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La nación cainita

La nación cainita

OPINIóN IR

16/07/2019 A A
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La nación cainita
Encontrar un país con las características de España es a todas luces una tarea difícil porque sus características especiales le catapultan al olimpo de la originalidad en todo.

Es una nación que tiene de todo lo que puedas desear, más o menos. Dispone de un territorio rico en bienes y personas a pesar de aquellos que les interesa que no se crea en esto y se encargan de extender la especie de que somos una nación pobre, sin recursos y con un fracaso histórico de proporciones inauditas.

Nuestro pueblo no es indolente pero sí muy ingenuo y con poca disposición a desentrañar las verdaderas causas de por qué esta nación, que lo ha poseído todo, ha sido vejada y maltratada por sus vecinos y lo que es más nefasto todavía por una jauría de indolentes españoles que han trabajado una leyenda de desprestigio dentro del mismo territorio.

El pueblo verdadero trabaja, sufre las condiciones lamentables del paro, disfruta con los acontecimientos, ríe, baila, llora, celebra las fiestas con un hondo sentido de la responsabilidad y la tradición, se solidariza con el sufrimiento ajeno y es objeto de un engaño reiterado por los que le prometen constantemente que los puntos del programa político que tanto airean en las televisiones se van a cumplir comprobando de inmediato que es un fiasco.

A pesar del humo vendido, el pueblo es confiado y sigue ingenuo, enfrascado en sacar adelante la prole, que cada es menos numerosa, recoge las migajas que le van soltando entre mentira y mentira, y no se detiene a pensar que debe hacer un ejercicio de reflexión por su cuenta y ponerse al día de los múltiples hurtos que le han hecho a su patrimonio cultural, especialmente las mentiras que le cuentan los demagogos de turno, y a su pecunio personal con impuestos desorbitados e injustos.

Debería extenderse una costumbre bien antigua pero eficaz y llena de sentido como era reunirse al amor de la lumbre del hogar toda la familia y realizar una verdadera tertulia donde se contara la realidad de la sociedad en la que se vive, las necesidades sin cuento que el ser humano debe solventar, la verdadera historia y los mínimos conocimientos que debería tener un ciudadano normal, con el único fin de que no se hiciera caso de los cantos de sirena que todos los días casi le dejan sordo desde las telebasuras, que eso sí que es una nefasta contaminación plástica del corazón y del alma humana.

Si todo lo que apuntamos se contemplara en una gran magosto nacional, al amor de una buena televisión informativa y cultural que hoy no existe, además de una escuela y universidad que marcara los derroteros del futuro, seguro que muchas de las falacias y desatinos que tenemos que oír de nuestros políticos e informadores que creen ellos que marcan tendencia, se transformaría en un universal sonrojo de los manipuladores de siempre a los que le interesa que España permanezca entre dos aguas, invisible y sin latido, o se hunda definitivamente.

Veríamos entonces cómo reaccionarían las ‘camarillas’, los ‘gobiernos en la sombra’, ‘los bildergberdenses’ y otro grupos maquiavélicos que todos sabemos de su existencia y que siempre maniobran impunemente con el timón fijo y con la dirección que a ellos les interesa.

El pasado está ahí , no se debe ni está permitido tergiversarlo y menos cambiarlo. Estos grupos son amantes de la confusión, del lío y de la revancha, de esa forma pueden manejar sus intereses de forma que siempre ganen los mismos que permanecen en la sombra. Nunca un país ha salido adelante sin graves problemas si considera que lo blanco es negro, el defecto se transforma en virtud, el campeón en perdedor, el asesino en inocente y el ignorante en sabio.

Las nuevas generaciones deben analizar los acontecimientos pasados con objetividad y conocer todo lo que ha sucedido a pesar de sus ideas. Los defectos en la información y la manipulación de los hechos ponen en grave riesgo la formación de las generaciones futuras y su capacidad para discernir, opinar y actuar.

La verdad, sea cual sea, debe abrirse paso por encima de los ‘sacerdotes de la mentira’, ‘los chamanes de la manipulación’ y ‘los cocineros de las redes sociales y las encuestas’.

Los españoles deberían preguntarse porqué tanta monserga progresista, conservadora, extremista, fascista, comunista, revolucionaria, terrorista. Por qué siempre se cargan los adjetivos hacia las creencias religiosas, contra la monarquía, los ingleses, los franceses, los norteamericanos, o bien se supeditan los ‘medios’ a otras culturas, se rechazan idiomas o se manifiestan ideas dispares contra judíos, moros, colectivos, reyes, políticos y un largo etc. que se solventa todo ejercer la información crítica y el debate honesto.
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