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La papeleta española

La papeleta española

OPINIóN IR

07/11/2016 A A
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La papeleta española
Hace más de cuarenta años desde Luxemburgo, en un ‘propeller’ de dos turbinas, llegaba a Tulsa el malagüeño Juan Calderón. «Sin nada; una maleta con ropa y poco más», señala antes de escarbar entre sus recuerdos para decir que «dormía en un albergue y trabajaba. Esa era mi vida. Aprendí inglés, me gradué y comencé a trabajar. Prosperé poco a poco, pero insisto, trabajando». Muy cerca de los ochenta, con cientos de anécdotas en su memoria, se vanagloria ante el sueño americano cumplido: «Ahora tengo dinero, propiedades, pero a base de trabajo. Nunca he dejado de hacerlo». Esa es la conclusión que le lleva a exponer su voto: «votaré a Trump, como va a hacer la mayor parte de los trabajadores. Los demócratas pueden tener más gente detrás, pero necesitamos a Trump». Sus razones son las de muchos otros con un discurso reduccionista hacia la economía: «Como hombre de negocios que soy, quiero a un buen gestor, alguien que sepa desenvolverse en ese campo, que sepa administrar», indica justificando la campaña contra el republicano: «No me creo lo que dicen de él. Todo es política y sus problemas los han creado los demócratas que mueven los medios de comunicación».

Calderón es uno de los españoles que, tras adquirir la ciudadanía, podrá ejercer su derecho en las urnas de Tulsa. Nacho Mínguez también lo hará. Traductor e intérprete en uno de los hospitales más grandes de la ciudad, expone ideas antagónicas a Calderón tras doce años en el país: «Estoy con Hillary, pero eso no quiere decir que sea demócrata. Jeff Bush o McCain, que eran republicanos, han sido grandes políticos» comenta mientras valora lo que ha representado Trump durante la campaña: «Ha sido un poco una payasada. No se entiende ni lo que dice ni lo que quiere contar. Tiene propuestas, pero no dice cuáles. Cada vez que habla siembra incertidumbre». Expone que «ha hecho una campaña sin soluciones. Dice que no le gustan cosas que tenemos, como el ‘Obamacare’, y que lo va a cambiar, pero no dice lo que va a hacer». Su conclusión ante el candidato republicano es evidente: «Para entretener, es un profesional, pero para dirigir un país…». Lo que ambos tienen claro, pese a su diferencia en la intención de voto, es el nivel político de los aspirantes a la sucesión de Obama. «Con otro candidato enfrente, Hillary no tendría nada que hacer, perdería» dice Mínguez porque, coincidiendo con Calderón, «la gente no está entusiasmada. Todo se ha enrarecido y van a votar al que menos les disguste».

Tulsa, de casi cuatrocientos mil habitantes, tiene más población española. Marta Chamorro, profesora universitaria cuyos últimos veinte años han transcurrido entre Carolina del Sur y Oklahoma –en la Universidad de Tulsa enseña español–, muestra una opinión más cercana a los valores para exponer sus ideas: «La gente en este país es muy amable, es muy educada, por eso creo que la gente no se identifica totalmente con Trump. Ha mostrado ciertas actitudes vulgares en algunos temas como con las mujeres, con la inmigración… que no tienen nada que ver con lo que es EEUU». Sin una marca política clara en sus ideas explica que «gobernando ahora los demócratas, no sería malo que hubiera un presidente republicano porque la alternancia entre partidos en el poder es buena, pero no coincido con lo que Trump representa ahora porque sus ideas no son las mías» aunque alega que «en España yo sería republicana por esa mentalidad económica que permite ayudar al empresario, que facilita que un país sea fuerte a nivel económico, pero aquí soy demócrata por lo que defienden los demócratas; la posibilidad de ayudar a quien lo necesita, ya sea en sanidad, en educación… porque la gente no está tan protegida como lo está en España». Lo que sí tiene claro es que el sueño americano no se fracturará tras estas elecciones: «Este país es grande; es el país de las oportunidades, del trabajo, del esfuerzo, y, aunque la gente va a votar, lo hará con responsabilidad, pero sin ilusión», concluye.

Tulsa Ballet es una de las compañías más conocidas del país. La gallega Carla López es una de sus integrantes desde hace cinco años. No podrá votar, pero eso no le ha impedido asomarse a la realidad política que se vive: «Llegué aquí para bailar y he visto mucho alrededor durante este tiempo, pero esperaba algo más, alguna manifestación mayor de ideas, porque de lo poco que se ve, todo es republicano», señala. Pero sí le ha servido para valorar y comparar en relación a España: «Aquí también se miente a esos niveles, pero creo que menos que en España. Aquí no venden utopías como los nuevos partidos en nuestro país» dice antes de referirse a los candidatos: «Veo a Hillary como un PP allí, y a Trump, como la ultraderecha. No eres capaz de ver que ninguno de ellos sea como Obama, cercano a la gente», aunque razona que, de votar, «lo haría a Hillary, aunque me gustaba Sanders, su oponente en las primarias del partido» e incide sobre la candidata demócrata que «no la veo clara, pero es que Trump ha mostrado unas formas que no me gustan nada».

Ángel García, profesor y periodista leonés residente desde hace más de un año en Estados Unidos, vive allí sus primeras elecciones presidenciales.
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