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La parte por el todo

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Vista de la exposición ‘Olvidados del tiempo’ en FCAYC. | JUAN LUIS GARCÍA Ampliar imagen Vista de la exposición ‘Olvidados del tiempo’ en FCAYC. | JUAN LUIS GARCÍA
Bruno Marcos | 21/11/2020 A A
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La parte por el todo
Fotografía La exposición 'Olvidados del tiempo' de la Fundación Cerezales, que se ha prorrogado hasta el 14 de febrero de 2021, muestra las fotografías de Juan Baraja que presentan fragmentos estáticos de la realidad
Dos cosas llaman especialmente la atención en las fotografías que se pueden ver en la actual exposición titulada ‘Olvidados del tiempo’ de la Fundación Cerezales: por un lado el vacío, la ausencia de la presencia humana; y por otro la falta de una descripción completa de lo que aparece en las imágenes. Las fotografías son de gran formato pero no alcanzan a representar lo que estuvo delante del objetivo. Unas veces la cámara está demasiado cerca y otras es el objeto retratado el que supera el ángulo de visión. Lugares sin figuras y espacios o edificios sin escala. Esto produce imágenes sugestivas, desprovistas de relato, inservibles para documentar totalmente las arquitecturas o los paisajes de los que parten.

Podríamos pensar en una emocionalidad melancólica, sitios en los que ha pasado algo, escenarios abandonados o, muy al contrario, en planteamientos abstractos, ejercicios de textura o luz, composiciones que podrían pertenecer al ámbito de lo solamente formal. En todo caso se trata de una fotografía en el polo opuesto a la línea fuerte de la historia del medio, esa en la que se ha buscado capturar lo excepcional: el hombre suspendido en el aire mientras salta un charco de Cartier-Bresson.

Estas imágenes de Juan Baraja son lo contrario: las fotografías de donde no pasa nada, las que ni siquiera presentan el «esto ha sido» que señalara Roland Barthes. Si volvemos a los lugares en las que su autor las tomó seguramente estos permanezcan igual, exactos a sí mismos, inalterados, probablemente respetados incluso por el paso del tiempo –olvidados del tiempo–.

En cierta medida la obra de Juan Baraja asume una decepción: que la fotografía no puede atrapar el mundo. Toma vistas parciales, hace un collage con planos, líneas, colores, invita sin pasión a evocar algo que no se ve o que ni siquiera se sabe qué es: nos da la parte por el todo. Son fotografías excesivamente nítidas de fragmentos, de rincones, de lugares sin personalidad donde posar los ojos de la cámara parece un esfuerzo innecesario, melancólico, extenuante, en el que a fuerza de mirar se acaba por hallar un valor plástico hecho con muy poca realidad pero muy realista.

Contra lo que esperamos habitualmente de la fotografía: captar el instante, atrapar la esencia, detener el paso del tiempo, parar la muerte, fundar el recuerdo…; estas fotografías se detienen en lo demasiado estático, en lo parado, en lo que va a estar ahí, en lo carente de anécdota para embrujar la mirada en un tiempo en el que las imágenes vuelan y desaparecen a miles ante nuestros ojos sobre las pantallas.
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