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La obsesiva perfección de Edgar Degas

La obsesiva perfección de Edgar Degas

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Una imagen del documental sobre Degas que este jueves llega a los Cines Van Gogh. Ampliar imagen Una imagen del documental sobre Degas que este jueves llega a los Cines Van Gogh.
Javier Heras | 23/06/2021 A A
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La obsesiva perfección de Edgar Degas
Arte y cine Desde el sorprendente museo Fitzwilliam de Cambridge, las estampas de bailarinas y carreras de caballos llegan los jueves 24 de junio y 1 de julio a los Cines Van Gogh
En Cambridge no solo se encuentra la universidad más prestigiosa del mundo, sino también una pinacoteca improbable: el Fitzwilliam. La localidad, unos 80 kilómetros al norte de Londres, presume del «mejor museo pequeño de Europa», en palabras del director de la  mismísima National Gallery. Fundado en 1816 por el vizconde Fitzwilliam de Merrion, este edificio neoclásico debe su interés a las antigüedades (egipcias, griegas, bizantinas), a los lienzos de Rubens o Renoir y, por encima de todo, a su completísima colección sobre Degas.

El pintor y escultor parisino Hilaire-Germain-Edgar de Gas (1834-1917) prefería autodenominarse «realista», pero se le considera uno de los maestros del Impresionismo. Llevó a sus más altas cotas los principios de la corriente que encabezaron Monet o Pissarro: la captura del instante, la vida cotidiana, la fluidez, el movimiento. Hijo de un banquero que le insistía en estudiar Derecho, era un hombre moderado, tímido y solitario que –a diferencia de sus coetáneos– no sacó el caballete al exterior. Sin embargo, anticipó las vanguardias al sustituir a los viejos héroes (mitológicos, religiosos, históricos) por figuras actuales: jinetes de carreras, trabajadores, lavanderas y, cómo no, esas bailarinas de ballet a las que lo asociaremos para siempre.

Nunca le atrajo el paisaje ni el bodegón, sino las personas: «Es el observador más agudo de la naturaleza humana que ha tenido el arte desde Rembrandt», señala el especialista Robert Flynn Johnson. Fascinado por la anatomía y el desnudo, representó a bañistas sin idealizarlas, mientras se secaban o peinaban, con un ojo muy fino para los detalles mundanos. De ahí la sensación de veracidad y hondura psicológica que transmite. ‘En el café’ (1875), probablemente inacabado, presenta a dos mujeres que conversan en una mesa. Apenas distinguimos quiénes son, pero sí percibimos la tensión del diálogo, su naturalidad. Esa dinámica era lo que le interesaba.

En el centenario de su muerte, el museo Fitzwilliam expuso sus lienzos, dibujos y bronces, a los que sumó más de 50 préstamos de otras colecciones públicas y privadas de Europa y EEUU: pasteles, bocetos, grabados, cartas, óleos… Algunas obras nunca se habían mostrado públicamente, como las que pertenecieron al economista John Maynard Keynes, que las adquirió en París en 1918, durante la I Guerra Mundial. Ese año, poco después de la muerte del artista, salió a la luz una gran sorpresa. En su taller se encontraron hasta 150 estatuillas, elaboradas con los materiales menos ortodoxos. Enemigo del bronce, Degas utilizaba arcilla, alambres, corchos de botellas de vino, plastilina. La mayoría se fundieron en bronce, pero todavía se conservan algunas en cera, que nunca se habían exhibido debido a su fragilidad.

Cines Van Gogh proyectará los jueves 24 de junio y 1 de julio un documental del realizador David Bickerstaff, responsable de ‘Miguel Ángel’, ‘Pintando el jardín moderno’ y ‘Canaletto en Venecia’. En este monográfico se centra en la búsqueda constante de la perfección. A Degas le costaría la salud, tanto física (tuvo problemas de vista) como mental: siempre se avergonzaba de sus fracasos y nunca estaba satisfecho con sus progresos. No solo dibujaba incesantemente y experimentaba con las composiciones y poses, sino que corregía sin parar, añadía, quitaba, se resistía a poner el punto final. A su vez, trataba de aprender de los maestros pasados: El Greco, los renacentistas italianos, los flamencos del XVII, su compatriota Delacroix, su ídolo Ingres… La exposición también prestó atención a la huella que dejaría en sucesores como Picasso (a quien le marcaron sus bañistas y el ambiente denso de los burdeles), Bacon, Sickert, Freud y Auerbach.
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