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La Malcasada

La Malcasada

OPINIóN IR

23/01/2022 A A
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La Malcasada
Hablará la historia de una provincia de las más bellas y ricas de España, tan heterogénea que se iba de lo más humilde al abolengo, en pocas zancadas. Hablará de pueblos de lana, lobos y rebaños, de ríos y hayedos centenarios. De cuencas mineras, casitas encaramadas en los montes, nieve y lumbres. De huertas y campo, hombres y mujeres recios, niños pastores y niñas ejerciendo de madres en la era. Un lugar donde la montaña, con el trabajo en las manos, da la mano al valle, la meseta y la ribera. La tierra convive con la piedra, la teja con la pizarra y las pallozas con casonas señoriales y sus escudos de armas. Dirá la historia que León fue Reino y por ello, ocupa puesto en el escudo de España.

Se contará que aquella tierra bella y próspera que no necesitaba esposo porque tenía de cuna riqueza, alcurnia, historia y cultura propia, hasta que fue casada a la fuerza, desoyendo el grito de sus gentes, negándose al enlace impuesto. Dicen que, a falta de alianza de compromiso, la uncieron con una Y (de Yugo) a unas tierras con las que sólo compartía límites geográficos. Tierra vendida por la codicia personal de un hombre que traicionó a su tierra, llamando «cuestión de estado» a su medra personal como político. Desde entonces, esa región sometida a unos tutores, autoproclamados gestores de su dote, empezó a demacrarse. Un declive preocupante que acabó en decadencia incuestionable.

Ocurre, como siempre en estos casos, que las quejas de la maltratada la convierten en ‘quejica’ y sus lamentos aburren, cuando no son motivo de mofa, aunque las muestras de maltrato sean evidentes. Bastan unos datos –pocos, para no aburrir– que demuestran la paradoja de que una misma provincia ocupe los primeros puestos del ranquin, en lo bueno y en lo malo. León, la gallina de los huevos de oro, además de ser la provincia de Europa con más espacios protegidos y siete reservas naturales declaradas por la Unesco, que demuestran su belleza, ha aportado el 94 % de la electricidad, el 85 % del agua embalsada y el 83 % de la riqueza mineral de la Comunidad Autónoma a la que fue adosada, demostrando su riqueza. Todo entregado a cambio de nada, sin compensación económica alguna, mientras otras concubinas del falso enlace, favoritas del que manda, prosperan sin aportación alguna al matrimonio.

Ahora que una señora muy madrileña dice que «España mira a Castilla y León como nunca», esperemos que miren de verdad, analicen y pregunten a los responsable de esta Cosa cómo la Región Leonesa, con estos datos de aportación de riqueza, lidera las listas más vergonzosas económicas, sociales y demográficas, la mayor tasa de envejecimiento y el mayor desplome demográfico de toda Europa occidental, como acaba de anunciar, un año más, el Instituto Nacional de Estadística (INE), en la actualización definitiva del Padrón Continuo, situándonos ya en el siglo XIX en número de habitantes. Sin cruzar fronteras, también se erige como la Región con peor evolución socioeconómica de España en las últimas décadas en renta per cápita… Y cerrando más el circulo, llegamos al punto exacto que nos ocupa, ese CYL donde la brecha salarial entre provincias de una misma comunidad se ha duplicado. Innecesario decir a favor de quién y en perjuicio de quienes.

Entre aquel Reino de León y estas ruinas, los de siempre. Los comprados. Los vendidos.

Una retahíla de despropósitos, caciquismo y servilismo, corrupción y mentiras. Una historia de abusos, centralización de servicios y desmantelamiento industrial de unas provincias, en favor de otras. Hemos asistido al maltrato de León con el expolio permanente de sus recursos, agua, minería, montes… al destrozo de comarcas, abandonadas a su suerte una vez explotadas, mientras otros se llevaban las ganancias. Y como a toda maltratada, hay que acallarla, y se hizo convirtiendo lo que fue un eje neurálgico en una provincia periférica, ya casi aislada, con los continuos recortes de medios de transporte.

Estos días, que andan por aquí los mandos, uno tiene que agarrarse los machos para no estallar de rabia oyendo al Señor Mañueco que «los miembros de una misma comunidad deben avanzar en la misma dirección y al mismo ritmo» y cuestiona si los tan esperados fondos europeos serán repartidos con equidad por el Gobierno. Lo dice quien dirige la Comunidad con más desequilibrio y desigualdad entre sus provincias, generado durante cuarenta años, empobreciendo a unas en beneficio de otras. Es de lógica que cuando entra el hambre en casa, adelgacen todos. Resulta tan sospechoso que unos engorden mientras otros desfallecen, como que el Estado no actúe para impedir estos casos.

Mientras ahí fuera suenan las arengas de los que quieren renovar los votos matrimoniales con nuestro voto, por si España, además de mirar, escucha, prefiero hablar de voluntades compradas y vendidas, caciquismo y mentiras de los que se adueñaron de una tierra con riqueza, historia y abolengo y la han llevado al límite de su supervivencia.

Hablemos de León, la malcasada. Y votemos.
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