdades laborales o que la violencia machista se da todos los días en nuestra sociedad, cómo pretenden que solventemos un problema infinitamente más grave en Oriente Medio.

La prohibición de enseñar el cuerpo, de hacer deporte, de tratar con otros hombres que no sean su mahram –parentesco masculino como padre, hermano o marido– o, incluso, de reír es una realidad que se aproxima velozmente a las mujeres afganas. Es un retroceso, una involución y una violación de los derechos humanos y de la mujer. Y creer que denunciar lo que ocurre le corresponde a las feministas es no entender nada. Peor aún, es que te den igual todas esas mujeres y solo utilizarlas para criticar el feminismo más occidental que defienden y luchan las mujeres que tienes alrededor.

No soy experta en el conflicto afgano ni en feminismo y para hablar de ellos trato de informarme y formarme todo lo posible. Leer y escuchar a quien sabe y a quien lo vive es la única forma posible de ser capaz de emitir un juicio –medianamente– justo. Aun así, nunca son cero las posibilidades de equivocarnos. Por eso no entiendo a quienes creen que todo lo saben –Tolosa, como los llama mi madre– y que están por encima del bien y del mal. Si no sé algo, yo me callo. Si tú no lo sabes, hazlo también. Si vas a criticar lo que no entiendes, comprende primero que no vamos a dejar que tu voz suene más alto que las nuestras. Y menos cuando se trata de la defensa de la mujer y de los derechos humanos.
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