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La piedra de Rosetta

La piedra de Rosetta

OPINIóN IR

28/09/2022 A A
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La piedra de Rosetta
El 15 de julio de 1799, durante la campaña del ejército francés en Egipto, un militar de las tropas napoleónicas llamado Pierre-François Bouchard descubrió en las proximidades de la ciudad de Rashid –a la que los franceses llamaron Rosetta–, en el delta del Nilo, un gran bloque de piedra gris –hablamos de unos 760 kilos; y de más de 110 centímetros de alto, alrededor de 75 de ancho y casi 30 de profundo– con diferentes inscripciones. Dos años después, los franceses fueron derrotados en Egipto por los británicos, y la Piedra de Rosetta –que es así como se conoce– fue trasladada a Londres; y desde 1802 se encuentra expuesta en el British Museum –e impresiona tenerla delante, créeme–, en donde es una de sus piezas más emblemáticas.

Y no es para menos. La piedra, que resultaría ser un decreto en relación con el rey Ptolomeo V, publicado en Menfis en el año 196 a.C. –tal vez expuesta en un templo, y reutilizada más tarde como material de construcción–, fue clave para descifrar la escritura jeroglífica: las inscripciones figuraban en demótico y griego antiguo además de en jeroglíficos egipcios; y dado que el contenido era esencialmente el mismo, permitiría entender estos últimos, lo que hasta entonces no era posible. Desde su descubrimiento, la piedra despertó gran interés entre los estudiosos, y rápidamente comenzaron a distribuirse copias litográficas y de yeso.

La primera traducción completa del texto en griego estaba lista ya en 1803, pero habría que esperar hasta el 27 de septiembre de 1822 para que el egiptólogo francés Jean-François Champollion anunciara en una conferencia en París que había descifrado la escritura jeroglífica. Ayer, pues, se cumplieron exactamente 200 años de toda una revolución que nació con el hallazgo fortuito de una piedra; y, a su vez, gracias a que esa piedra, tras haber cumplido con su misión original, había sido reutilizada después para otro cometido completamente diferente. En ocasiones, en la historia, se dan casualidades fascinantes…
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